
Mientras Esmeralda Santiago cocinaba pensó que uno de los personajes de su nueva novela llevaría un arma en la mano. Cuando regresó a la computadora para escribirlo, no recordaba la palabra.
“Si no encuentro la palabra en inglés, la pienso en español y eso me da la palabra en inglés; pero no la recordaba ni en inglés ni en español”, comenta. “No sabía cómo buscarla en Google. ¿Un palo con dos puntas? Escribí XXX y seguí con el párrafo siguiente pensando que después la encontraría. ¡Me tomó tres días! Mientras veía una película ambientada en Inglaterra, alguien dijo ‘catapulta’ y supe que era algo parecido, busqué sinónimos y encontré honda”.
Olvidar palabras ocurre con más frecuencia de la que Santiago quisiera admitir. Es un remanente de su ataque cerebrovascular hace 12 años. Para una escritora — Santiago es conocida por sus memorias When I Was Puerto Rican y The Turkish Lover, y las novelas America’s Dream y Conquistadora, entre otras — es muy frustrante. “Antes me sentaba y escribía hasta 15 páginas por día; ahora me conformo con 2 o 3. Es el resultado a largo plazo: mi cerebro es más lento. Por supuesto, también es parte de ser mayor, para no culpar de todo al ataque”.
Santiago tenía 60 años cuando notó que algo no andaba bien. Una sensación de lentitud progresó a incapacidad para leer la pantalla de su computadora, todo era garabatos. Una tomografía mostró un coágulo en el área de Wernicke, región cerebral esencial para comprender el lenguaje. El ataque cerebrovascular fue pequeño y de alcance limitado—no tuvo problemas de movimiento, por ejemplo—pero pasarían meses antes de poder hablar y leer con fluidez, y otros más para escribir. Pasó horas leyendo libros infantiles, se enseñó a leer cada palabra y cada enunciado, como cuando aprendió inglés a los 13 años.

ESMERALDA SANTIAGO
Edad al momento del ataque: 60 años
Año que sufrió el ataque: 2008
Qué ayudó: hábitos saludables
Qué hizo daño: fibrilación auricular
Moraleja: la recuperación es un proceso continuo; toma tiempo, pero llega.
Años después, Santiago cree haber recuperado 98 por ciento de sus habilidades lingüísticas en inglés y cerca del 80 en español. “En español no leo tanto como antes, es más difícil, y en inglés leo mucho por mi trabajo. A veces escucho a los mayores decir: ‘De niño hablaba Yiddish con mis padres y ahora puedo hacerlo otra vez’. Espero que mi español mejore con la edad”.
Aunque Santiago se mantiene activa y saludable — practica yoga, nunca ha fumado y casi no bebe — tiene fibrilación auricular, una arritmia cardiaca que la hace cinco veces más propensa a un ataque cerebrovascular. Para prevenir recurrencias, toma una dosis diaria del anticoagulante warfarina (Coumadin), el cual aumenta el riesgo de sangrado. “Un procedimiento tan simple, como una cirugía dental, se puede complicar por el sangrado. En invierno uso un humidificador en mi habitación porque despertaba con sangrados nasales espontáneos”. La primera vez, una enfermera le colocó una gasa en la nariz. “Días después, sucedió de nuevo y un doctor cauterizó el área que sangraba mas”, señala. “Aún me sangra la nariz, pero ahora hago presión y me siento unos 15 minutos, eso parece detener el sangrado”.
Para las habilidades lingüísticas, Santiago resuelve crucigramas y rompecabezas de palabras, y un juego que la reta a formar palabras con siete letras. También es una lectora voraz: “me ayuda con los sinónimos siempre que caigo en uno de esos agujeros. Cuando me recuperaba del ataque y no podía leer, usé audiolibros. Desde entonces, prefiero leer en papel, obtengo más del texto cuando lo leo en un libro físico”.
Además se enfoca en su trabajo. Ha escrito borradores para unas memorias y una novela que ha puesto en un cajón. “Ahora escribo otra novela y me olvido de la que está en el cajón”. La nueva es contemporánea y la otra es en el siglo XIX. “Sólo escribo sobre Puerto Rico y su gente; y escribo sobre las mujeres porque pienso que somos maravillosas y demasiados los miles de años de historia escritos por hombres y sobre hombres. Siento la obligación de escribir sobre las mujeres y, en especial, sobre aquellas de donde vengo y que han sido olvidadas”.
