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Bienestar
By Susan Fitzgerald

El efecto de la contaminación en la salud del cerebro

La investigación dice que la exposición a aire contaminado debería considerarse un factor de riesgo para padecimientos como ataque cerebrovascular, demencia y, posiblemente, para enfermedad de Parkinson.

Illustration of air pollution
Ilustración por Wesley Bedrosian

Cada vez más estudios sugieren que el humo de vehículos, las emisiones de fábricas y las partículas de polvo que ensucian el aire que respiramos podrían dañar nuestros cerebros. Por años, la ciencia ha documentado la relación entre contaminación del aire y enfermedades pulmonares y, posiblemente, cardíacas; ahora, se añade que podría aumentar el riesgo de ataque cerebrovascular, deterioro cognitivo, enfermedad de Parkinson o enfermedad de Alzheimer y otras demencias, y que puede dañar el cerebro en desarrollo de los niños.

“Los datos epidemiológicos son convincentes”, dice Ted M. Dawson, MD, PhD, FAAN, profesor de neurología en Johns Hopkins University School of Medicine que investiga enfermedad de Parkinson y otros trastornos del movimiento. La razón exacta no es clara, dice el Dr. Dawson, pero se busca identificar los componentes más dañinos del aire contaminado y el daño -directo o indirecto- que producen en el cerebro.

“Se piensa en el cerebro como una zona protegida, pero sabemos que se expone al medio ambiente por el sistema digestivo [comer] y olfatorio [oler]”, explica el Dr. Dawson.

La causa de la mayoría de las enfermedades neurodegenerativas no es un factor aislado sino una combinación de factores genéticos, ambientales y de estilo de vida; pero la exposición a niveles elevados de contaminación podría aumentar el riesgo genético de padecer ciertas enfermedades. Una investigación en la ciudad de Nueva York, por ejemplo, descubrió que vivir cerca de una autopista se asocia con mayor riesgo de ataque cerebrovascular, y hay evidencia similar para demencia.

También existe evidencia de la relación entre contaminación del aire y enfermedad de Parkinson, dice Ray Dorsey, MD, MBA, profesor de neurología en University of Rochester Medical Center, quien destaca el aumento en la prevalencia de la enfermedad en países industrializados, incluso si se ajusta la estadística para una población que envejece.

El Dr. Dorsey, coautor de Ending Parkinson's Disease: A Prescription for Action, señala un informe publicado en Journal of Public Health en 2018 que estima que la contaminación del aire, incluida la de interiores, cuesta en promedio casi tres años de vida.

La gente sabe que respirar aire contaminado es malo para los pulmones, en especial en personas con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), pero no suele relacionarla con los padecimientos cerebrales, dice Vladimir Hachinski, MD, DSc, FAAN, neurocientífico e investigador en Western University en Ontario, Canadá. Quizá se deba a que la posibilidad de desarrollar padecimientos como enfermedad de Alzheimer se ve lejos en el futuro.

La contaminación del aire se compone de gases y partículas emitidas por fábricas, centrales eléctricas y vehículos automotores. Uno de los componentes más conocidos es el ozono, el gas de superficie o smog que puede nublar una ciudad. También incluye partículas diminutas que se respiran o ingieren. El plomo, que es nocivo para el cerebro, puede estar en este grupo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la contaminación del aire exterior causa 4.2 millones de muertes al año en todo el mundo, la mayoría debidas a ataque cerebrovascular, enfermedad cardíaca, EPOC, cáncer de pulmón o infecciones respiratorias agudas.

Mientras políticos y funcionarios de salud pública debaten y elaboran normativas que promuevan aire más limpio, los investigadores buscan las pistas del daño por la exposición crónica a aire contaminado. Una teoría general, explica el Dr. Hachinski, es la inflamación que el cuerpo monta como respuesta a la exposición a los contaminantes.

“El cuerpo se estimula y se protege, y eso es bueno a corto plazo, pero si la exposición no cesa, la inflamación continúa”, dice. Con el tiempo, la exposición constante podría provocar daños en órganos, en especial en el revestimiento de los vasos y esto podría explicar su asociación con el ataque cerebrovascular.

Otra teoría es el efecto directo en la patología de enfermedades neurológicas específicas, como la enfermedad de Parkinson o la de Alzheimer.

Los investigadores utilizan modelos con ratones para estudiar, por ejemplo, si la exposición a los contaminantes provoca que en intestino y cerebro se desarrolle proteína alfa-sinucleína mal plegada, la cual es un marcador para enfermedad de Parkinson.

La mayoría de los estudios en humanos ha sido observacional y eso impide demostrar causalidad (como sí lo hacen los ensayos aleatorizados controlados con placebo). Por ejemplo, un artículo publicado en Stroke en 2018 analizó datos recopilados en un estudio de más de 3 200 personas de Manhattan y descubrió que vivir a menos de 100 metros (dos calles) de una autopista, se asociaba con riesgo significativamente mayor de ataque cerebrovascular. El estudio, aún en curso, comenzó en 1993 y utiliza registros médicos, seguimiento telefónico y monitoreo del aire por código postal para analizar los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

El estudio descubrió, con una media de seguimiento de 15 años, que las personas que vivían a menos de 100 metros de una avenida principal tenían una tasa de ataque cerebrovascular isquémico 42% más alta que las que vivían a más de 400 metros. Las zonas de Manhattan incluidas en el estudio se ubican cerca de George Washington Bridge, una zona con tráfico denso y una terminal de autobuses.

