Cuide su espalda
Casi ochenta por ciento de estadounidenses experimentará dolor lumbar en algún momento de su vida. Siga nuestro plan recomendado por neurólogos para vencer a las estadísticas.
Casi ochenta por ciento de estadounidenses experimentará dolor lumbar en algún momento de su vida. Siga nuestro plan recomendado por neurólogos para vencer a las estadísticas.
Es fácil descuidar la espalda, hasta que duele. Basta preguntar a Glenda Beattie. Su dolor lumbar comenzó hace casi 15 años y empeoró con el tiempo, “inició como un dolor agudo y quemante en medio del trasero y subía al costado izquierdo de mi espalda baja. Después se volvió una sensación ardorosa constante, como si tuviera algo atorado”, recuerda Beattie, de 59 años, madre de cinco y cuidadora en un hospital de cuidados en Roanoke, VA. Con el tiempo, el dolor fue tan intenso que interrumpía su trabajo y no podía caminar. Intentó con ibuprofeno y con fisio y acuaterapia, pero no fue suficiente. No quería analgésicos más fuertes por lo que acudió con un neurólogo especialista en manejo del dolor. Una radiografía reveló el problema: estrechamiento y degeneración de la articulación sacroilíaca, la que une al sacro (hueso triangular en la base de la columna) con la pelvis. En febrero de 2018, su médico inyectó esteroides en la articulación y el dolor mejoró drásticamente.
Casi 80 por ciento de los adultos ha experimentado dolor lumbar en algún momento de su vida, comenta el neurólogo Shaheen E. Lakhan, MD, PhD, jefe del área de manejo del dolor en Carilion Clinic en Roanoke, VA. Un estudio publicado en Journal of Manipulative and Physiological Therapeutics en septiembre de 2016, en el que se evaluaron datos de la National Health Interview Survey de 2010, encontró que 26 por ciento de los trabajadores en Estados Unidos expresó haber experimentado dolor lumbar en los últimos tres meses. “A medida que se envejece el dolor lumbar es más frecuente, por lesiones, aumento de peso, sedentarismo, artritis vertebral, y pérdida de hidratación y altura de los discos”, explica Mark Bailey, DO, PhD, profesor de neurología y anestesiología en University of Alabama en Birmingham.
Hay dos tipos de lumbalgia: aguda y crónica. La lumbalgia aguda es a corto plazo y, casi siempre, se resuelve de forma natural después de días o semanas; tiende a ser musculoesquelética, es decir, se origina de una lesión o distensión muscular, o por una alteración en el modo en que la columna, discos o nervios se conectan y mueven. En contraste, la lumbalgia crónica se define como dolor que dura 12 semanas o más, indica Ligia Onofrei, MD, profesora asistente de neurología en University of Utah en Salt Lake City. Con frecuencia se debe a esguinces, torceduras o espasmos; degeneración, rotura o herniación de disco vertebral; artritis vertebral; radiculopatía (compresión de una raíz nerviosa en la columna); o estenosis vertebral (estrechamiento del canal medular que presiona a la médula espinal y a sus nervios), entre otras causas.
No es claro cómo o por qué el dolor lumbar agudo se vuelve crónico. Una teoría es que el cerebro produce una sensación de dolor aún en ausencia de un estímulo que lo cause; por ejemplo, después de que una lesión ha sanado. Esto se conoce como sensibilización central. Otra teoría relaciona factores psicológicos: “cuando las personas catastrofizan su dolor (piensan que es peor de lo que realmente es), se vuelve la parte central de su vida”, explica el Dr. Lakhan.
Según un informe publicado en The Lancet en marzo del 2018, la probabilidad de desarrollar lumbalgia aumenta por factores de riesgo como tabaquismo, actividades ocupacionales (cargar, empujar o jalar peso) o depresión y ansiedad. El tabaquismo aumenta el riesgo de lumbalgia al favorecer la inflamación y afectar el suministro de oxígeno a los tejidos, explica Daniel Menkes, MD, profesor y jefe de neurología en Oakland University William Beaumont School of Medicine en Rochester, MI.
El médico de Beattie sospecha que su lumbalgia se originó por haber tenido cinco hijos y levantar pacientes en su trabajo. Además, “las mujeres son más propensas a la lumbalgia que los hombres” por razones que no se comprenden bien, pero que podrían relacionarse con factores hormonales, diferencias en la estructura pélvica y menor densidad ósea, indica el Dr. Menkes. Si, además, tiene osteoporosis o usa corticosteroides por periodos prolongados, tendrá mayor riesgo de fracturas por compresión, indica el Dr. Lakhan.
