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Bienestar
By Natalie Pompilio

Protegiendo la salud cerebral durante y después del embarazo

El embarazo puede ser un momento alegre, pero también puede tener un impacto duradero en la salud cerebral.

Colorful illustration of pregnant women kneeling on the ground and holding her stomach gently
Ilustración de Loris Lora

Dos semanas después de dar a luz, Timeia Thompson sufrió un fuerte dolor punzante en la cabeza y no podía voltear el cuello. Los médicos pensaron que la mujer de 34 años tenía sólo una esguince muscular por cuidar a su bebé y la enviaron a casa con compresas térmicas.

“Les repetía que algo no estaba bien, pero no me hicieron caso”, dice Thompson, madre de cinco hijos y residente en Pittsburgh. “Acumulé tantas compresas térmicas en casa que me van a durar todo un año”.

Debido a hipertensión posparto, Thompson recibió medicamentos y la inscribieron en el programa de hipertensión del hospital, pero la presión alta y sus síntomas persistieron.

Investigando en línea por su cuenta, Thompson encontró un caso similar de una mujer con diagnóstico de disección de arteria vertebral, una complicación poco frecuente, pero grave, durante el embarazo y posparto con consecuencias fatales. Fue a urgencias y pidió una resonancia magnética cerebral. Los médicos accedieron a hacerle la prueba, pero mientras esperaba el resultado, una enfermera le dijo: “No sé qué crees que vamos a encontrar que no hayamos visto antes”.

Resultó que la sospecha de Thompson era correcta: tenía disecciones bilaterales de la arteria vertebral y pudo haber sufrido un infarto cerebral muy grave en cualquier momento.

Desgraciadamente, Thompson no es un caso único. La Dra. Eliza Miller, FAAN, jefa de neurología femenina en UPMC y en University of Pittsburgh School of Medicine, afirma que ya tiene experiencia con este trastorno y sus síntomas desconocidos que se descartaron en un principio.

“Buscamos un cambio a través de la educación de los médicos y pacientes sobre los síntomas que no deben ignorar”, dice la Dra. Miller. “Podemos educar a las pacientes para que sepan que si tienen hipertensión y dolor de cabeza intenso en el posparto, deben acudir al hospital inmediatamente”.

Efectos en el cerebro

“En realidad, sabemos muy poco sobre el efecto del embarazo en el cerebro de las mujeres porque ha sido un área de investigación increíblemente descuidada durante mucho tiempo”, afirma la Dra. Miller. “Me gusta bromear con mis alumnos diciendo que, fuera del campo de la neurología, todo el mundo le tiene pánico al cerebro, pero fuera de la obstetricia, todo el mundo le tiene pánico al embarazo”.

La presión que ejerce el embarazo en el cuerpo es bien conocida (malestar, aumento de peso, hinchazón incómoda), pero su impacto en el cerebro, durante la gestación e incluso meses o años después, se conoce aún menos.

Aunque sufrir un infarto cerebral asociado al embarazo es poco común, el riesgo de este evento en una mujer embarazada es tres veces mayor. Esto se debe, en parte, a que durante el embarazo la sangre se coagula más, una adaptación normal durante el embarazo diseñada para prevenir hemorragias durante el parto.

La preeclampsia (hipertensión no controlada durante el embarazo) suele ocurrir después de las 20 semanas de gestación, pero también después del parto. La hipertensión gestacional, la preeclampsia y la eclampsia (preeclampsia con convulsiones) elevan el riesgo de trastornos neurológicos e infartos cerebrales en el futuro. “Pero el riesgo no desaparece al nacer el bebé”, advierte la Dra. Miller. Incluso los casos leves de hipertensión gestacional o preeclampsia tienen un riesgo mayor de infarto cerebral más adelante en la vida, según Preeclampsia Foundation.

“’Más adelante en la vida’ no significa a los 80 años, sino los 45 o 50”, afirma la Dra. Miller, quien explica su larga experiencia con mujeres de mediana edad que sufrieron infartos cerebrales después de tener hipertensión arterial durante el embarazo.

Tomar ácido fólico, una forma sintética de folato (la vitamina B presente en verduras de hoja verde y otros alimentos) antes y durante el embarazo ayuda a prevenir defectos de tubo neural en el bebé, como espina bífida, pero también puede beneficiar a la madre. Su deficiencia se relaciona con un riesgo mayor de demencia y deterioro cerebral. Los suplementos pueden mejorar la función mental, reducir los síntomas de depresión cuando se combinan con antidepresivos y, posiblemente, reducir el riesgo de infarto cerebral en un 10 % según destaca un informe de UCLA Health.