La lucha por encontrar palabras ocurre, casi siempre, cuando escribe, pero le ha ocurrido durante conversaciones, presentaciones, o incluso en lecturas. “Es aterrador antes de subir al escenario”, comenta. Para compensar, escribe sus presentaciones y no usa notas como solía hacer. “Me digo: ‘No tendrás uno de esos momentos en blanco’, pero aún así, a veces sucede. Explico a mi audiencia que tuve un ataque cerebrovascular y que a veces una palabra cae en un agujero y no puedo recuperarla. Muchas veces alguien dice: ‘¿Tratabas de decir X?’, y respondo: ‘¡Gracias!’”
Santiago sabe que su ataque la hace propensa a otro, y admite pensar “¿vendrá otro?” cuando le duele la cabeza. “Escucho a mis médicos, confío y tengo una buena relación con ellos. Cuando tengo un dolor o molestia, o surge algo raro no busco en internet; es un laberinto sin salida. Llamo a quien está capacitado y me mantengo lo más positiva posible aunque es común que tenga miedo. He aprendido a reconocerlo, a recordarme qué puedo hacer para sobrellevarlo y tratar de superarlo”.

GARY GOULD
Edad al momento del ataque: 77 años
Año que sufrió el ataque: 2018
Qué ayudó: estilo de vida y buena salud
Qué hizo daño: ignorar los síntomas durante 14 horas
Moraleja: no tarde en buscar ayuda — los síntomas no mejorarán.
Cuando Gary Gould despertó a las 3 a.m. del 11 de julio de 2018 sin sensibilidad en el brazo derecho, el asesor fiscal pensó que durmió mal. Se encogió de hombros y volvió a dormir. La mañana siguiente recobró algo de sensibilidad, pero no podía hacer tareas simples. “Encendí la computadora y no controlaba mi mano derecha”, comenta Gould. “Pensé: ‘esto no es bueno, pero quizá mejore y desaparezca’”. Hasta la tarde y sólo después de que dos amigos insistieran, aceptó ir al servicio de emergencias.
A su llegada y después de una resonancia y una tomografía, se le diagnosticó ataque cerebrovascular isquémico. “El doctor mostró una imagen de mi cerebro con cinco puntos pequeños del lado izquierdo, los cuales, dijo, era probable ocurrieran al romperse un coágulo más grande”. Al romperse en fragmentos pequeños, el bloqueo fue menor y redujo la gravedad del ataque, según el médico.
Su cobertura Medicare le proporcionó cuidados excelentes, incluidos tres días en el hospital bajo supervisión estrecha. Varias veces al día, sus cuidadores lo llevaban a dar caminatas cortas para evaluar su capacidad ambulatoria. “El neurólogo creía que no tendría efectos persistentes y no recomendó cuidados en casa”, señala. Semanas después del ataque, Gould utilizaba todo su brazo derecho y había regresado a su rutina normal.
Gould atribuye su suerte a su estilo de vida saludable que incluye caminar, cuidar su peso y no beber ni fumar. También toma medicamentos para controlar la presión sanguínea y el colesterol desde que tuvo un infarto en 1995. Después del ataque, Gould fue diagnosticado con fibrilación auricular y se le indicó warfarina para prevenir coágulos. Una vez al mes revisa su sangre para mantener los tiempos de coagulación en intervalos terapéuticos.
Por su edad, el ataque de Gould no fue inusual — casi la mitad de todos los ataques cerebrovasculares ocurre en personas mayores de 75 años, según un informe publicado en el número del 27 de junio de 2018 de Current Gerontology and Geriatrics Research. Sin embargo, su recuperación es excepcional: el mismo informe menciona que los pacientes en este grupo de edad tienen menores tasas de supervivencia, desenlaces funcionales más deficientes y estancias hospitalarias más prolongadas. El médico de Gould considera que tuvo una recuperación completa porque la gravedad disminuyó por la fractura del coágulo.
