Durante un viaje a China hace varios años, Bob Moody, ahora en sus cuarenta, cayó y se lesionó el cuello. Esto le provocó debilidad en las extremidades y problemas de equilibrio. Para mantener la estabilidad, se apoyaba en muletas. Como parte de su fisioterapia, utilizaba una caminadora acuática durante 20 minutos, dos veces por semana. En un lapso de seis meses, había progresado a 60 minutos en la caminadora y recuperado bastante independencia. Un día, olvidó tomar las muletas después de una sesión de fisioterapia y fue cuando se dio cuenta de que realmente había mejorado.
La experiencia positiva de Moody con la caminadora acuática está respaldada por evidencia científica. En un estudio publicado en 2015 en el Journal of Spinal Cord Medicine, Sandra L. Stevens, PhD, profesora asistente de Middle Tennessee State University en Murfreesboro, y sus colaboradores, encontraron que ocho semanas de entrenamiento en la caminadora acuática mejoran el equilibrio y la marcha en adultos con lesión de médula espinal.
Barbara Giesser, MD, FAAN, profesora de Neurología en la Escuela de Medicina David Geffen de UCLA, recomienda ejercicio acuático y terrestre para sus pacientes con esclerosis múltiple (EM). “Cada uno posee beneficios diferentes”, comenta. “En el agua no se lucha contra la gravedad por lo que moverse resulta más fácil y si es agua fría, el cuerpo no se sobrecalienta. En tierra, en cambio, se obtienen beneficios cargando peso que no se obtienen en el agua”.
Aquí hay otras cinco razones para entrar al agua.
- EL AGUA BRINDA SOPORTE. Flotar en el agua brinda el soporte necesario para que personas con debilidad muscular y deficiencias en el equilibrio se mantengan de pie sin miedo a caer, comenta la Dra. Stevens. Si las personas pierden el equilibrio, el agua desacelera sus movimientos y les da más tiempo para corregir.
La resistencia del agua es ideal para fortalecer músculos débiles. Incluso, el movimiento del agua fortalece músculos que tienen actividad mínima, agrega la Dra. Stevens. - CAMINAR EN EL AGUA ES MÁS FÁCIL. Las personas con problemas para caminar en tierra, como aquellos que han sufrido un ataque cerebral, pueden practicar caminando en el agua, comenta la Dra. Stevens. “Comenzar con pasos en el agua puede después convertirse en pasos en tierra”.
- LA TEMPERATURA DEL AGUA PUEDE MEJORAR LA RECUPERACIÓN. El ejercicio acuático también es recomendable para personas con EM y enfermedad de Parkinson, quienes pueden ser sensibles al calor, comenta Yasser Salem, PhD, MS, PT, profesor de fisioterapia en University of North Texas Health Science Center en Fort Worth.
El Dr. Salem llevó a cabo una revisión de publicaciones sobre ejercicios acuáticos en individuos con padecimientos neurológicos y en 2018 presentó sus hallazgos en la Conferencia Internacional de Terapia Acuática Basada en Evidencia, en Las Vegas. Su revisión, aceptada para publicarse en el Journal of Aquatic Physical Therapy, reveló que los médicos recomiendan terapia acuática como un valioso complemento al tratamiento tradicional.
Una temperatura mayor o menor del agua brinda mayor estimulación sensitiva que el ejercicio en tierra y favorece la recuperación. “Es frecuente que las personas con padecimientos neurológicos experimenten disminución de la percepción sensorial en las extremidades afectadas”, comenta la Dra. Stevens. “El ejercicio en el agua estimula receptores sensitivos y mejora las conexiones neurales hacia y desde el cerebro”. - LA PRESIÓN DEL AGUA MEJORA EL ESTANCAMIENTO SANGUÍNEO. Después de un ataque cerebral o una lesión de médula espinal, la sangre tiende a acumularse en las extremidades afectadas, lo cual disminuye la cantidad de sangre que regresa al corazón, comenta la Dra. Stevens. Esta disminución en el flujo sanguíneo puede ocasionar presión sanguínea baja y esta, a su vez, debilidad y desfallecimiento.
La fuerza aplicada al cuerpo a través de la presión hidrostática del agua es similar a la de las medias de compresión y esto aumenta la cantidad de sangre que regresa al corazón, mejora la presión sanguínea y aumenta la tolerancia al ejercicio, explica la Dra. Stevens. - DIVERTIDO. ¿Se resiste a hacer ejercicio? Considere esto: según la Dra. Giesser, “salpicar agua en una piscina es muy divertido, quizás las personas ven esto más como un entretenimiento que como ejercicio”.
Encuentre una piscina cerca de usted
En Estados Unidos, numerosas asociaciones YMCA y YWCA ofrecen clases de ejercicios acuáticos, y algunas incluso cuentan con caminadoras acuáticas. Para localizar la más cercana, visite YMCA.org. Para clases de acuaterapia para EM, contacte su representación local de la MS Society. También puede verificar con sus clubes de salud locales, centros recreativos comunitarios o centros para la tercera edad; la mayoría cuenta con piscinas y podrían ofrecer clases especializadas.
Ejercicio acuático: cinco consejos para dar el siguiente paso
- VERIFIQUE CON SU MÉDICO. Como los expertos aconsejan, antes de iniciar un programa de ejercicio, discútalo con su médico; él podrá recomendar un instructor o fisioterapéuta con experiencia en su padecimiento.
- APRENDA CÓMO ENTRAR Y SALIR DEL AGUA CON SEGURIDAD. En acuaterapia, la entrada y salida de la piscina conlleva el mayor riesgo; en especial si no se tiene buen equilibrio, comenta Yasser Salem, PhD, MS, PT, profesor de fisioterapia en University of North Texas Health Science Center en Fort Worth. Busque superficies antideslizantes, utilice pasamanos y revise los tapones de goma de bastones y andaderas ya que podrían perder agarre en superficies mojadas. Si tiene inestabilidad o pierde el equilibrio, asegúrese de tener a alguien con usted. Algunas piscinas ofrecen elevadores para entrar y salir con seguridad.
- USE AUXILIARES DE APOYO. Coloque un flotador alrededor de su pecho y pesos pequeños en tobillos para permanecer erecto, indica Sandra L. Stevens, PhD, profesora asistente de Middle Tennessee State University en Murfreesboro. Apóyese con su andadera dentro del agua o sujétese a los hombros de alguien más y, si es necesario, pida que alguien detrás de usted le ayude a mover las extremidades.
- BUSQUE UNA PISCINA CON LA TEMPERATURA ADECUADA A SU PADECIMIENTO. La temperatura de las piscinas para ejercicio acuático puede ajustarse a su padecimiento. La Dra. Stevens recomienda una temperatura lo más caliente posible -96°F (35.6°C)- para disminuir la espasticidad en personas con lesión cerebral traumática, parálisis cerebral o ataque cerebral y para disminuir el dolor asociado que frecuentemente se relaciona a padecimientos neurológicos. Para personas con sensibilidad al calor, la temperatura no debe ser mayor a 85°F (29.4°C), explica Barbara Giesser, MD, FAAN, profesora de neurología en la Escuela de Medicina David Geffen de UCLA.
- PROTEJA SUS PIES. Para proteger su piel y pies de la fricción por arrastre, use zapatos para el agua, zapatos deportivos viejos o un par de calcetines, comenta la Dra. Stevens.