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Bienestar
By Hallie Levine

Caras bonitas

Las visitas al salón de belleza o de manicura pueden ser un reto para las personas con discapacidad, padecimientos neurológicos o problemas sensoriales. He aquí cómo hacerlas más accesibles.

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Ilustración de Loris Lora

La belleza y la moda son esenciales en la vida de Janira Obregón. La modelo y defensora de las personas con discapacidad de 27 años vive en Queens, NY, y visita con frecuencia salones de belleza y manicura. Pero cada visita es una batalla. “La mayoría de los salones no son accesibles”, dice Obregón, quien fue diagnosticada con parálisis cerebral y tetraplejia espástica al nacer. Aunque usa poco sus manos, sus piernas están paralizadas y tiene rigidez muscular.

“En el salón me tienen que llevar en mi silla de ruedas a la estación de lavado, luego al secador y de vuelta a mi asiento. Es muy molesto”. Su asistente ayuda, pero a veces depende del personal del salón. “La gente del salón suele ayudarme y me cargan”, dice Obregón. “Pero en una ocasión era claro que no esperaban a alguien en silla de ruedas. Sorprendido, el gerente me miró y preguntó: ‘¿Qué necesitas?’ con voz exagerada. Fue incómodo. Sólo me cortaron el pelo y nunca volví”.

La manicura y la pedicura también son un desafío. Los pies de Obregón rara vez alcanzan el recipiente del agua y, en la mesa de manicura, se tiene que inclinar bastante para que la manicurista alcance sus manos. “El spa debe ser una experiencia relajante, pero a menudo me resulta incómodo”, dice.

Con el tiempo, Obregón -quien ha desfilado en la Semana de la Moda de New York y para la Fundación Runway of Dreams, que ayuda a que las personas con discapacidad se expresen a través de la moda- ha encontrado salones más accesibles. “Algunos tienen secadoras de pared que se adaptan a mi silla de ruedas”, dice. Ahora va a un salón donde le hacen la manicura y la pedicura en su silla de ruedas. “Colocan los recipientes de pedicura en el reposapiés y los de manicura en los reposabrazos”, explica. “En realidad, no hace falta mucho para que mi experiencia en el salón de belleza sea satisfactoria. Sólo necesito a alguien paciente, comprensivo y dispuesto a trabajar con personas con discapacidad”.

Las personas con padecimientos neurológicos que afectan su movilidad y sus movimientos suelen tener que visitar varios lugares, como Obregón, para encontrar salones de belleza que se adapten a sus necesidades y las traten con respeto y cuidado. Cuando la discapacidad no es evidente, visitar un salón de belleza puede ser aún más difícil. Lainie Ishbia, de 48 años, trabajadora social y bloguera de moda en Huntington, MI, padece la rara enfermedad neuromuscular de Charcot-Marie-Tooth y suele explicar al personal del salón sus limitaciones porque no son visibles a primera vista.

La asertividad es clave para cualquiera que necesite ayuda o atenciones, dice Ishbia, embajadora de Invisible Disabilities Association. “Si tienes una discapacidad, podrías avergonzarte al pedir cosas”, afirma. “Pero si no alzas la voz y haces que el salón entienda que debe hacer algo diferente, nada cambiará”.

La enfermedad de Ishbia afecta sobre todo a sus manos y pies. “Tengo neuropatía en las manos y me cuesta sujetar y abrir cosas”, dice. También le cuesta mantener sus manos quietas. “Mis pies están fusionados con placas de metal para evitar lesiones y no pueden girar a mi voluntad”.

Ishbia usa Google Translate para explicar su enfermedad a los técnicos de uñas que no dominan el inglés. “Escribo ‘Tengo una enfermedad neuromuscular, pero no me lastimarás si me arreglas las uñas de las manos o de los pies. Sólo son unas cosas las que debes hacer diferente’”, dice.

En un salón, Ishbia tuvo que subir cuatro escalones para alcanzar la silla de pedicura. “Puedo subir escalones, pero necesito una barandilla porque no tengo equilibrio”, dice. “Para subir, tuve que inclinarme y agarrarme de la silla para apoyarme. Por suerte, mi tronco es fuerte. Otras personas con mi enfermedad no lo hubieran logrado”. En la silla de pedicura, Ishbia tiene que quitarse los aparatos ortopédicos de sus piernas y eso puede inquietar a los empleados del salón. “Es difícil comunicar que, aunque tengo problemas en los pies, el técnico no tiene que hacer nada diferente”.

Durante la manicura, “es como si mis manos tuvieran TDAH”, dice Ishbia. “No se quedan quietas mientras aplican el esmalte o se secan”, dice. “He pasado por innumerables salones de manicura y técnicos. Pienso que ir al salón de manicura es un poco mejor que ir a que limpieza dental. Pero mis uñas necesitan más cuidados de los que yo les puedo proporcionar”.

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En mayo de 2023, Janira Obregon participó en el proyecto de un diseñador de moda para crear un mercado de marcas de moda adaptativa. Fotografía de Jennifer Li.

