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Para muchas personas con padecimientos neurológicos, la disfagia, un desorden neurológico que disminuye la habilidad de tragar o pasar alimento (deglutir), podría dificultar placeres comunes de la vida como dar un sorbo de vino o probar una pizza. “Tragar es un proceso del cuerpo muy complejo”, explica la logopeda Elizabeth Lipton Daly, directora ejecutiva de National Foundation of Swallowing Disorders en Walnut, CA. Una persona que no traga bien podría terminar deshidratado o desnutrido, señala.

Se estima que uno de cada seis adultos en Estados Unidos tiene alguna dificultad para tragar, según una encuesta de Cedars-Sinai Medical Center en Los Ángeles. Factores como el envejecimiento, reflujo gastroesofágico, tumores en la cabeza o cuello, o la lesión o irritación del esófago podrían dificultar el tragar. El riesgo es mayor en las enfermedades neurológicas. La disfagia afecta a cerca de 65% de los sobrevivientes de infarto cerebrovascular, 50% de las personas con enfermedad de Parkinson, 31% de las personas con esclerosis múltiple (MS) y un porcentaje alto de personas con demencia y enfermedades de neuronas motoras, según una revisión publicada en Neurological Sciences en 2020.

Las personas con disfagia podrían comer y beber menos, lo cual puede provocar deshidratación, pérdida de peso y desnutrición. Si la comida entra por la vía aérea a los pulmones en lugar de al estómago, podría causar neumonía por aspiración o incluso bloqueo fatal de la vía aérea, apunta David Buchholz, MD, neurólogo en Lutherville-Timonium, MD. Los problemas para tragar también pueden afectar el placer de comer y socializar con otros. “Una parte vital de nuestros placeres e interacciones personales se centra en comer y beber”, señala el Dr. Buchholz. “Alguien con disfagia podría no querer o poder interactuar”.

Cómo tragamos

Para tragar ocurren tres etapas. La primera es oral: mandíbula, dientes y saliva, los cuales trabajan juntos para moler y humedecer los sólidos, y la lengua que los posiciona en la garganta. En la segunda etapa, la lengua mueve sólidos y líquidos a la parte posterior de la faringe y activa el “reflejo de tragar” que los empuja al esófago. A la par, la epiglotis se cierra para impedir que la comida pase a la vía aérea y pulmones. En la tercera etapa (esofágica), sólidos y líquidos se mueven del esófago al estómago.

Toda condición que lesione al cerebro o médula espinal puede interferir con el proceso de tragar. Después de un infarto cerebrovascular, por ejemplo, la lengua podría no empujar la comida a la garganta y se retrasaría el reflejo de tragar. En personas con enfermedad de Parkinson o de neurona motora, el alimento podría quedar atrapado en pequeñas bolsas fuera del esófago. La enfermedad de Parkinson también provoca espasmos o parálisis de músculos al tragar. En la miastenia gravis, el reflejo de tragar se puede agotar o no funcionar.

American Speech-Language-Hearing Association incluye en los signos de disfagia salivación, reflujo de alimento por boca o nariz, lentitud al masticar o tragar, sensación de que la comida se atora en la boca o cuello, dolor, tos o carraspeo al tragar, voz húmeda o gutural al comer o beber, y problemas al coordinar comer y respirar.

A pesar de los síntomas, muchas personas no creen necesario buscar atención médica o informar a sus médicos. En la encuesta de Cedars-Sinai, la mitad de las personas con disfagia dijeron que nunca habían buscado atención médica. “Creo que los problemas para tragar no se reconocen lo suficiente”, comenta Sandeep Kumar, MD, profesor de Neurología en Harvard Medical School en Cambridge, MA. “Sobre todo las alteraciones menos graves que pueden pasar desapercibidas hasta que la persona presenta neumonía por aspiración o se atraganta con ciertos alimentos. Hasta hace poco, por ejemplo, muchos pacientes con infarto cerebrovascular no se evaluaban de forma sistemática en busca de dificultades para tragar”.

