Con un andar lento y arrastrando los pies por la enfermedad de Parkinson que le diagnosticaron hace 12 años, John Roche se dirige a la puerta que da al patio trasero de su casa en Liverpool, Inglaterra. Cruzar el umbral es otro reto, como lo es para otras personas con Parkinson, pero cuando lo hace, todo cambia. Se acerca al balón de fútbol y, como si fuera magia, comienza a dominarlo como un profesional. Se mueve con fluidez y sin rastro del temblor que suele causar la enfermedad.
Un video donde domina el balón y que Roché compartió en Twitter en 2020 tuvo más de 3 400 me gusta y
1 000 retweets. “Cuando tengo el balón, mi cuerpo cambia”, dice. Su dominio del balón refleja una característica de la enfermedad conocida como cinesia paradójica, la cual es la capacidad súbita de hacer tareas que ya no se podían hacer y que a menudo se desencadena por un estímulo.
Roche, exjugador semiprofesional de fútbol, ahora de 61 años, cofundó en Liverpool un programa de fútbol caminando para personas con enfermedad de Parkinson. En esta versión de fútbol, no se corre ni se cabecea el balón y se juega fuera del área del portero. Las infracciones resultan en un tiro libre para el equipo contrario. El deporte tiene casi un siglo y ha permitido a personas jugar a pesar de su edad o restricciones de movilidad, dice Stuart Carrington, funcionario de inclusión de fútbol para Liverpool County Football Association y entrenador del equipo de Roche.
Los programas de fútbol caminando para jugadores con Parkinson han despegado en el Reino Unido en donde el número de equipos aumentó de 4 a 20 en un año, dice Carrington.
El deporte no sólo atrae a jugadores experimentados. “Personas que nunca han jugado y sólo quieren ver de qué se trata son bienvenidas”, dice Carrington, quien también dirige al equipo nacional de Inglaterra de fútbol caminando para personas con Parkinson. “La mayoría vuelve por el ambiente y las amistades”.
La evidencia sobre los beneficios de la actividad física en personas con Parkinson es clara, desde usar bicicleta estacionaria y boxeo sin contacto hasta bailar tango, dice Joseph H. Friedman, MD, FAAN, profesor de neurología en Brown University en Providence, RI. Un estudio clínico fase 3 que se desarrolla en Estados Unidos y Canadá estudia los efectos del ejercicio de resistencia en banda sin fin en las etapas tempranas de la enfermedad.
El fútbol caminando podría ser bueno para quien tiene Parkinson, según el Dr. Friedman, ya que se convive con personas con el mismo trastorno, fomenta estirarse y moverse, y puede ayudar a restaurar el equilibrio y la coordinación. Pero advierte que podría ser más difícil para las personas con Parkinson quienes suelen tener “congelamiento” (incapacidad de mover los pies como si se quedaran congelados) lo cual puede provocar caídas. “Creo que cada uno debe hacer lo que funciona mejor a nivel individual”, sostiene.
En general, el ejercicio es protector en personas con enfermedades neurodegenerativas ya que puede reducir la neuroinflamación y mejorar la memoria, así como retrasar la progresión de la enfermedad, dice Natalie P. Witek, MD, profesora de ciencias neurológicas en Medical Center de Rush University en Chicago. “Podemos ver con claridad que un cuerpo sano lleva a un cerebro sano”, sostiene, aunque advierte sobre el riesgo de lesiones si juegan en superficies irregulares o tienen problemas de equilibrio. Ajustar medicamentos o trabajar con un fisioterapeuta puede reducir el riesgo, añade la Dra. Witek.
Unirse a un equipo de fútbol caminando también puede reducir el aislamiento que viven las personas con Parkinson. “Suelen aislarse y volverse menos activas”, comenta el Dr. Friedman. “Yo digo a mis pacientes que los medicamentos los ayudarán hoy, pero el ejercicio los ayudará en el futuro”.
La idea del equipo de Roche surgió de una plática con John Clark, quien se sentó a su lado en un partido de fútbol local y también tiene Parkinson. “Fue como si estuviera predestinado que nos sentáramos juntos”, dice Roche, quien supo que Clark ayudó a organizar un equipo para jugar en la copa Ray Kennedy, el torneo de fútbol internacional para personas con enfermedad de Parkinson llamado en honor al famoso futbolista de Liverpool quien tuviera la enfermedad y muriera en 2021.
El equipo mixto de fútbol caminando de Roche y Clark organiza partidos unas veces por semana. Sus jugadores tienen entre 30 y 70 años, deben tener autorización médica para jugar y firmar una renuncia de responsabilidad. Carrington los dirige en los calentamientos y prácticas, e incorpora descansos para que no se fatiguen. Por tal motivo, dice, los partidos duran 20 minutos.
Roche está seguro de que jugar no solo trae buenos recuerdos, sino que también hace que fluya dopamina, un beneficio clave para las personas con Parkinson, ya que muchos síntomas resultan de la pérdida de las neuronas que fabrican dopamina en el cerebro. La evidencia muestra que el ejercicio puede modular el almacenamiento y la liberación de dopamina, dice la Dra. Witek.
Los entrenamientos del equipo están diseñados para “asegurar que hacemos lo mejor para cada músculo”, comenta Roche. Él tiene temblores, pero sus músculos se relajan en el campo y se mueve con libertad.
Los entrenamientos y los partidos son también una oportunidad para socializar. “La camaradería es asombrosa”, dice Carrington. “La comunidad de Parkinson se fortalece cada vez más. La primera vez que vienen, los recibimos a con los brazos abiertos, eso los relaja y les permite divertirse”.
Rod Houghton, quien fue diagnosticado con enfermedad de Parkinson en 2007, dice que volver a jugar “me hace sentir que mido 10 pies de altura”. El residente de Liverpool de 71 años dice que este deporte está grabado en su cerebro, “y la enfermedad de Parkinson no llega ahí”.
El fútbol caminando no es tan popular en Estados Unidos, pero si es de su interés tener un equipo, envíe un correo electrónico a Carrington a stuart.carrington@liverpoolfa.com. Para contactar a Roche, hágalo a través de la página de Northern Lights, un grupo local de apoyo para personas con Parkinson que cofundó, y siga al equipo de Parkinson de Inglaterra en @ParkinsonsPride.
Además de jugar, Roche educa a jugadores profesionales de fútbol en Gran Bretaña sobre la enfermedad de Parkinson, habla con los equipos visitantes cuando van a Liverpool. Con 20 jugadores visitantes por partido y 20 partidos al año, llega a 400 personas quienes vuelven a casa y comparten lo aprendido. “Si puedo alcanzar a 1 000 personas, sentiré que hice mi mejor esfuerzo para la enfermedad de Parkinson” dice Roche, quien trabaja en Rotorua, Nueva Zelanda, para fundar un club como el suyo.
Y sigue trabajando con Northern Lights, que ofrece actividades como golf y pesca. La promesa de Roche para los participantes es: “Si me traes algo que el Parkinson te quitó, lucharemos por recuperarlo”.