En muchos casos, una historia clínica y neurológica con exploración física por un médico podrán eliminar la preocupación de que un problema más serio (por ejemplo, un tumor o fractura), sea el causante del dolor. Durante la exploración, el médico buscará puntos sensibles y cambios en reflejos, fuerza muscular o sensibilidad, entre otros signos. Le pedirá que describa cómo es el dolor, dónde se localiza, cuándo comenzó, qué lo mejora o empeora, si limita sus movimientos, y si padece algo más que se relacione con el dolor (como artritis reumatoide o fibromialgia) u otros síntomas (como debilidad o pérdida de sensibilidad en extremidades). Si su médico sospecha que una infección, cáncer, fractura o enfermedad inflamatoria pudieran causar el dolor, podría solicitar radiografías o una resonancia magnética.
La mayoría de los médicos animan a sus pacientes a reanudar su rutina. “Recomendamos regresar a las actividades normales como caminar y estar activos en su hogar”, comenta la Dra. Onofrei.
También es útil que los pacientes conozcan las causas de su dolor. Un estudio publicado en JAMA Neurology en abril del 2018, encontró que las personas con lumbalgia crónica pueden reducir su dolor y mejorar su función física y mental si aprenden más sobre sus causas y cambian su forma de pensar en él.
Al igual que otras actividades amigables con el cuerpo y la mente, como el yoga o el tai chi, la fisioterapia y la terapia ocupacional mejoran la función. En un estudio publicado en Annals of Internal Medicine en julio del 2017, investigadores compararon yoga y fisioterapia para dolor lumbar crónico, y encontraron eficacia similar para mejorar el dolor y la función. En contraste, “la inactividad física empeora el dolor de espalda, los músculos axiales del cuerpo (músculos del abdomen, pelvis, caderas y espalda) se debilitan y son los que usualmente mantienen la espalda recta”, comenta el Dr. Bailey.
Los tratamientos no farmacológicos como acupuntura, masajes terapéuticos, biorretroalimentación, manipulación vertebral/terapia quiropráctica, y terapia cerebral cognitiva (en inglés CBT) también ayudan. “La ciencia detrás de CBT para lumbalgia es sólida”, comenta el Dr. Bailey. “[Se trata de] aprender a vivir con dolor y no dejarlo que domine”. En un estudio publicado en JAMA en marzo del 2016, investigadores evaluaron la eficacia de la reducción de estrés basada en atención plena (en inglés MBSR), un programa que enseña a las personas a calmar mente y cuerpo para sobrellevar dolor y estrés, y lo compararon con CBT, que capacita a las personas a cambiar pensamientos y comportamientos relacionados con el dolor, y también con los cuidados habituales que reciben los adultos con dolor lumbar. Encontraron que aquellos tratados con MBSR o CBT mejoraron significativamente su dolor y limitaciones funcionales después de 26 semanas, comparados con aquellos bajo cuidados habituales.
Una revisión de la evidencia sobre el tratamiento farmacológico para dolor lumbar publicado en The Lancet en junio del 2018, destacó que las guías prácticas actuales en Estados Unidos establecen que los antiinflamatorios no esteroideos (en inglés NSAID) y los inhibidores selectivos de la recaptación de noradrenalina (en inglés SNRI) son buenos tratamientos secundarios para el dolor lumbar persistente. El uso rutinario de opioides no se recomienda porque sus beneficios son pequeños y los riesgos de uso inadecuado o adicción son altos. Asimismo, el paracetamol o acetaminofeno, alguna vez el tratamiento de primera elección para lumbalgia, ya no se recomienda por el riesgo a largo plazo de daño hepático y renal, entre otros problemas. Los anticonvulsivos ahora son reconsiderados después de que un estudio del 2017 encontró que la pregabalina era ineficaz para dolor radicular, según la revisión en The Lancet. Las guías prácticas también señalan que los médicos deben considerar tratamiento farmacológico sólo si la respuesta a las opciones no farmacológicas de primera elección es inadecuada.
Algunas de las mejores intervenciones para el dolor lumbar están a su alcance en la forma de ajustes al estilo de vida. A continuación, se describen algunas medidas eficaces recomendadas por expertos:
Para leer la versión en inglés de este artículo, publicada en línea en octubre/noviembre de 2018, visite: BrainLifeMag.org/LowBackPain.