Con datos del estudio de Manhattan, los investigadores buscan la conexión entre exposición crónica a aire contaminado y deterioro cognitivo y demencia, señala el doctor Mitchell S. Elkind, FAAN, uno de los coautores y profesor de neurología y epidemiología en Columbia University.

“El reto de estudiar la contaminación del aire es separar los contaminantes e identificar los más dañinos”, dice el Dr. Elkind. Uno de los principales contaminantes son las partículas muy finas de 2.5 micrómetros de diámetro (PM2.5) que proceden de la combustión.

En otro estudio de más de 18 000 adultos mayores estadounidenses con problemas cognitivos, se analizaron imágenes de tomografía por emisión de positrones (PET) para examinar la relación entre vivir en zonas muy contaminadas y la presencia de beta-amiloide en el cerebro, un biomarcador de enfermedad de Alzheimer. El estudio, publicado en JAMA Neurology en 2020, descubrió que la probabilidad de tener beta-amiloide fue mayor en las personas que vivían en zonas con alta concentración de PM2.5, incluso después de ajustar para otros factores como tabaquismo, antecedentes familiares, ingreso económico e hipertensión arterial. La exposición elevada al ozono no pareció aumentar el riesgo.

Un estudio realizado en Corea del Sur y publicado en JAMA Neurology en 2021 analizó una cohorte de representación nacional con 78 830 habitantes de una metrópoli mayores de 40 años. Con datos del Servicio Nacional de Seguro de Salud de Corea y de contaminación del aire asociados al domicilio de las personas, se encontró que la exposición elevada a dióxido de nitrógeno se asoció con un aumento de 40% en el riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson. Otros contaminantes, como ozono, monóxido de carbono o dióxido de azufre, parecían no aumentar el riesgo. El estudio se basó en lecturas distritales de contaminación y no consideró la posible exposición ocupacional a otros contaminantes, como metales pesados, pesticidas o el solvente industrial tricloroetileno, que también se relaciona con enfermedad de Parkinson.

Investigadores daneses compararon 1 700 pacientes con enfermedad de Parkinson con controles emparejados por edad y sexo, y encontraron asociación entre contaminación del aire por tráfico y riesgo de enfermedad de Parkinson. Sus resultados se publicaron en Environmental Health Perspectives en 2016.

También existe evidencia de que el cerebro de los niños podría ser vulnerable a la contaminación del aire. Una investigación realizada en la Ciudad de México, que tiene aire muy contaminado, sugiere que la exposición elevada a aire sucio podría asociarse con deterioro cognitivo y anomalías cerebrales identificadas en estudios de imagen de niños.

Es difícil llegar a conclusiones sobre el efecto negativo de la contaminación del aire en el cerebro porque es casi imposible medir la exposición individual, dice el Dr. Dorsey. La gente se expone no sólo en el lugar donde vive, sino donde trabaja y en sus trayectos. Además, las personas que viven en una misma zona podrían tener exposición diferente en función de la ubicación de sus casas o del tiempo que pasan en exteriores.


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La Contaminación Del Aire por Teewara Soontorn De The Noun Project

Diez maneras de proteger al cerebro contra la contaminación del aire

En ciudades grandes y congestionadas, o en los verdes suburbios, hay acciones que podemos hacer — individuales o en la comunidad — para respirar aire más saludable.

Cierre las ventanas del automóvil. Un estudio realizado por University of Southern California y publicado en Environmental Science & Technology en 2013, encontró que cerrar las ventanas y activar el botón de recirculación de aire del vehículo pueden reducir la exposición a la contaminación, en especial en áreas con mucho tráfico.

Ejercicio inteligente. Si hace ejercicio en exteriores, opte por parques o espacios exteriores alejados del tráfico y en horas de menor congestión, sugiere American Lung Association (ALA). Si el reporte meteorológico indica mala calidad del aire, opte por ejercicio en espacios cerrados, como gimnasios, centros recreativos o centros comerciales (caminar).

Cuide su jardín a la antigua. De acuerdo con ALA, podadoras, sopladoras de hojas y quitanieves que funcionan con gasolina contaminan más que los automóviles.

No “caliente” el automóvil. Caliente el automóvil conduciendo y no estacionado, aconseja Environmental Defense Fund.

Prohíba las quemas. Quemar basura o madera contribuye en gran medida a la contaminación por partículas, informa ALA.

Purifique el aire. Los monitores y purificadores de aire portátiles podrían reducir la exposición al aire contaminado, aunque falta soporte científico, indica Ray Dorsey, MD, MBA, profesor de Neurología en University of Rochester Medical Center en New York.

No desperdicie. Fabricar productos nuevos contribuye a la contaminación del aire. Compre productos duraderos, sugiere Vladimir Hachinski, MD, DSc, FAAN, de Western University en Ontario, Canadá, y procure no desperdiciar comida y reciclar o reutilizar productos.

Homenajes con árboles. Plante un árbol en lugar de enviar flores en cumpleaños o funerales, dice el Dr. Hachinski.

Promueva la naturaleza. Participe en proyectos que desarrollen parques, senderos y espacios abiertos. La evidencia sugiere que creando más espacios verdes — por ejemplo, convertir lotes baldíos en parques o jardines — se promueve la salud de las comunidades, indica Mitchell S. Elkind, MD, FAAN, profesor de Neurología y Epidemiología en Columbia University en New York City.

Vote a favor del medio ambiente. Procure elegir políticos con posturas a favor del ambiente, como transporte público o fuentes de energía renovables.


Mas Información:

Para leer la versión en inglés de este artículo, publicada en línea en Febrero/Marzo 2022, visite: BrainandLife.org/ProtectAgainstPollution