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KTSIMAGE/iSTOCKPHOTO

Desde los primeros días de la pandemia se han documentado diferentes síntomas neurológicos, como confusión, delirio, dolor de cabeza y pérdida del sentido del olfato y del gusto. En casos excepcionales, se ha informado que el virus produce convulsiones, pero aún no se ha establecido un vínculo definitivo. Las convulsiones podrían deberse a otros factores, como fiebre, lesión cerebral, infección o a ataque cerebrovascular, y podrían no indicar un caso nuevo de epilepsia.

Para los pacientes sin antecedentes de epilepsia que desarrollan convulsiones después de contraer COVID-19, aún es demasiado temprano para determinar cómo será su recuperación. Los estudios en proceso evalúan electroencefalogramas (EEG) en busca de cualquier anomalía relacionada con epilepsia debida a COVID-19. Hasta ahora, los estudios pequeños no han demostrado una conexión clara. En pacientes con COVID-19 que recién presentan convulsiones, los expertos creen que el riesgo de convulsiones recurrentes podría disminuir a medida que se resuelve la inflamación relacionada con el virus. Desafortunadamente, en casos raros, la infección podría dañar el cerebro y causar convulsiones persistentes que requerirán vigilancia, terapia y seguimiento a largo plazo.

Para determinar si COVID-19 exacerba la frecuencia de las convulsiones en personas con epilepsia, American Epilepsy Society llevó a cabo un sondeo entre sus miembros. Treinta por ciento de los encuestados afirmaron tener pacientes con epilepsia que también tuvieron COVID-19, 83% de los pacientes no tuvieron un aumento de la frecuencia de las convulsiones después de contraer el virus. En el 17% de los pacientes que sí presentaron un aumento, otros factores estresantes, como falta de acceso a atención médica, alteraciones del sueño y escasez de medicamentos, pudieron haber desencadenado las convulsiones, destacaron los médicos.

Las personas con una enfermedad convulsiva o con epilepsia que contraen COVID-19 y que presentan convulsiones repentinas o nuevos tipos, deben acudir con su neurólogo para que evalúe si existe una conexión con el virus, o si será necesario cambiar sus medicamentos. Los doctores buscarán minimizar cualquier efecto colateral potencial y las interacciones entre anticonvulsivos y los medicamentos para tratar COVID-19. Debido a que el tratamiento para coronavirus continúa evolucionando, debe considerar que sus médicos estarán bien informados sobre los protocolos más actualizados. Ahora que se dispone de una vacuna contra COVID-19, asegúrese de formular preguntas o compartir con su médico cualquier preocupación sobre la seguridad de las vacunas. En la actualidad, no existen razones específicas a la epilepsia que contraindiquen la vacunación.

Si tiene una enfermedad convulsiva o epilepsia durante la pandemia, es muy importante contar con suficiente medicamento anticonvulsivo a la mano y tomarlo como se indica, también es importante comunicarse con regularidad con su médico tratante ya sea por telesalud o en persona, dormir lo suficiente, ejercitarse con regularidad, evitar drogas recreativas y alcohol, y proteger su salud mental haciendo lo posible por reducir el estrés y la ansiedad.

La mejor forma de prevenir el pequeño riesgo de convulsiones repentinas o nuevas relacionadas con coronavirus es evitar exponerse a COVID-19, lave sus manos con frecuencia, utilice mascarilla y mantenga el distanciamiento social.

Como siempre, revise su plan de emergencia para convulsiones en casa. Por ejemplo, las personas con quienes vive deben saber que en caso de que usted tenga una convulsión, deben mantener la calma y registrar la duración. Si esta inconsciente, deberán girarlo hacia un costado y no introducir objetos en su boca, y deberán permanecer con usted hasta que se recupere. Una convulsión tónico-clónica — caracterizada por pérdida del estado de consciencia, rigidez y contracciones musculares bruscas — únicamente debe durar entre 2 y 3 minutos, y no necesariamente requiere atención de emergencia. Deben llamar al 911 cuando la convulsión dura más de cinco minutos, cuando ocurre en episodios sin recuperación completa entre episodios, cuando la crisis es diferente a las habituales, cuando causa lesiones, o cuando afecta la respiración.