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Lindsay Gutierrez on the peak of Mount Kilimanjaro
Cortesía de Lindsay Gutierrez

Lindsay Gutierrez, 42 años, comparte cómo pasó de sufrir una lesión cerebral traumática a escalar la cuarta cumbre más alta del mundo.

Después de terminar la universidad en 2006, vivía bien, pero me apasionaba una carrera que me permitiera explorar el mundo. Mi abuelo sugirió unirme a Air Force, por lo que hablé con un reclutador quien sugirió las fuerzas de seguridad que protegen a las bases. Meses después llamaron para avisarme que había una vacante. Empaqué y volé a San Antonio para comenzar el entrenamiento básico.

Durante mi paso por Air Force, estuve en tres países diferentes. Mi segundo emplazamiento fue en Yibuti, en el cuerno de África. Un día, mi sargento y yo realizábamos ejercicios con otros soldados. Cerca de las 4:15 a.m. regresábamos al campamento cuando el SUV en el que viajábamos derrapó en la grava, salió de un puente y volcó varias veces cuesta abajo. Aunque quedó en sus cuatro llantas, nosotros y el equipo rebotamos por todos lados. Pese a que llevaba cinturón de seguridad, no llevaba equipo de protección ni casco y sufrí un latigazo cervical fuerte.

Al sargento y a mí nos revisaron en la clínica de la base. No tuvimos fracturas ni heridas evidentes, pero al otro día desperté con un dolor de cabeza insoportable. No podía trabajar y supuse que era una conmoción cerebral que se iría con el tiempo, pero todo empeoró. Además del dolor de cabeza, empecé a padecer depresión y a olvidar cosas.

Cinco meses después, en mi puesto de servicio en Lakenheath, Inglaterra, sufrí una conmoción cerebral cuando un bastón me golpeó accidentalmente en un entrenamiento. Una tomografía cerebral en el servicio de atención médica no mostró anomalías.

En 2016, después de mi baja con honores de Air Force, presenté una solicitud de discapacidad ante Department of Veterans Affairs (VA) y acudí con un neurólogo en el hospital de VA en Gainesville, FL. Con una resonancia magnética y un examen completo me diagnosticaron lesión cerebral traumática. Para el dolor de cabeza, el neurólogo recomendó un dispositivo portátil llamado Cefaly que utiliza un electrodo para transmitir pulsos eléctricos suaves al nervio trigémino. Con el tiempo, el dispositivo ha aliviado el dolor y ayudado a llevar una vida normal. También descubrí que las actividades al aire libre, como el senderismo, me ayudan a sentirme más despierta y menos deprimida.

Los fines de semana, mi esposo, Anthony, y yo recorríamos senderos locales. Luego empezamos con recorridos más largos. En 2022 recorrí parte del sendero de los Apalaches en Carolina del Norte con un grupo de veteranos. A medida que el dolor de cabeza se hizo más manejable, sentí que podía con senderos más desafiantes. A través de un grupo de aventura, Anthony y yo supimos de un viaje al monte Kilimanjaro en Tanzania.

Escalar una montaña tan alta (19 340 pies) parecía imposible, pero Anthony me animó a que me preparara. Hice recorridos cada vez más largos cargando más de 30 libras de peso en la espalda, que es lo que cargaría al subir al monte Kilimanjaro. Los médicos aprobaron mi viaje, pero insistieron en que trabajara de cerca con los guías médicos durante el trayecto para revisar mis signos vitales dos veces al día.

El 12 de marzo de 2023, nuestro grupo alcanzó la cumbre. Me preocupaba la posibilidad de sufrir dolores de cabeza con los cambios de altitud, pero hidratarme, comer bien, escuchar música y platicar con mis compañeros alpinistas, además de seguir el consejo de los guías médicos, me permitieron llegar a la cima con buena salud. No sé cuál será mi siguiente aventura, pero sé que puedo escalar cualquier montaña y superar cualquier obstáculo. —Como lo relató a Paul Wynn