La pelea de su vida
Michael Carbajal, boxeador olímpico e integrante del Salón Internacional de la Fama del Boxeo, habla sobre su lesión cerebral traumática y las crisis epilépticas subsecuentes.
Michael Carbajal, boxeador olímpico e integrante del Salón Internacional de la Fama del Boxeo, habla sobre su lesión cerebral traumática y las crisis epilépticas subsecuentes.
Cuando Michael Carbajal tuvo su primera crisis convulsiva en 1994, no pensó que tuviera relación con su carrera como boxeador. Carbajal, campeón mundial y medallista de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988, llegó a Las Vegas pero no para pelear, sino para observar una pelea. “Estaba en el baño del casino del MGM Grand”, recuerda en la casa de Phoenix que comparte con Laura Hall, su esposa y representante. “De pronto, me sentí mareado y caí. En el hospital me explicaron que tuve una crisis convulsiva y que al volver a casa consultara a mi médico. Pensé que era algo de una sola vez”.
No lo era. Lo que tuvo fue una crisis convulsiva tónico-clónica. Perdió la consciencia, su cuerpo se puso rígido y se sacudió. En ese momento no lo notó, pero esa crisis fue el primer signo evidente de que tantos años de golpes repetidos en la cabeza empezaban a dañar su cerebro.
Carbajal, conocido como “Manitas de piedra” y miembro del Salón de la Fama en la categoría minimosca, se retiró en 1999 con un récord profesional de 49-4; 33 de sus victorias por knockout. A pesar de que nunca fue noqueado, presentó daño cerebral, como descubrió después cuando varios episodios de crisis convulsivas lo llevaran al neurólogo.
“Es obvio que los knockouts influyen (en el daño cerebral)”, comenta Bert B. Vargas, MD, FAAN, profesor asociado del departamento de neurología y neuroterapéutica de University of Texas Southwestern (UTSW) en Dallas. “Sin embargo, los problemas neurológicos a largo plazo parece que se relacionan también con el número de impactos recibidos que no producen una conmoción cerebral”. Estos impactos ocurren cuando se sacude el cerebro, pero sin la violencia suficiente para causar síntomas de conmoción cerebral, como náusea, mareo y confusión. La duración de la carrera como boxeador es otro factor, comenta el Dr. Vargas, quien también es director del programa de neurología del deporte y conmoción cerebral y del programa de subespecialización en neurología del deporte en UTSW.
Carbajal tuvo una carrera larga. Conoció el boxeo a los 5 años por su difunto padre, Manuel, también boxeador y campeón de los Guantes de Oro. Carbajal aún estaba en la escuela primaria cuando le dijo: “voy a ser campeón del mundo”. A los 13 años, su padre por fin lo dejó competir. Entrenaba en el modesto garaje de su casa, ubicada en un área de Phoenix llamada “El Barrio”, un vecindario hispano célebre por su herencia cultural y por su comida mexicana.
“Rogué y supliqué hasta que por fin me dejó”, recuerda Carbajal. “Amaba la competencia cara a cara, el arte del boxeo. Se piensa que sólo es entrar y tirar golpes, pero no es así. Requiere técnica e inteligencia. Creo que lo que me hizo buen boxeador fue mi amor por el deporte, la determinación, la dedicación y el sueño de ser el número uno del mundo, el mejor de mi categoría”.
Su sueño se cumplió. En 1986, con 19 años ganó su primer campeonato Guantes de Oro. A partir de ahí se acumularon títulos, medallas y récords: 110 victorias y sólo 10 derrotas como amateur; una medalla en Panamericanos, una de plata en Seúl y como profesional, varias peleas de campeonato electrizantes. Entre ellas, la pelea en la que noqueó a Humberto “Chiquita” González en el Hilton Las Vegas y con la que ganó su segundo título mundial del Consejo Mundial de Boxeo/Federación Internacional de boxeo. La revista The Ring la llamó la pelea del año en 1994 y declaró a Carbajal el mejor boxeador libra por libra del mundo.
Sin embargo, a la par de los títulos el daño en su cerebro se acumulaba insidiosamente y sin que se diera cuenta. Después de la primera crisis en 1994, siguió peleando y ganó cuatro títulos mundiales más. El último, en 1999, fue el final más acorde para su histórica trayectoria: en una plaza de toros en Tijuana, México, venció en el round 11 a Jorge Arce y se convirtió en campeón minimosca de la Organización Mundial de Boxeo. Ese mismo año, tuvo otra crisis tónico-clónica.
