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By Paula Derrow

Cómo manejar la ansiedad durante la pandemia

Lidiar con un padecimiento neurológico crónico es muy estresante. Durante COVID-19, el manejo de la ansiedad podría requerir medidas adicionales. A continuación se presentan consejos y la respuesta de los pacientes.

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Ilustración de Gracia Lam

Antes de la noche de noviembre de 2017 en la que Jane Percy tuvo un ataque cerebrovascular, nunca se consideró una persona ansiosa. De hecho, la entrenadora en bienestar se consideraba adepta a ayudar a otros a manejar su estrés. El ataque ocurrió mientras Jane dormía, paralizó su lado izquierdo y afectó su equilibrio emocional. “No dejaba de pensar en lo acelerado de mi corazón; un mes después del ataque cerebrovascular tuve el primer ataque de pánico”.

Eso desencadenó un ciclo de preocupación constante. “Los médicos decían que el primer ataque cerebrovascular aumenta el riesgo de otro”, menciona Jane. “Si eso no basta para sentirse vulnerable, no sé qué lo será”. La pandemia de COVID-19 ha aumentado su estrés. “Hay una sensación persistente de temor y ansiedad que se suma al duelo de perder nuestro estilo de vida”, indica Jane, de 73 años y que vive en Stonington, CT.

La ansiedad es natural después de un ataque cerebrovascular, o después del diagnóstico de un padecimiento neurológico crónico, como esclerosis múltiple (EM) o enfermedad de Parkinson, en los cuales la evolución podría ser incierta y, quizás, debilitante. Sin embargo, cuando todo el mundo experimenta un aumento de la ansiedad por su salud y la de sus seres queridos, se agrega una carga emocional.

“Al igual que otras personas con EM, me acostumbré a lidiar con lo desconocido de mi enfermedad”, comenta Ali Salama, de 46 años, ex-ejecutiva editorial en New York City y diagnosticada hace una década.

“Me he apoyado en la medicina y en los tratamientos para mantener mis síntomas bajo control, pero esta pandemia me provoca más ansiedad de la habitual, insomnio y que coma por estrés”.

También le preocupa su vulnerabilidad al virus. Debido a los medicamentos modificadores de la enfermedad, su sistema inmune está comprometido. “Me preocupa mi cuerpo y cómo podría manejar el coronavirus”.

Muchos estamos estresados, pero hay una diferencia entre una preocupación normal y la que interfiere con el sueño, con la capacidad para trabajar o enfocarse, para disfrutar la comida o para encontrar momentos de felicidad. “Depende del nivel”, señala Anjail Z. Sharrief, MD, profesora asociada de Neurología en McGovern Medical School en UTHealth en Houston.

“Después de un ataque cerebrovascular, la mayoría se preocupa por la posibilidad de tener otro”, comenta la Dra. Sharrief, coautora de un estudio en el 2019 publicado en Journal of Stroke and Cerebrovascular Diseases en el que se encontró que casi 21 por ciento de los sobrevivientes de ataque cerebrovascular tenían síntomas de ansiedad moderada a grave. “No obstante, cuando un paciente no duerme por el miedo a tener otro ataque, o duda de hacer ciertas actividades, debe atenderse”.

La ansiedad también puede ser producto de la enfermedad, la cual puede afectar la química del cerebro y provocar cambios emocionales. “ Más de un tercio de pacientes con enfermedad de Parkinson tendrá ansiedad, depresión, o ambas”, comenta Irene Richard, MD, FAAN, profesora de Neurología y Psiquiatría en University of Rochester School of Medicine and Dentistry en New York. “Creemos que es producto de la enfermedad subyacente que altera los circuitos cerebrales y la neuroquímica”. De hecho, señala, el aumento de la ansiedad es un síntoma común temprano de enfermedad de Parkinson. “Se piensa en la enfermedad de Parkinson como una alteración del movimiento, pero puede afectar todas las funciones cerebrales, incluyendo la cognición y las emociones”, indica la Dra. Richard.

Sheryl Jedlinski, periodista independiente en Palatine, IL, siempre ha sido aprensiva. Cuando se le diagnosticó enfermedad de Parkinson en 1997, a los 44 años, su ansiedad empeoró. “Me obsesionaba pensando en qué me pasaría y si llegaría a ver a mis nietos”, comenta. Su neurólogo la incluyó en ensayos clínicos que implicaban ejercicio y prescribió medicamentos con propiedades ansiolíticas. “Después, conocí a otras personas con enfermedad de Parkinson que veían un futuro con la enfermedad y me di cuenta de que era algo manejable”. Se involucró en promover la investigación y eso ayudó a distraerse de sus temores.

