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Man sleeping while using a CPAP machine for sleep apnea
iStockphoto

La apnea del sueño es una condición en la que la respiración al dormir se detiene o se hace más difícil. La apnea se debe a que los músculos de la garganta se relajan y estrechan o bloquean la vía respiratoria. Cuando el cerebro no logra controlar la respiración por factores como altitud, insuficiencia cardiaca, infarto cerebral o uso de opioides, se llama apnea central.

La falta de oxígeno secundaria activa el reflejo de supervivencia y despierta a la persona para que respire de nuevo. Este ciclo se repite y el resultado son interrupciones al dormir que afectan el funcionamiento general durante el día. También se relaciona con otros problemas como demencia, infarto cerebral, diabetes, cardiopatías y mayor riesgo de muerte.

Esta condición es más frecuente en hombres y en mujeres después de la menopausia. Alrededor de 39 millones de estadounidenses (incluidos niños) la padecen, pero sólo 15% recibe tratamiento. El riesgo aumenta con el sobrepeso, pero se revierte al perder peso.

Los síntomas incluyen roncar, despertar continuamente y respirar en patrones inusuales, como respirar rápido, después profundo y luego superficial. Otros síntomas son insomnio, sudoración nocturna, inquietud, falta de aire y cansancio al despertar, cambios de humor, pérdida de memoria, dificultad para concentrarse, disfunción sexual y dolor de cabeza, sobre todo al despertar.

En niños se manifiesta como hiperactividad, bajo rendimiento escolar, enuresis y movimientos frecuentes de brazos o piernas al dormir.

Cuando un paciente presenta síntomas, debe notificar a su médico para que realice un examen exhaustivo y, de ser necesario, para que derive al paciente con un especialista del sueño o solicite estudios específicos.

Para confirmar el diagnóstico, antes era necesario pasar una noche en el laboratorio del sueño utilizando sensores en la cabeza y cuerpo para vigilar la respiración y niveles de oxígeno durante las fases de sueño y vigilia. Ahora, los estudios se hacen en casa con un kit aprobado por Food and Drug Administration (FDA) que cuenta con sensores de oxigenación para los dedos y de flujo de aire para la nariz. Los datos se descargan y analizan; en caso de no ser concluyentes, se puede solicitar el estudio en el laboratorio.

El tratamiento depende del tipo y gravedad de la apnea. Si es leve, se recomienda hacer ejercicio, dormir en horarios fijos, mantener un peso saludable, tratar la congestión nasal, limitar el alcohol y la cafeína, dejar de fumar y dormir de lado para mantener abierta la vía respiratoria.

Si la apnea persiste o empeora, se emplean los aparatos de presión positiva continua (CPAP) que entregan presión de aire constante en la vía respiratoria superior para mantenerla abierta. Otra opción son las máquinas de presión positiva autoajustable (APAP), que ajustan la presión automáticamente para abrir la vía respiratoria o las máquinas de presión positiva binivel (BPAP), las cuales entregan presión más alta al inhalar que al exhalar y se toleran mejor.

Para quienes no pueden o quieren utilizar máquinas de CPAP, un dentista puede colocar en la boca un aparato hecho a la medida que abra la vía respiratoria al dormir. Otra opción es la terapia de estimulación de la vía aérea superior que desplaza la lengua hacia delante para que no bloquee la vía aérea. El dispositivo, aprobado por FDA, se implanta quirúrgicamente e incluye un neuroestimulador programable para el nervio lingual y sensores para detectar cambios en la respiración. El usuario puede controlar a distancia la estimulación.

La apnea del sueño puede ser crónica y requerir tratamiento continuo. 50% de los pacientes obesos se cura al perder peso. La cirugía para extirpar amígdalas y adenoides puede eliminar la apnea del sueño en niños, pero es menos eficiente en adultos. La cirugía reconstructiva es otra opción, especialmente para pacientes con anomalías faciales. Para la apnea central se tratan las causas subyacentes, como la insuficiencia cardiaca o la malformación de Chiari (el cerebro desplaza y expulsa al cerebelo por la apertura en la base del cráneo), y se reduce el consumo de opioides para mejorar los síntomas.


El Dr. Johnson es profesor de neurología en Chan Medical School-Baystate y director médico del programa regional de sueño de Baystate Health en Springfield, MA.