Cada vez más investigadores estudian el cerebro antes, durante y después del embarazo, ante la urgente necesidad de entender mejor estas etapas. Hace seis años, la neurocientífica Elizabeth R. Chrastil, de University of California, Irvine, entonces de 38 años, se ofreció como voluntaria. Se sometió a 26 resonancias magnéticas y a análisis de sangre tres semanas antes de concebir y hasta dos años después del parto. Con esos datos, ella y su equipo lanzaron Maternal Brain Project, una iniciativa internacional para mapear el cerebro durante el embarazo en distintas poblaciones.

Uno de los primeros estudios de Maternal Brain Project se publicó en Nature Neuroscience en 2024 y reveló que son muy pocas las áreas del cerebro que permanecen intactas durante la transición del embarazo. Los resultados también revelaron que los “cambios altamente dinámicos” que suceden durante el embarazo son detectables aun décadas después del embarazo.

Afecciones existentes

Para las mujeres con migraña u otras afecciones neurológicas, planificar con antelación y participar activamente en la atención de su salud durante la edad fértil puede mejorar sus resultados y los de sus hijos.

“La mejor forma de reducir los riesgos es controlar las enfermedades neurológicas antes del embarazo y planificar con el neurólogo qué medicamentos y tratamientos seguir y cómo manejar el periodo posparto”, señala la Dra. Mary A. O’Neal, MD, FAAN. “Anticiparse a las complicaciones más comunes y planear bien cómo enfrentarlas es 100% clave”.

Kimford J. Meador, profesor de neurología y neurociencias en University of Stanford y director clínico de Stanford Comprehensive Epilepsy Center, aborda el tema con todas sus pacientes en edad fértil. Cuando aborda el tema con pacientes adolescentes y sus padres, lo expresa de esta manera: “‘Nadie quiere que te embaraces pronto, pero es posible que en el futuro quieras casarte y tener hijos, por lo que debemos tomar decisiones ahora para que estés en el mejor estado en el futuro’. Nunca he recibido objeciones”.

La Dra. Miller pregunta a sus pacientes en edad reproductiva qué métodos anticonceptivos utilizan: “Si me responden que ninguno, les digo: “Ah, ¿entonces planeas embarazarte?”. Porque si es así debemos tener esta conversación”.

Hace menos de un siglo, no se aconsejaba tener hijos a las pacientes con epilepsia, pero ahora los médicos saben que más del 90% de las mujeres con epilepsia pueden tener embarazos normales e hijos sanos, afirma el Dr. Meador. Si se mantienen las concentraciones sanguíneas de los medicamentos anticonvulsivos como antes del embarazo, el riesgo de convulsiones es similar al de mujeres con epilepsia que no están embarazadas. Además, si el tratamiento ha sido efectivo durante los nueve meses previos a la concepción, es muy probable que la paciente no presente convulsiones durante la gestación.

“El momento más seguro para hacer cambios es antes del embarazo”, afirma el Dr. Meador. “Es como ese viejo dicho de que no hay que cambiar de caballo a mitad del río porque no te quieres caer al agua”.

Al evaluar los medicamentos a utilizar, los médicos también deben considerar el motivo de su uso, explica la Dra. O’Neal. Por ejemplo, el valproato tiene un riesgo elevado de producir malformaciones congénitas. Si se usa para migraña, existen varias alternativas; pero si se utiliza para controlar convulsiones tónico-clónicas generalizadas, el panorama es muy diferente.

“Cada caso es distinto”, señala la Dra. O’Neal. “No se trata simplemente de suspender todos los medicamentos. Eso no lo hacemos. La decisión depende del propósito del medicamento, los riesgos que implica, la enfermedad que se está tratando y si ya se han probado otras opciones”.

El embarazo acelera el metabolismo, lo cual afecta la velocidad con la que el cuerpo elimina los medicamentos del cuerpo, explica el Dr. Meador. Por eso, los médicos deben hacer análisis de sangre mensuales a mujeres embarazadas con epilepsia para ajustar las dosis de los anticonvulsivos. Algunos medicamentos, como la lamotrigina y el levetiracetam, tienden a disminuir en sangre durante el embarazo, mientras que otros, como la carbamazepina, se mantienen más estables.

El valproato, un anticonvulsivo muy utilizado en la década de 1990, puede causar malformaciones congénitas y problemas cognitivos en los bebés, incluidos los trastornos del espectro autista, cuando se toma durante el embarazo. Aunque hoy se usa menos, las mujeres que lo toman deben estar informadas de estos riesgos en los bebés, advierte el Dr. Meador.