No ignore la ansiedad

Pese a que es frecuente y a que se asocia con peores resultados y a tasas más altas de mortalidad, es común que la ansiedad después de un ataque cerebrovascular se trate de forma inadecuada. “Después del ataque, es común que los médicos se enfoquen en si la persona puede caminar o ver”, señala la Dra. Sharrief. “No obstante, incluso los pacientes que recuperan todas sus funciones, aún podrían preocuparse por no funcionar como antes”.

Jane se percató que seguía comparando su estado recuperado con el de antes del ataque. “Después del ataque, me costaba vestirme sola y lo que implicaba ambas manos y mantener el equilibrio, era todo un desafío”, menciona. “En cada actividad escucho un susurro: ‘antes podías hacer esto o aquello’”. Ese susurro es un circuito de retroalimentación constante, estresante y agotador, y se ha hecho más audible por COVID-19.

A pesar de todo, la pandemia podría ser positiva para los pacientes neurológicos, considera la Dra. Sharrief. “El personal de salud se enfoca más en resultados centrados en el paciente, como calidad de vida o estado emocional, incluido la ansiedad. Así, se pueden diseñar intervenciones más útiles y efectivas”.

Varias actividades ahora se realizan en línea y no en persona y “eso podría ser un lado positivo de esta crisis”, agrega la Dra. Richard. “Muchas personas con problemas neurológicos tienen ansiedad de salir o de estar en grupo, y para ellos la oportunidad de participar en actividades virtuales podría ser algo bueno, incluso después de la pandemia”.

Debido al cierre, los pacientes se preocupan por sus citas médicas y por sus medicamentos. “Ahora hacemos llamadas telefónicas y consultas de telemedicina por video y enviamos los medicamentos a los pacientes”, comenta la Dra. Richard.

Jedlinski dice que es un manojo de nervios desde que inició la pandemia. “La imprevisibilidad del virus me da pánico”, señala. Para calmar sus miedos, utiliza varias estrategias: una hora de noticias al día, llamar a sus amigos y buscar humor en toda situación. También narra sus experiencias en su blog LivingWellWithParkinsonsDisease.com. “Mi esposo también ayuda”, indica, “es una persona muy tranquilizadora”.

Jane comparte sus preocupaciones con su médico y maneja su ansiedad de distintas formas. A veces toma una dosis baja de lorazepam (Ativan) si se siente agobiada, y practica qigong, un arte marcial que combina movimientos suaves y ejercicios de respiración y consciencia plena. Los ejercicios de respiración también son útiles: inhalar por la nariz contando hasta cuatro, sostener la respiración contando hasta cuatro otra vez, y exhalar por la boca contando hasta ocho. “Cuando hago respiración consciente, imagino música tranquila y me calmo”, menciona Jane, quien también entrena con intervalos de alta intensidad. “Además de mejorar mi rendimiento, me ayudan con el estado de ánimo”.

También ama las caminatas. Sin embargo, lo que más le beneficia es pensar en aquello por lo que está agradecida — incluso en estos tiempos. “Tener una ‘actitud de gratitud’ fue importante en los primeros días de recuperación”, indica, “y con COVID-19, aún lo es”.


Formas sabias de apartar las preocupaciones

La ansiedad asociada a un padecimiento neurológico, a la pandemia de COVID-19, o ambos, no es algo para avergonzarse. En muchos casos, la ansiedad es producto de la enfermedad neurológica. Hable con su médico si tiene síntomas como tensión, nerviosismo, o sensación de peligro inminente; respiración rápida; problemas para dormir o concentrarse; o problemas gastrointestinales.

“Es importante que los médicos busquen los síntomas y que los pacientes hablen de ellos”, indica Anjail Z. Sharrief, MD, profesora asociada de Neurología en McGovern Medical School en UTHealth en Houston. “Aun cuando un paciente pueda caminar, hablar y ver, si está muy ansioso para trabajar, socializar o interactuar con sus seres queridos, terminará sintiéndose miserable”.

El tratamiento de la ansiedad requiere un plan personalizado multidisciplinario. Las siguientes son estrategias que puede hablar con su médico.