El paciente debe informar al médico de atención primaria cualquier problema al tragar. “Pacientes y cuidadores deben pedir al personal de salud ser referidos para evaluación si tienen síntomas de disfagia o si su padecimiento neurológico causa disfagia”, indica Matina Balou, PhD, logopeda y especialista en problemas para tragar en NYU Langone Health.

Evaluación

Los problemas para tragar se diagnostican mediante exploración física y con pruebas realizadas por logopedas. En la videofluoroscopia, el paciente ingiere alimentos sólidos y líquidos con bario, un elemento que se ilumina en las radiografías y que permite al logopeda identificar problemas específicos para tragar. “En el estudio también evaluamos alimentos y técnicas para tragar diferentes para ver cómo ayudar”, indica Daly. “Las opciones incluyen líquidos más espesos, que son más fáciles de controlar y tragar, posturas diferentes y otras estrategias”.

En la videoendoscopia, el logopeda inserta una cámara y una fuente de luz por la nariz del paciente hacia la faringe para observar cómo traga. Una vez identificados los problemas específicos, el logopeda enseña al paciente técnicas para tragar, prescribe ejercicios para fortalecer y coordinar los músculos implicados al tragar y personaliza la dieta, explica Daly.

Un logopeda o un nutriólogo pueden asesorar cómo ajustar alimentos y bebidas, señala Kristin Gustashaw, RDN, quien trabaja con personas con problemas para tragar en Rush University Medical Center en Chicago y pide a sus pacientes seguir la dieta de International Dysphagia Diet Standardization Initiative (IDDSI), la cual se enfoca en ocho grados de capacidad para tragar. Por ejemplo, IDDSI recomienda alimentos blandos picados y húmedos si la comida tiende a acumularse en la lengua antes de tragar, y puré de alimentos sin grumos para personas con control limitado de la lengua.

Para personas con disfagia, bebidas poco espesas como agua, té o café podrían ser difíciles de tragar, comenta Gustashaw, quien sugiere probar bebidas más espesas, como jugo de albaricoque. Otras opciones incluyen agregar espesantes o buscar bebidas espesas, que se pueden beber a sorbos con pajillas de diámetro grande o de una tasa o cuchara. El nutriólogo o el logopeda pueden indicar qué tanto espesar las bebidas para facilitar su paso.

Los cuidadores de pacientes en tratamiento para disfagia pueden recibir indicaciones del logopeda sobre cómo preparar los alimentos y bebidas, indica Daly. National Foundation of Swallowing Disorders también ofrece asesoría y grupos de apoyo para cuidadores y personas con problemas para tragar. Su página de internet también cuenta con un directorio de logopedas certificados organizados por ubicación geográfica.

Los problemas para tragar no deben ignorarse ya que la disfagia se puede mejorar con tratamiento. “En general, sentarse recto, reducir distracciones y no hablar mientras se come ayudará en la mayoría de los casos”, dice Daly. “Al margen de esto, el tratamiento es individualizado; lo que funciona para uno podría no funcionar para otro”.

Coma esto y no eso

Para los distintos grados de disfagia, International Dysphagia Diet Standardization Initiative indica los alimentos más fáciles de tragar.

Alimentos que puede comer:
Verdura al vapor o hervida picada o molida finamente; trozos pequeños de pescado o carne cocinados hasta ablandar y bañados con salsa espesa; cereal blando cocido y húmedo pero sin exceso de líquido; fruta molida o picada; y purés de alimentos que no se peguen o tengan grumos.

Alimentos que debe evitar:
Verdura y manzanas crudas; fruta con fibra como piña o la parte blanca de los cítricos; filete; fruta seca; alimentos con cáscara como elote, uvas o guisantes; trigo molido; pollo con piel; y alimentos duros, secos, masticables, crujientes o desmenuzables.