Perder el olfato puede ser duro y frustrante, señala Richard Doty, PhD, FAAN, neurocientífico y director de Smell and Taste Center en Perelman School of Medicine de University of Pennsylvania.
También puede ser peligroso. Según un estudio publicado en JAMA Otolaryngology-Head & Neck Surgery, las personas que no huelen tienen un riesgo casi tres veces mayor de sufrir un incidente relacionado con el olfato, como incendios, fugas de gas o comer alimentos en mal estado. Debemos revisar periódicamente los detectores de humo y gas natural, no desatender la estufa y poner fechas a los alimentos. También se debe lavar la ropa y ducharse con regularidad, dice el Dr. Doty.
Cuando Karen Jentz notó que su olfato no funcionaba bien hace algunos años, su médico le pidió cambiar con regularidad las baterías de su detector de humos y que pusiera recordatorios al cocinar. Tras leer sobre la relación entre la pérdida del olfato y las enfermedades de Parkinson y Alzheimer, la profesora jubilada de 74 años de Fairfield, IA, decidió participar en su investigación. Se acercó a Michael J. Fox Foundation for Parkinson's Research donde le hablaron sobre un estudio en el que se estudiaba a personas sin Parkinson ni Alzheimer para indagar si la pérdida del olfato aumentaba el riesgo de desarrollar cualquiera de estas enfermedades años después. Completó la prueba de rascar y oler que le enviaron. “Me fue fatal”, dice. “Así que ahora participo en el estudio”.
El tratamiento de la pérdida del olfato depende de su causa. Por ejemplo, muchos fármacos, como los antibióticos, antihistamínicos, antihipertensivos o los tratamientos para la diabetes pueden alterar el olfato. La solución podría ser tan simple como cambiar la receta.
Una terapia conocida como entrenamiento olfatorio consiste en percibir olores específicos mientras se observa una imagen relacionada con esos olores para estimular el sistema olfatorio y establecer una conexión con ese olor. La propia Jentz empezó el entrenamiento olfatorio por recomendación de su médico. “Son olores tan fuertes que aún puedo olerlos, y es muy agradable”, dice.
La investigación sugiere que el entrenamiento olfatorio podría ser más eficaz en personas que perdieron los sentidos del olfato y gusto por infecciones respiratorias. En un estudio publicado en Rhinology en 2016, el 71% de los pacientes con pérdida olfatoria posinfecciosa mejoró tras un año de entrenamiento, mientras que 37% de los pacientes se recuperó espontáneamente durante el mismo período. Entre 20 y 25% de las personas que pierden el olfato por enfermedad de Parkinson o traumatismos recuperan el olfato, según varios estudios.
Añadir especias o marinar los platillos en salsas dulces o ácidas puede potenciar el sabor, sugiere el Dr. Doty.
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Perder el olfato podría ser un signo temprano de enfermedades neurológicas