Medicamentos. Su médico podría prescribir antidepresivos — como citalopram (Celexa), fluoxetina (Prozac, Sarafem), o venlafaxina (Effexor) — o benzodiacepinas como lorazepam (Ativan), que pueden brindar alivio temporal en situaciones muy estresantes. Tenga cuidado al iniciar el tratamiento con benzodiacepinas ya que podrían desarrollar tolerancia y volverse adictivas. También pueden causar delirio y falta de equilibrio en personas mayores.

No todos los medicamentos se adecúan a todos los pacientes. “Durante mucho tiempo, los médicos asumieron que fármacos como venlafaxina y paroxetina (Paxil), podrían funcionar bien en la ansiedad de la enfermedad de Parkinson, ya que se utilizan para tratar depresión y ansiedad en la población general”, comenta Irene Richard, MD, FAAN, profesora de Neurología y Psiquiatría en University of Rochester School of Medicine and Dentistry en New York. “Hicimos un estudio sobre estos fármacos en pacientes con enfermedad de Parkinson y depresión, y encontramos que mejoraban los sentimientos de depresión, pero nos sorprendió ver que no tenían gran efecto en la ansiedad”.

Buspirona (Buspar) es otro medicamento muy utilizado para la ansiedad, pero podría no ser buena opción en la enfermedad de Parkinson. En un pequeño estudio piloto realizado por la Dra. Richard y sus colegas, muchos participantes que recibieron buspirona no completaron el estudio por sus efectos colaterales, como agravar los síntomas de su enfermedad.

Terapia. Hablar con un terapeuta sobre sus miedos podría ayudar. La terapia cognitiva conductual (CBT, del inglés cognitive behavioral therapy) es una forma de terapia de conversación a corto plazo diseñada para modificar respuestas emocionales inadecuadas ante estímulos mediante el cambio de pensamientos y comportamientos. La CBT también es efectiva, indica la Dra. Sharrief. Así, cuando el paciente siente ansiedad enfoca su atención en otra cosa: llamar a un amigo, escuchar música alegre, salir a caminar, o realizar una actividad placentera, como cocinar. Aunque los medicamentos podrían funcionar más rápido, CBT podría ser más sostenible por lo que algunos pacientes optan por ambos, señala la Dra. Sharrief.

Ejercicio. La actividad física regular tiene beneficios calmantes. Un metaanálisis de 2019 en Depression & Anxiety informó que el ejercicio vigoroso ayuda a controlar la ansiedad. También puede reducir los síntomas relacionados con varios padecimientos neurológicos, como la enfermedad de Parkinson. “El ejercicio cardiovascular diario, más que cualquier medicamento, podría enlentecer el deterioro funcional e, incluso, modificar la progresión de la enfermedad de Parkinson, comenta la Dra. Richard, quien recomienda que durante COVID-19 los pacientes busquen clases en línea adecuadas a sus habilidades o enfermedad. (Para más ideas de ejercicios en casa, lea Ocho formas de mantenerse activo en casa).

Conciencia plena. El yoga y la meditación están bajo estudio por su impacto en la ansiedad y depresión después de un ataque cerebrovascular, indica la Dra. Sharrief. “Aún no hay evidencia suficiente para establecer beneficios definitivos, pero algunos de nuestros pacientes disfrutan estas técnicas y reportan buenos resultados. “De acuerdo con uno de los pocos ensayos clínicos, publicado en JAMA Neurology el 2019, los pacientes con enfermedad de Parkinson que participaron en un programa de yoga y meditación durante ocho semanas informaron mayor alivio psicológico y mejor calidad de vida que los pacientes que no realizaron el programa. En un estudio del 2019 en la revista Stroke, del cual es coautora la Dra. Sharrief, se encontró que las intervenciones mente-cuerpo fueron prometedoras para aliviar la ansiedad en pacientes con ataque cerebrovascular, aunque se requiere más investigación. Después de su ataque en 2017, la entrenadora en bienestar Jane Percy comenzó con meditación bondadosa- amorosa. “Ser compasivo con uno mismo y con otros, ayuda a lidiar con la ruidosa radio en mi cabeza”. (Para más información y recursos sobre concientización, lea “Cómo es que practicar la concientización puede aliviar el estrés”).

Conexión. A veces las cosas más simples son las más eficaces para aliviar la ansiedad. Para Ali Salama, que solía sentirse abrumada por la ansiedad, eso significa conectar con amigos y familiares por videollamada o compartir memes o videos divertidos. “Aislarse es difícil”, comenta, “pero conversar y enviar mensajes a mis amigos ha aligerado la carga. A pesar de no estar juntos en la misma habitación, me ayuda a saber que estamos unidos en esto y que lo superaremos”.