Sin embargo, no todas las mujeres con afecciones neurológicas tienen complicaciones durante el embarazo; de hecho, algunas mejoran. Por ejemplo, las pacientes con esclerosis múltiple (MS) pueden tener menos recaídas, especialmente durante el tercer trimestre, según un estudio publicado en Neurology en 2024. No obstante, la enfermedad se suele reactivar durante los primeros tres meses después del parto. Este rebote puede depender de varios factores: la actividad de la MS antes del embarazo, el uso de terapias modificadoras de la enfermedad antes y después del parto, y si la mujer está dando lactancia materna, según el estudio.

Los ataques de migraña afectan a una de cada siete personas en todo el mundo y a casi una de cada cinco mujeres en edad reproductiva, pero entre el 60 y el 70% de las mujeres afirman que sus ataques de migraña se resuelven durante el embarazo, especialmente durante el segundo y tercer trimestres, según un estudio publicado en la revista Life en 2024. Aun así, tener antecedentes de ataques de migraña puede ser problemático: un estudio publicado en Neurology en 2023 reveló que las mujeres que habían sufrido ataques de migraña antes del embarazo tenían mayor riesgo de desarrollar hipertensión gestacional y preeclampsia, y de tener parto prematuro que las mujeres sin migraña. Otro estudio, publicado en JAMA Neurology en 2020, descubrió que la migraña se relacionaba con un riesgo mayor de infarto cerebral durante el embarazo y el posparto.

Algunas mujeres con afecciones neurológicas experimentan aspectos positivos y negativos durante el embarazo. La Dra. O’Neal destaca los ataques de migraña como ejemplo. Los ataques de migraña son tres veces más frecuentes en las mujeres que en los hombres debido a las fluctuaciones hormonales y el embarazo es un periodo de cambios hormonales importantes. Las mujeres que sufren ataques de migraña, especialmente aquellas que los padecen sin experimentar aura, pueden tener ataques más intensos durante el primer trimestre debido a los cambios en las concentraciones de estrógeno en la sangre. En la mayoría de los casos, el problema disminuye durante el segundo y tercer trimestres, pero a menudo se intensifica de nuevo después del parto. La falta de sueño y el estrés también pueden aumentar los ataques de migraña.

Para algunas pacientes que dejan de tomar sus medicamentos para la migraña por motivos de seguridad, los ataques de migraña pueden ser devastadores, afirma la Dra. Teshamae Monteith, FAHS, FAAN, profesora de neurología clínica y jefa de la división de cefaleas de Miller School of Medicine de University of Miami. Los neurólogos pueden ayudar a las pacientes embarazadas a ajustar su tratamiento si los ataques de migraña se vuelven problemáticos. Las opciones de tratamiento incluyen intervenciones conductuales, dispositivos de neuromodulación, acupuntura e incluso algunos tratamientos preventivos orales, como betabloqueadores y triptanos.

La Dra. Miller aconseja a sus pacientes discutir con su equipo médico antes de realizar cualquier cambio en su tratamiento y añade que la colaboración entre la paciente, su ginecoobstetra y su neurólogo es la mejor manera de evitar cualquier complicación.

“Lo que no queremos es que dejen de tomar súbitamente, por ejemplo, sus antidepresivos y que luego sufran depresión grave”, afirma. “Eso no es bueno para la paciente, ni tampoco para su bebé. Muchos de estos medicamentos son realmente seguros durante el embarazo”.

¿Qué es el “cerebro del embarazo”?

Un fenómeno común que experimentan las mujeres durante el embarazo se conoce como “cerebro del embarazo” y generalmente se refiere a problemas de concentración o memoria. Esta situación parece ser más compleja de lo que se pensaba inicialmente. Aunque las resonancias magnéticas de las mujeres con “cerebro del embarazo” no revelan anomalías estructurales, según la Dra. O’Neal, se trata de una experiencia real probablemente causada por cambios hormonales, estrés, falta de sueño, depresión o ansiedad, más que por cambios estructurales visibles en el cerebro. La Dra. Miller afirma que el sueño también puede desempeñar un papel especialmente importante en este fenómeno.

“Cualquiera que hayamos pasado por un periodo de nuestras vidas en el que no dormimos bien, sabemos que eso realmente descoloca... y que puede contribuir a la sensación de que caminas a través de la neblina, de que no puedes recordar nada y no puedes concentrarte”, afirma la Dra. Miller. “Mi consejo para las pacientes que acuden a consulta dicen: “Mi cerebro creo que ya no funciona. Creo que tengo demencia”, suele ser: “Todo va a estar bien. Esto no es un síntoma de demencia, es tan sólo un estado transitorio”.