Empeñar las medallas olímpicas de Briana Scurry para pagar sus gastos médicos es un ejemplo de “toxicidad financiera”, término que describe la adversidad que enfrenta un paciente cuando destina una parte significativa de sus ingresos a gastos médicos, en particular, a medicamentos de prescripción.
En promedio, una de cada cinco recetas no se surte en farmacias, según Centers for Disease Control and Prevention, y suele deberse a que el paciente no puede pagar el medicamento y suele no admitirlo ante sus médicos. “Ningún medicamento funciona si no puedes pagarlo”, señala A. Gordon Smith, MD, FAAN, jefe del departamento de Neurología de Virginia Commonwealth University en Richmond.
Mucha gente se rehúsa a hablar de sus limitaciones financieras, quizás por vergüenza, incluso aunque su condición empeore si no surten sus recetas, si evitan consultas o si racionan sus medicamentos para ahorrar dinero. El Dr. Smith pide a sus pacientes hablar con honestidad como la mejor forma de abordar cualquier problema.
“El consultorio debe ser un espacio seguro, sin prejuicios y un lugar en el que el paciente se sienta cómodo para hablar de su situación económica. En ocasiones es posible cambiar de tratamiento con base en su costo”. También es posible referir a los pacientes a programas de asistencia financiera o a servicios de recetas con precios bajos, como GoodRx o Cost Plus Drugs.
Jason L. Crowell, MD, neurólogo en Norton Neuroscience Institute en Louisville, KY, tuvo una paciente que acudió por una segunda opinión después de que otro médico le indicara un medicamento con un costo mensual para ella de $1 000. El Dr. Crowell determinó que no prescribiría el medicamento porque, aunque efectivo, sus síntomas no mejorarían más de 5%.
“Esto podría cambiar cuánto está dispuesto a pagar alguien”, indica el Dr. Crowell. “Es importante que el paciente sepa que puede preguntar sobre el costo del tratamiento ya que, en ocasiones, podría no justificarlo”.
El Dr. Crowell puede aconsejar a sus pacientes continuar con medicamentos más antiguos aun cuando existan nuevas versiones “mejoradas” (como presentaciones con liberación controlada) si eso significa ahorrar dinero. “Un medicamento nuevo contra el Parkinson podría ser un poco más eficaz, pero a un costo mucho mayor que uno anterior”, explica. “Sin embargo, si el fármaco ‘más antiguo’ aún es razonablemente bueno, entonces debemos preguntarnos: ‘¿Vale la pena cambiarlo?’”
El Institute for Clinical and Economic Review sin fines de lucro publica reportes sobre la costo-efectividad de fármacos de prescripción que, aunque están dirigidos a profesionales médicos, pueden ayudar a los pacientes a tomar decisiones. Los pacientes pueden tomar sus decisiones, dice el Dr. Smith, quien les sugiere acercarse a las organizaciones que abogan por una reforma a los precios. “Todo paciente tiene el derecho a la terapia más efectiva para su enfermedad, y sus ingresos y código postal no deben incidir en su acceso”, comenta el Dr. Smith.