Carbajal aún negaba lo que pasaba en su cabeza. Abrió su propio gimnasio cerca de su casa en Phoenix y comenzó a entrenar a la nueva generación de peleadores. “Me decían: ‘quiero ser famoso y ganar mucho dinero’ y yo les contestaba: ‘bien, pero antes debes amar el boxeo y el esfuerzo que exige. No es fácil, en verdad debes amar el entrenamiento’”.
Aún retirado, Carbajal entrenaba duro. Se levantaba temprano, preparaba los jugos de fruta que ama desde la adolescencia, corría y hacía sesiones con el saco de boxeo. Físicamente se sentía bien. Atribuía las crisis convulsivas al estrés o a otra enfermedad, pero no se percataba que olvidaba nombres o repetía frases en las conversaciones. Después de todo, su memoria a largo plazo era fabulosa. “Recuerdo todo de mi niñez”, comenta.
Después de la tercera crisis tónico-clónica en 2006, fue más difícil ignorar lo que sucedía. En especial, cuando su esposa notó otro problema: en una conversación, trabajando en el gimnasio, o sentado viendo televisión, Carbajal se “desconectaba”, en silencio miraba al vacío y hacía sonidos con los labios. Duraba unos segundos, pero cada vez era más frecuente.
Laura Hall consultó con su amigo P. David Adelson, MD, neurocirujano en Phoenix Children’s Hospital. Adelson le aclaró: “Son crisis epilépticas”. No todas las crisis se acompañan de movimientos convulsivos. Lo que presentaba eran crisis focales con alteración del estado de alerta, estas consisten en lapsos súbitos y breves de pérdida del estado de alerta, duran de 1 a 2 minutos, y en ellos la persona de pronto detiene toda actividad y fija su mirada al vacío, puede hacer sonar sus labios, jalar su ropa o realizar otros movimientos involuntarios. Pueden ser tan breves y pasar desapercibidos o confundirse con soñar despierto. Pero Hall los notaba.
El Dr. Adelson los refirió con Joseph Sirven, MD, FAAN, jefe de neurología en Mayo Clinic Scottsdale en Arizona, experto en epilepsia y editor en jefe de Brain & Life en Español. “Me tomó una MRI y me dijo: Sí, es una lesión cerebral traumática”, comenta Carbajal. “Pensé, ‘¿cómo es posible si recuerdo casi todo desde que tenía cinco años?’ No creía tener problemas de memoria pero el Dr. Sirven me dijo que la lesión afectaba más a la memoria a corto plazo y me mostró las imágenes con áreas oscuras en mi cerebro. También me dijo que las crisis focales podrían dañar más mi cerebro; pero en el día a día, es difícil notar que me pasa algo malo”.
Los medicamentos contra las crisis (antiepilépticos) las mantienen bajo control. Pero les llevó tiempo encontrar el régimen adecuado. Hall recuerda: “Unos tenían efectos secundarios horribles en los que no me reconocía o alucinaba, pero al fin encontramos el adecuado que controla las crisis y no altera algo más”.
No obstante, los problemas de memoria a corto plazo y las crisis focales persisten. “Olvido detalles como los nombres”, indica Carbajal. “Laura puede contarme algo que hice hace poco y no lo recuerdo”. Ahora es más consciente de las crisis focales y a veces puede anticiparlas. “Me mareo un poco y pienso: ‘Hombre, esto ya me ha pasado’. Intento controlarlas estando en calma y con respiración profunda”. Hall registra las crisis focales en un calendario. “No son todos los días, pero sí a menudo y en ocasiones no se da cuenta”, comenta.
La pareja trabaja en equipo para mantener a Carbajal sano y comprometido. “Para mantener su mente activa y estimularlo, le pido que haga tareas pequeñas como revisar números telefónicos o los horarios de algunos lugares”, señala Hall. “Y es un cocinero fenomenal, nos cocina casi todas las noches”.
Carbajal cree que no podría manejar bien los efectos de su lesión cerebral si no se mantuviera activo. “Entreno todos los días”, comenta, “Corro, levanto pesas, golpeo el saco y evito golpes al cuerpo o a la cabeza”. Cada día, abre su gimnasio a las 4 p.m. y entrena boxeadores jóvenes por horas. “Sus padres saben lo que me pasó y yo les digo los riesgos del boxeo. Pero honestamente, no me arrepiento, no haría nada diferente”.