Más inclusión

Americans with Disabilities Act exige a los salones de peluquería y manicura tener rampas para sillas de ruedas (si hay escalones) y espacio suficiente para que se desplacen. La capacitación del personal también es importante, dice Rosana Vicario, propietaria de Studio 11 Nail Spa, en Durham, NC. “Sólo se invierte un poco más de tiempo para tranquilizar a una persona con Alzheimer o para revisar entre los dedos de los pies de una persona con problemas de movilidad y asegurarse de que no hay lesiones que puedan cicatrizar mal”.

Morgan’s Salon en San Antonio, entre cuyos clientes hay personas con autismo y discapacidad intelectual, mantiene sus luces tenues y la música suave y relajante. Los clientes pueden utilizar juguetes antiestrés o ir a un rincón tranquilo si necesitan una pausa. El salón también permite visitas gratis antes de la primera cita para que sus clientes se familiaricen con el salón y su personal identifique sus necesidades y sensibilidades. “Tomamos el tiempo que sea necesario”, dice Katrina Venzor-Vargas, directora del salón. “No queremos que nadie se sienta abrumado o molesto. Queremos que su visita sea positiva”.

Para ello, el salón cuenta con un lavabo portátil, una silla con reposapiés que facilita la transición desde y hacia la silla de ruedas, y productos sin perfume.

Barber’s Blueprint, en New York City, ha creado un espacio seguro para niños y adultos con trastornos sensoriales y necesidades especiales. “En las peluquerías hay mucho ruido de secadoras, música y de gente hablando”, dice el propietario Arthur Ishakov. “Si tienes problemas sensoriales, un corte de pelo puede ser una experiencia muy desagradable”.

Para esos clientes, Ishakov apaga la música y no utiliza secadoras ni maquinas eléctricas. También les ofrece auriculares con cancelación de ruido y juguetes antiestrés. “A la mayoría de mis clientes les va bien si les damos tiempo”, dice.

Jessica Noonan, estilista en New York, atiende a domicilio a personas que no se pueden desplazar o soportar el ajetreo de un salón de belleza. “Tengo trastorno por déficit de atención e hiperactividad, así que soy sensible a las necesidades de las personas neurodiversas”, dice. Antes de la primera visita, pide a sus clientes llenar un formulario para indicar sus problemas físicos o sensoriales; por ejemplo, la capa podría apretar demasiado su cuello. Para los clientes que pueden visitar su salón, ofrece citas antes de la hora de apertura y les entrega tarjetas que los clientes muestran si prefieren un corte de pelo en silencio. “Los salones pueden ser sitios donde se habla mucho y a algunos clientes, incluso los que no tienen discapacidades, no les gusta”, dice. “Quiero que se sientan cómodos y bienvenidos”.

Belleza en casa

Existen accesorios adaptables para quienes prefieren arreglarse el pelo o las uñas en casa. Ishbia recomienda un soporte de mesa para secadora para personas que no se cepillan o rizan el pelo mientras lo secan. Ella utiliza una secadora tres en uno con plancha y cepillo voluminizador porque la neuropatía le dificulta cepillar su pelo grueso y rizado mientras se lo seca. “No se necesita uno caro, sino uno que sea ligero y fácil de sujetar”, dice. Otro artículo de belleza adaptable que Ishbia sugiere es un cortaúñas de mesa, el cual tiene una gran almohadilla de palanca montada sobre una base estable antideslizante. “Están diseñados para personas con poco control en la mano”, explica.

A pesar de tener el cortaúñas de mesa, a Ishbia se le dificulta arreglarse las uñas y opta por el salón para su manicura y pedicura. “Puede ser humillante ir a un salón de manicura”, dice. “Pero espero que, si sigo alzando la voz, lograré que en el futuro a las personas con discapacidad les atiendan mejor sus necesidades en los salones de manicura y pedicura”.

Veronica Lorenz, maquillista en Los Ángeles, creó un delineador de ojos para personas con “habilidades de aplicación poco perfectas” (debidas quizá a discapacidad) y planea diseñar una brocha que se adapte a la forma de la cabeza y pueda ser utilizada fácilmente por personas con agarre débil. Lorenz, de 55 años, utiliza una silla de ruedas tras seis cirugías para retirar tumores en la médula espinal. “No tengo sensibilidad en mi brazo y mano derechos, y sólo sensibilidad parcial en mi brazo y mano izquierdos. Ni siquiera he intentado ir a salones de manicura. Hasta que pueda levantarme de la silla de ruedas, seguiré buscando quién me arregle el pelo y las uñas en casa”, dice.

“Cuando te arreglas y tu pelo, maquillaje y uñas son perfectos, te sientes mejor contigo misma a que si vas por ahí en chándal con tu pelo sin lavar”, dice Lorenz. “Las mujeres con discapacidad tienen derecho a esa misma confianza. Tenemos que asegurarnos de que el mundo de la belleza sea accesible para nosotras, para que podamos sentirnos bien con nosotras mismas y prepararnos para conquistar el mundo”.