Igual de excepcional es el pasatiempo de Gould. Casi todos los fines de semana se le ve en un club de Denver bailando y cantando rap con su banda. “Los que nos ven por primera vez siempre destacan porque sus teléfonos salen para tomarme una foto”, cuenta mientras ríe. Desde su ataque, Gould dice a cualquiera que escuche: “Si te ocurre, no tardes, porque no mejora ni desaparece”.

KELLY FUCHECK
Edad al momento del ataque: 32 años
Año que sufrió el ataque: 2011
Qué ayudó: su juventud
Qué hizo daño: no llamar al 911; obesidad; tabaquismo; dieta deficiente; etnicidad hispana, un factor de riesgo para ataque cerebrovascular
Moraleja: cuida tu salud — nunca es demasiado tarde.
Hace ocho años, Kelly Fucheck despertó sintiéndose mal. Su corazón retumbaba, la nuca ardía y sus palabras eran incoherentes. Cuando se levantó para vestirse, casi se cae. “Mi esposo quería llevarme al hospital, pero no lo dejé. Los mexicanos pensamos que el Tylenol arregla todo”, bromea.
Pese a un segundo episodio de vértigo esa noche, Fucheck esperó dos días para ir al hospital. La resonancia y tomografía mostraron un desgarre de la arteria vertebral que provocó un coágulo y un ataque cerebrovascular isquémico en la región posterior de su cerebro. En los jóvenes, la inflamación alrededor de la lesión puede aumentar la presión en el cráneo y poner en riesgo la vida. Los 10 días que Fucheck permaneció en el hospital, recibió líquidos IV y medicamentos para controlar la presión sanguínea y reducir el estancamiento y la presión en su cerebro.
Antes del ataque, Fucheck era sedentaria, fumaba, comía muchos alimentos procesados y comida rápida, y tenía 70 libras de sobrepeso. Después del ataque, su médico insistió en que dejara de fumar, se ejercitara y cambiara su dieta. Tardó más de un año en aplicar los cambios. Su médico sugirió comenzar con dos minutos en la caminadora. La primera vez fue la más difícil, comenta, pero continuó por el bien de su hijo de tres años. A los seis meses ya corría. También cambió su dieta y aprendió a cocinar más saludable.
En 2013, Fucheck dio a luz a su segunda hija, Lillian. “En verdad tuve un embarazo maravilloso gracias a que comía sano y me mantenía activa”, señala. Ha corrido seis medios maratones y entrena Cross-Fit. Dejó de fumar, vigila su presión sanguínea y bebe con moderación. Toda la familia come sano y es más activa. Su esposo dejó de fumar y se ejercita con ella cinco días a la semana.
“El ataque cambió mi vida para bien”, comenta. “Sobrevivir me dio la oportunidad de servir a otros y la voy a aprovechar al máximo”.
Tres consejos para disminuir el riesgo de ataque cerebrovascular
La American Stroke Association establece que cuidar su corazón es la mejor forma de prevención. Nuestros expertos recomiendan lo siguiente.
- Ejercicio. Realice 150 minutos o más de ejercicio aeróbico moderado por semana, comenta Sara K. Rostanski, MD, profesora asistente de Neurología en NYU Langone Medical Center y directora médica de ataque cerebrovascular en Bellevue Hospital. 30 a 60 minutos, 5 a 7 días por semana, sugiere Sarah Song, MD, FAAN, especialista en ataque cerebrovascular en Rush University Medical Center en Chicago. Evite permanecer sentado, agrega la Dra. Rostanski. “Sentarse es el nuevo tabaquismo”, señala. “Si no tiene un escritorio de pie, camine durante el día”.
- Mantener una presión sanguínea normal. “Estudios recientes sugieren que 120/70 mmHg o menor es la presión ideal para prevenir un ataque”, comenta Antonio Culebras, MD, FAAN, profesor de Neurología en SUNY Upstate Medical University en Syracuse. Si su presión es alta, hable con su médico.
- Seguir una dieta saludable para el corazón. La dieta mediterránea es un buen comienzo, indica la Dra. Rostanski. “Evite grasas trans y limite carnes rojas y alimentos procesados y refinados”, aconseja. En cambio, coma más granos enteros, vegetales, frutas, semillas, yogur y pescado. El Dr. Culebras agrega una dieta baja en sodio (hasta 2 o 3 g por día).