“Es bien sabido que el boxeo causa lesión cerebral traumática (TBI) y encefalopatía traumática crónica (CTE)”, comenta Joseph Sirven, MD, FAAN, jefe de neurología en Mayo Clinic Scottsdale en Arizona, y editor en jefe de Brain & Life en Español. Un estudio de 2016 en Journal of Vascular and Interventional Neurology, encontró que la CTE, enfermedad cerebral degenerativa causada por golpes repetidos a la cabeza, es más grave en el boxeo que en otros deportes de alto riesgo, como el fútbol americano. “Los estudios también han demostrado que TBI se asocia a un mayor riesgo de enfermedad de Parkinson, como vimos en Muhammad Alí”, comenta el Dr. Sirven. “Al final, es un deporte cuyo objetivo es noquear a la otra persona”.
En Cleveland Clinic se lleva a cabo el estudio Professional Fighters Brain Health Study, un proyecto que involucra a más de 400 peleadores profesionales en activo (boxeadores y practicantes de artes marciales mixtas). Es el primer estudio de su clase en medir los efectos a largo plazo del traumatismo repetido en la cabeza en deportes de combate.
Dirigidos por Charles Bernick, MD, director asociado del Cleveland Clinic Lou Ruvo Center for Brain Health en Las Vegas, los investigadores desarrollaron una escala de exposición a peleas con base en factores como la edad del atleta y la duración e intensidad de las peleas. Puntuaciones altas se relacionan con un volumen cerebral menor, más evidente en las regiones del tálamo y del núcleo caudado en el cerebro y que provoca un retardo en la capacidad de resolución de problemas y en la toma de decisiones. Según los resultados de un estudio publicado en The British Journal of Sports Medicine en 2015, los cambios de volumen en el cerebro pueden presentarse apenas seis años después de las peleas, mucho antes de que se presenten los síntomas.
“Recomiendo que los menores de 18 años no se involucren en el boxeo, y si lo hacen, que no reciban golpes directos en la cabeza”, comenta Bert B. Vargas, MD, FAAN, profesor asociado en el departamento de neurología y neuroterapéutica en University of Texas Southwestern (UTSW) en Dallas y director del programa de neurología del deporte y conmoción cerebral y del programa de subespecialización en neurología del deporte.
El Dr. Bernick sugiere a las comisiones atléticas adoptar la escala de exposición a peleas para determinar el riesgo de daño cerebral de cada atleta y ayudarles a tomar decisiones sobre su salud. Desde 2016, la Nevada State Athletic Commission exige a todo boxeador y peleador de artes marciales mixtas, formar parte de una valoración periódica de salud cerebral que utiliza el sistema C3 Logix de Cleveland Clinic, una herramienta de evaluación desarrollada como parte del Professional Fighters Brain Health Study, comenta el Dr. Bernick.
“Si se eliminaran los golpes en la cabeza, se haría de este un deporte más seguro; pero muchos dirían que eso ya no es boxeo”, comenta el Dr. Vargas. “Al no ser factible, lo haríamos más seguro si durante las peleas tenemos neurólogos que identifiquen los signos y síntomas de alguien que necesita abandonar la pelea y que definan el tiempo que estará fuera del ring después de un traumatismo importante”.
Los reglamentos de las comisiones de boxeo sobre valoraciones neurológicas varían según el estado. New York tiene los requisitos más estrictos, exige a los boxeadores resultados de MRI de cerebro cada tres años. Ohio exige evaluación neurológica para peleadores mayores a 35 años, que han perdido en múltiples ocasiones o que han sido noqueados (KO o TKO). Otros estados exigen estos exámenes a peleadores mayores a 35 o 40 años. Sin embargo, la mayoría de las comisiones estatales de boxeo no requiere una evaluación neurológica.
El tratamiento para aquellos con una TBI debe ser tan holístico como sea posible, explica el Dr. Sirven. “Con tantos y tan diversos síntomas, el manejo puede ser muy confuso. Se necesita un equipo de cuidados (neurólogo, psicólogo y médico de atención primaria) que trabaje en conjunto para ayudarle a manejar todos los aspectos de su salud física y mental”. Los hábitos saludables son fundamentales, indica el Dr. Sirven. “Comer y dormir bien, mantenerse físicamente activo y manejar el estrés. Además, darse cuenta que la vida ya no será la misma y sólo esforzarse por hacer lo mejor que pueda”.
Para obtener información en inglés sobre la prevención, identificación, diagnóstico y tratamiento de una conmoción cerebral, visite AAN.com/Concussion.