Al principio, la pérdida de memoria fue sutil y gradual, y podía descartarse razonablemente como parte del envejecimiento, o como “Tony siendo Tony”, explica Susan Benedetto, esposa del legendario cantante Tony Bennett.
“Cuando le pedía que decidiera algo, me decía: ‘Tú decide’. Pero así es Tony. Creía que, al ser una estrella, todos hacen cosas por él; así ha sido siempre”, recuerda. Un fin de semana sin su esposo, Benedetto llamó a Bennett para recordarle que tomara su medicina. “Me dijo: ‘No sé de qué estás hablando’. Le pedí que buscara en el baño el pastillero que decía ‘lunes, martes, miércoles…’, pero me dijo que no estaba ahí; llamé media hora después y le dije: ‘Tone, necesito que tomes tu medicina’, me contestó: ‘Oh, ya me la tomé’. Pensé que estaba envejeciendo, que no prestaba atención y que yo hacía más por él de lo que debería”.
Parece que el tiempo no pasa por Bennett, quien cumplió 95 años en agosto. Nacido en Queens, NY, como Anthony Dominick Benedetto, su carrera comenzó al regresar de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Su fama como cantante melódico vino con éxitos como “Because of You”, pero después de grabar “Stranger in Paradise”, del musical de Broadway Kismet, se convirtió en una celebridad internacional. Durante los años cincuenta y sesenta, se enfocó en estándares de jazz, grabó con Count Basie Orchestra y tuvo docenas de éxitos, como su emblemática e icónica “I Left My Heart in San Francisco”.
La popularidad del cantante declinó en los setenta y ochenta, y su carrera se estancó. Las disqueras le pedían actualizar su imagen y repertorio, pero no tuvo mucho éxito. Danny, su primogénito, se convirtió en su representante y logró ponerlo de moda otra vez. En 1994, Bennett apareció en Unplugged de MTV junto a Elvis Costello y K.D. Lang e hizo que los hijos y nietos de sus primeros seguidores descubrieran su encanto y su carrera volvió a despegar. El álbum de su aparición en MTV llegó a platino.
Durante los años siguientes, Bennett hizo giras extensas llenas de presentaciones; en 2006, apareció en Saturday Night Live, en 2008, cantó junto a Billy Joel en los últimos conciertos de Shea Stadium antes de su demolición; y en 2011, sacó un álbum más titulado Duets en el que juntó su voz a la de 17 cantantes de géneros diversos como Aretha Franklin, Willie Nelson, Queen Latifah o Lady Gaga. A mediados de la década de 2000, Bennett hacía más de 100 presentaciones al año. Nada parecía detener a Tony Bennett. Citando a Rod Stewart, otro artista eterno, parecía que Tony era Forever Young.
Pero los problemas de memoria que comenzaron en 2014 se hicieron más notorios. “Tardé en darme cuenta”, dice Susan, de 55 años, esposa de Bennett desde 2007 pero su pareja por más de 30 años. “Yo le preguntaba: ‘¿Y tus lentes?’ y él los sacaba de su bolsillo y me miraba como diciendo ‘¿son estos?’ Pensaba que estaba bromeando. En las fiestas le pedía: ‘Tone, cuenta una anécdota de Frank Sinatra’ y él sólo decía: ‘Era mi mejor amigo’, pero no contaba la anécdota. Pensaba que quizás no le agradaba la gente o que no quería salir esa noche, pero, es posible que ya no recordaba las anécdotas”.
Punto de quiebre
En 2015, Bennett mencionó a Susan que no recordaba los nombres de sus músicos. “Son los mismos chicos con quienes ha tocado por años”, cuenta. Susan le preguntó si quería consultar a un médico y aceptó. “Eso nos llevó por el camino que tantas personas que viven con esta enfermedad conocen bien”.
Un año y numerosos estudios y citas médicas después, Gayatri Devi, MD, FAAN, neuróloga en Manhattan's Lenox Hill Hospital, diagnosticó a Bennett con enfermedad de Alzheimer. Durante años, Susan, los familiares de Bennett y sus médicos honraron su deseo de mantener privado su diagnóstico. “No quería que el público supiera de sus problemas”, dice Susan. “Tampoco creía correcto hacerse publicidad de esa forma; decía que él estaba en la industria de hacer que la gente olvidara sus problemas y se sienta bien. ¿Quién va a un concierto en el que el cantante habla de sus problemas?”
