Te diagnosticaron hidrocefalia a los dos años y te implantaron una derivación ventriculoperitoneal durante el bachillerato. ¿La pandemia ha empeorado tu vida?
Mi madre, mi tía y mi abuela tuvieron COVID-19. El caso de mi madre fue leve, pero el de mi tía fue grave y mi abuela de 91 años murió en el hospital. Durante la pandemia mis dolores de cabeza se han hecho más intensos y frecuentes.
¿Cuál es el tratamiento para tu hidrocefalia?
Antes de la derivación, tomaba medicamentos y me hacían una punción lumbar si la presión intracraneal era muy alta. He tenido problemas con la derivación, pero ahora mi presión intracraneal es baja. En mayo, mi neurólogo recomendó inyecciones de toxina botulínica y han sido de gran ayuda. Ahora puedo tomar medicamentos de venta sin receta.
Eras muy cercana a tu abuela. ¿Cómo era ella?
Fue como mi segunda madre. Me ayudó a dar mi primer paso. Ella hacía que todos se sintieran bienvenidos en su casa, incluso los extraños recibían un dulce o algo de beber. Nació en República Dominicana y antes de morir, vivió con mi tía en un departamento cerca de mí y mi madre.
¿Qué hacías con tu abuela?
Nos gustaba ver un programa en español sobre un abuelo y su nieta que tenían y atendían una cafetería, nosotras imaginábamos que teníamos una tienda juntas. Aunque en realidad ella no cocinaba, solía cocinarme huevos y plátanos. Jugábamos cartas y dominó. Loly, su cachorrita Yorkie, nos acompañaba. Era muy cariñosa con Loly, siempre dejaba que la besara y lamiera su cara.
¿De qué otro modo te apoyó tu abuela?
Fui atleta en el bachillerato y cuando regresaba de un evento le mostraba mis medallas y le contaba cómo me había ido. Siempre estuvo interesada. También tuve una amiga que no tenía hogar y le contaba sobre ella, incluso fue conmigo a visitarla dos veces.
¿Cómo ha sido tu duelo durante la pandemia?
Ha sido muy duro. Tuvimos una misa privada, todos mantuvimos el distanciamiento social y usamos mascarillas. No nos reunimos después porque mi madre y mi tía aún tenían COVID-19. Tuve unas sesiones telefónicas de terapia y he apoyado emocionalmente a mi madre. Al principio, el trabajo me distrajo del duelo, pero mi madre me necesitaba y tuve que renunciar. Cuando mi madre llora, le pido que no lo haga, pero entonces veo que el llanto le da consuelo. Otras veces, le sugiero que veamos la TV o juguemos dominó.
¿En qué te pareces a tu abuela?
Creo que heredé su compasión y su habilidad para hacer que otras personas se sientan mejor o levantarles el ánimo. Esos rasgos me han ayudado en mi trabajo como representante de acceso de pacientes. En ocasiones, los pacientes se abren conmigo y me cuentan sobre sus cirugías. Escucho por lo que atraviesan y en ocasiones sus historias son 10 veces peores que las mías, eso me ha ayudado a darle perspectiva a mi duelo y problemas de salud.