
Viviendas independientes, asistidas o de cuidados para la memoria son probablemente los últimos lugares donde desea que su familiar con un padecimiento neurológico viva durante la pandemia. Por lo menos, un tercio de las muertes por coronavirus en 26 estados del país ha ocurrido en instituciones de cuidados a largo plazo y, de acuerdo con datos de Kaiser Family Foundation, en 14 estados ha ocurrido en más de la mitad. Sin embargo, algunas familias no tienen otra alternativa, señala Susan Frick, directora de Without Warning, un programa ofrecido a través de Rush Alzheimer's Disease Center en Chicago que ayuda a familias afectadas por la enfermedad de Alzheimer de inicio temprano. "En ocasiones la salud del propio cuidador está tan afectada que ya no puede cuidar de su ser querido en casa".
También es posible que sea riesgoso que la persona permanezca en casa. "Si una persona deambula y no está segura de donde está, y no hay distanciamiento social o uso de mascarillas, tendrá mucho mayor riesgo", señala Carole White, PhD, RN, directora del programa Caring for the Caregiver en UT Health San Antonio en Texas.
Cualquiera que sea la razón para mudar a un familiar a una institución, es importante comprender bien la estratega que han implementado estas instituciones ante la pandemia. "Algunas hacen un trabajo fantástico", dice Beau M. Ances, MD, PhD, FAAN, profesor patrocinado de Neurología de Washington University en St. Louis. "Sin embargo, si se presenta una segunda ola, la cantidad de infecciones y -posiblemente- de muertes podría repuntar de nuevo".
Mientras investigan instituciones de vivienda asistida, las familias deben investigar si han implementado un plan de prevención y control de infecciones, y si disponen de personal capacitado en el sitio para dirigir el programa, recomienda el Dr. Ances.
Pregunte sobre los protocolos para limitar la manipulación de las pertenencias de los residentes y para desinfectar adecuadamente los artículos en contacto con el personal, comenta Jennifer Olsen, directora ejecutiva de Rosalynn Carter Institute for Caregiving en Americus, GA. También sugiere que las familias pregunten sobre lo que ocurrió durante la primera ola de la pandemia — por ejemplo, si los administradores prohibieron las visitas y realizaron revisiones de temperatura al personal tan pronto como iniciaron los lineamientos de las autoridades. También podrían preguntar si la institución notificó a los familiares cuando tuvieron un caso de COVID-19; cuál fue el procedimiento que siguieron cuando un residente que estuvo hospitalizado regresó a la institución; y cuáles fueron las políticas sobre pruebas para COVID y residentes que se infectaron con el virus. Pregunte sobre la frecuencia con que se limpian las habitaciones y se revisa a los pacientes, sobre el tipo de equipo de protección personal que utiliza el personal cuando interactúa con los residentes y si trabaja en más de una institución.
"Creo que muchas organizaciones han aprendido bastante y han aplicado medidas y procedimientos para proteger la seguridad y bienestar de sus residentes", indica Olsen. Aunque la situación podría variar según el sitio, las instituciones de atención deben apegarse a las medidas de salud pública y seguir precauciones básicas, como solicitar que todos utilicen mascarillas y permanezcan por lo menos a una distancia de seis pies entre sí, limitar el número de huéspedes y contratistas externos, establecer un registro de contactos adecuado, aumentar la limpieza y reducir el contacto con superficies comunes. (Para más información, revise las recomendaciones de Centers for Disease Control and Prevention.)
Si piensa mudar a su familiar a una institución, es importante conocer sus políticas de visitas y qué tanto acceso tendrá a su ser querido, agrega Olsen. Los familiares se preocupan por el deterioro cognitivo que el aislamiento social y la ausencia de estimulación podrían provocar en sus seres queridos debido a la suspensión de las visitas presenciales y de las actividades grupales en las instituciones. Las residencias para adultos mayores podrían haber reanudado las visitas con horarios modificados y algunas residencias han innovado, p. ej., al utilizar cubículos o cabinas de plexiglás para visitas en las que los familiares utilizan mascarillas y guantes largos de plástico para que puedan abrazarse de forma segura. Algunas instituciones han llevado los juegos de bingo y otras actividades a los pasillos para que los residentes puedan participar sin tener que estar aglomerados en una habitación.
Una vez que haya decido sobre el lugar donde vivirá su familiar, haga un plan detallado de cuidados que incluya la forma de comunicarse con el personal y con su ser querido, recomienda el Dr. Ances. Por último, solicite actualizaciones periódicas y pida al personal que programe videollamadas para que pueda interactuar con su familiar y sepa cómo se ve y cómo se escucha.