A medida que la enfermedad progresaba, Susan intervenía por Tony cuando cenaban con amigos o salían a caminar en Central Park. “Si nos encontrábamos a algún amigo, yo le decía ‘Oye, Tone, ¿recuerdas a Gina, verdad?’ y él asentía fingiendo. No quería que se sintieran mal porque no los recordaba”, cuenta. “Con una gran sonrisa, decía: ‘¡Hola, cariño!’ No tenía que decir más y yo seguía la conversación”.
Era común que Bennett estuviera indiferente o ausente, pero no frente al piano. En el escenario o ensayando en casa con su director musical y pianista de siempre, Lee Musiker, apenas comenzaba a cantar, a veces tan pronto escuchaba el piano, volvía a ser el Tony Bennett de siempre: con su gloriosa voz y pleno control de su vasto repertorio. La oscura máscara de la demencia abría paso al encanto del artista.
La música seguía ahí a pesar de que otras cosas se perdieron. “Tony pintó gran parte de su vida, pero ya no. A veces logro que haga bocetos, pero no dura mucho”, cuenta Susan. “Le muestro videos de cómo pintaba antes y me dice: ‘¿Por qué ya no lo hago? Debería hacerlo, Susan’. Lo único que lo estimula y lo mantiene en el presente absoluto es cantar, especialmente cuando tiene público. La música lo rescata”.
Bennett estuvo de gira hasta que empezó la pandemia de COVID-19. “A sus 91 o 92 años, aún podía cantar durante una hora y media sin apuntador”, señala Susan. Su última presentación antes de la cuarentena fue el 11 de marzo de 2020, en Count Basie Center for the Arts en Red Bank, NJ.
Durante la pandemia, Susan se asegura de que Tony siga haciendo presentaciones, aunque sean sólo en su apartamento de New York City. Musiker ensaya con él una hora, dos veces por semana; Susan canta con él el resto de la semana. “Un entrenador viene cinco veces por semana para hacer ejercicio con él y, si el clima lo permite, vamos al parque”, señala. “He aprendido que la rutina es muy importante para las personas con enfermedad de Alzheimer. Necesita saber a dónde va y qué sucederá después, e intentamos no llevarlo de A a B demasiado rápido”.
Pasión personificada
A finales de 2020, el inminente lanzamiento de Love for Sale, el nuevo álbum de Bennett con Lady Gaga significaba que su diagnóstico ya no podía permanecer oculto. Bennett y Lady Gaga desarrollaron una amistad después de su dueto en 2011 y de que Cheek to Cheek, el álbum de estándares de 2014, debutara como número 1 en la lista Billboard Top 200 rock/pop. La promoción del nuevo disco requeriría entrevistas, algo que Bennett ya no podía hacer. Susan y Danny decidieron hacer público su diagnóstico.
“Sabíamos que no podríamos ocultarlo por siempre”, cuenta Susan. “En un mundo ideal, Tony nunca hubiera querido que la gente supiera sus problemas, pero pensamos que su historia podría ser inspiradora para otros y que podríamos lograr algo bueno”.
Susan consideró que su esposo lo haría público si eso podía ayudar a otros. “Siempre ha ayudado a quien lo ha necesitado. Con suerte, seguiría haciéndolo si demostraba que tener enfermedad de Alzheimer no significa que tengas que irte a casa, cerrar la puerta y perder toda tu vida. Aún se puede contribuir, conectar y continuar haciendo lo que nos apasiona tanto como sea posible. Eso es muy útil”.
En agosto de 2021, la fuerza de su pasión quedó demostrada cuando Bennett y Gaga se presentaron en New York's Radio City Music Hall para celebrar su cumpleaños número 95. Con llenos totales en ambas presentaciones, Bennett cantó más de una docena de canciones y recibió más de 20 ovaciones de pie. Los conciertos tardaron meses en tomar forma. “Me hubieran visto, me volvía loca, “recuerda Susan, “ensayábamos todo el tiempo, ‘vamos a ensayar esta canción por enésima vez, quizá marque la diferencia’. Fue demasiada presión, pero vaya que cumplió”.
One Last Time: An Evening with Tony Bennett and Lady Gaga, fue transmitido por CBS en noviembre y mostró un Bennett como en sus mejores momentos, cantando éxitos como “Steppin' Out with My Baby”, “Fly Me to the Moon” y “This Is All I Ask” con su emotiva frase final: “Que suene la música mientras haya una canción que cantar y seguiré siendo más joven que la primavera”.
“¿Continuamos?”, preguntó a su público después de una de las tantas ovaciones de pie. “¡Vaya, qué público tan grandioso!”
Cuando Gaga entró al escenario con su deslumbrante vestido de noche dorado y lo saludó con un pícaro “¡Hey, Tony!”, Bennett respondió como en sus mejores tiempos: “¡Guau, Lady Gaga!”, proclamó. Gaga giró en su centelleante vestido y Bennett sonrió y dijo: “Me encanta, ¡hazlo de nuevo!” Ella accedió y el público enloqueció.
Pero el público no sabía que era la primera vez que Bennett saludaba a su amiga por su nombre después de mucho tiempo. Lady Gaga contó a Anderson Cooper en una entrevista en 60 Minutes que en los ensayos, Bennett siempre se dirigía a ella como “cariño” y que no estaba segura si recordaba su nombre. “Cuando salió al escenario y dijo: ‘Es Lady Gaga’, mi amigo me vio y fue muy especial”. Después de terminar el concierto y ser acompañado por Lady Gaga fuera del escenario, Bennett dijo a Susan: “¡El público adoró el concierto!”
Cantar en un concierto cinco años después del diagnóstico es muy significativo para las personas, dice Susan. “Volvió a ser Tony. Cuando ensaya, canta maravillosamente y habla con el pianista, pero no es igual a cuando está en concierto”.
En el escenario, dice, vuelve a ser él, sabe bien lo que está cantando y conecta completamente con su público. “Cuando cantó: ‘Beautiful girls, walk a little slower when you walk by me’, dejó escapar una sonrisa, algo que nunca hizo en los ensayos. Nada lo estimula más como estar frente al público”.
La realidad de ser cuidador
Los días de Bennett alternan las visitas de sus hijos y nietos, de su entrenador, y de Musiker, su pianista y director musical. Sin embargo, Susan es su cuidadora principal y rara vez se separa de su lado. “Pero hay altibajos. En ocasiones creo que puedo manejarlo bien y otras no”, comenta. Hace lo posible por mantenerse sana como cuidadora. “Trato de comer bien. La pandemia de COVID-19 no nos dejó otra opción. Cocino mucho en casa y lo hago lo más saludable para ambos. Hago tanto ejercicio como puedo y tengo amigos cercanos que me ayudan en los momentos difíciles”.
Pero admite que puede ser muy desafiante. “No me quejo porque sé que podría ser mucho peor, pero llega a ser agobiante. La neuróloga de Tony es una de mis mejores amigas y me ha salvado en muchas ocasiones. Cuando vamos a consulta, me dice: ‘Sal a caminar. Tony está bien aquí’”. Susan también procura salir a visitar amigos o a hacer tareas cuando llega el ama de llaves o el entrenador de Bennett.
Para mí es fundamental, porque cuidar de un ser querido con enfermedad de Alzheimer puede ser aislante. “A menos que él tenga un día muy bueno, es como si yo estuviera sola en el camino”, comenta. “Hoy, por ejemplo, en la mañana estuvo ocupado, pero una vez que el entrenador se va, Tony ya no tiene qué hacer el resto del día. Hoy está nublado y el clima no es ideal, así que probablemente no saldremos al parque”. Ahí es cuando percibe la soledad. “Pero cuando ensaya y lo escucho cantar, hace que todo valga la pena y me ayuda a salir adelante. Entonces recuerdo: Así es Tony”.
El efecto de la música en la memoria
La mayoría de las personas no conecta con la música como Tony Bennett, pero todos tenemos canciones favoritas y la música puede reconectar a personas con demencia.
“Cuando mi padre estuvo en un centro de cuidados paliativos al final de su vida, ya tenía tiempo sin hablar y sin reconocernos”, recuerda Daniel Potts, MD, FAAN, neurólogo en VA Tuscaloosa Health Care y autor de A Pocket Guide for the Alzheimer's Caregiver. “En mi familia cantamos e invitamos a los que solían cantar con nosotros. Muchos vinieron y cantamos alrededor de su cama … y él cantó con nosotros. Nunca lo olvidaré”.
En las últimas dos décadas se ha producido más investigación que demuestra que la música despierta, estimula y organiza diferentes áreas del cerebro. “Las canciones con un significado personal evocan recuerdos -incluso en personas con problemas de memoria- por la forma en que se reclutan las redes que componen la información en el cerebro”, explica Concetta Tomaino, DA, directora y cofundadora de Institute for Music and Neurologic Function en New York City. “Los estudios de imagen han demostrado un área de convergencia en la corteza prefrontal medial (una región que almacena y recupera recuerdos) que se enciende en el cerebro con la música que tiene un significado.
“La música que tiene significado personal posee elementos que ayudan a recuperar información. Tiene un efecto emocional, nos conecta con personas o lugares, revivimos recuerdos y la escuchamos varias veces en nuestras vidas, eso fortalece las conexiones”, indica la Dra. Tomaino.
En un estudio publicado en Brain en 2015, investigadores analizaron imágenes del cerebro de personas con enfermedad de Alzheimer y las compararon con las de participantes jóvenes sanos. Los científicos encontraron que las áreas que codifican la memoria musical tienen poca afectación en la enfermedad de Alzheimer.
Otro estudio de University of Utah y publicado en Journal of Prevention of Alzheimer's Disease en 2019 encontró que en personas con enfermedad de Alzheimer, la música con significado estimula esas áreas del cerebro y mejora el estado de ánimo. “Pedimos a los pacientes y a su familia que identificaran su música favorita, la cargamos en reproductores MP3 y les pedimos que la escucharan durante varias semanas”, explica Norman L. Foster, MD, FAAN, profesor de Neurología y uno de los autores del estudio. Después, con MRI funcional analizaron qué regiones del cerebro de los pacientes se activaban al escuchar su música.
Diferentes regiones clave del cerebro, como la red visual, la de prominencia (decide a qué estímulos poner atención), la ejecutora (realiza tareas cognitivas superiores, como el razonamiento o la resolución de problemas), y los pares de redes cerebelosas y corticocerebelosas (para la atención visual y la memoria de trabajo), presentaban conexiones funcionales de nivel significativamente más elevado. “Las vías del lenguaje y de la memoria visual se lesionan al inicio de la enfermedad, pero los programas de música personalizada pueden reactivar al cerebro, especialmente en pacientes que pierden contacto con su entorno”, explica el Dr. Foster.
Esta reconexión produce resultados tangibles. Music & Memory, una organización sin fines de lucro en Mineola, NY, ayuda a residencias de adultos mayores y a sus familiares cuidadores a crear y administrar listas de reproducción. Un estudio publicado en Journal of the American Medical Directors Association en 2020, encontró que el programa de Music & Memory redujo significativamente la necesidad de ansiolíticos, antipsicóticos y antidepresivos en residencias de adultos mayores. También produjo una disminución en conducta agresiva, síntomas depresivos, dolor y caídas.
Para aprovechar más el poder de la música en personas con demencia, considere las siguientes estrategias recomendadas por expertos.
Que sea personal. Encuentre música importante para cada persona, señala el Dr. Potts. Las canciones de la “cima de la reminiscencia” —entre los 10 y los 30 años de edad, cuando las emociones son más agudas— tienen mayor poder de permanencia. “Son canciones con efecto en la memoria autobiográfica”, comenta el Dr. Potts. Esto explica la poca utilidad de los grupos de “terapia con música general” en instituciones de cuidados a largo plazo; si en su juventud las personas escucharon diferentes tipos de música, es posible que no respondan a la misma música.
Participe. “En nuestros grupos de apoyo, vemos que no basta con tocar la música que a alguien le gusta, hay que involucrarse —cantar en grupo y seguir el ritmo”, indica Jonathan Graff-Radford, MD, jefe de la División de Neurología Conductual de Mayo Clinic en Rochester, MN. “Observe con qué canciones participan más —las personas aplauden, cantan o siguen el ritmo con sus pies—, toque más esas canciones y elimine las que no tienen mucha respuesta”.
Agréguela a la rutina. “No ponga música ocasionalmente, que forme parte de la rutina de cada día”, recomienda el Dr. Graff-Radford. “Pero no se exceda, mantenga el volumen en un nivel adecuado y pause si nota sobreestimulación”.
Utilícela estratégicamente. “La música puede ser útil cuando una persona se agita o se pone difícil”, indica la Dra. Tomaino. “No discuta y opte por buscar canciones con las que la persona participe”. La Dra. Tomaino recuerda a una pareja que amaba la música y bailaba con big band y swing. Después de ser diagnosticada con enfermedad de Alzheimer, la esposa rechazaba el baño y su aseo personal. Para sacarla de su silla, su esposo tocaba un álbum de Duke Ellington y la invitaba a bailar. Ella reconocía el gesto, tomaba su mano y bailaban juntos hasta el cuarto de baño. “El contexto, los sentimientos y las conexiones personales incorporadas en la música son lo que permanece siempre con nosotros”.
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Para leer la versión en inglés de este artículo, publicada en línea en Febrero/Marzo 2022, visite: BrainandLife.org/MusicAndMemory