Al inicio de la pandemia, en varios lugares del mundo se informó de manera anecdótica, pérdida del sentido del olfato (anosmia) y del gusto (ageusia) asociados al coronavirus. A finales de marzo, ENT UK — la sociedad de especialistas en otorrinolaringología del Reino Unido — alertó sobre la evidencia en Corea del Sur, China e Italia de que “cantidades significativas” de personas positivas a COVID-19 perdieron el sentido del gusto y del olfato. (La pérdida del gusto es una manifestación frecuente de la pérdida del olfato). Para algunos pacientes, la pérdida del olfato fue el único síntoma que tuvieron, para otros, sucedió junto a otros síntomas, como fiebre.
Basado en este y otros estudios, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó ambos síntomas en la lista oficial para COVID-19. Incluso antes que la OMS, la American Academy of Otolaryngology-Head and Neck Surgery ya recomendaba considerarlos para detectar COVID-19.
Es importante confirmar la pérdida del olfato como síntoma de COVID-19, en especial la de aparición temprana, por varias razones: debe alertar a las personas para que, si la experimentan, contacten a su médico para realizar pruebas, y para que vigilen otros síntomas, o iniciar cuarentena para reducir la posibilidad de transmitir el virus.
Se están haciendo estudios para determinar cómo se produce la pérdida del olfato en COVID-19. La exploración clínica en humanos y los estudios en ratones sugieren que el virus induce inflamación y tumefacción de la cavidad nasal, las cuales dañan las células receptoras olfatorias (denominadas en conjunto con el nervio olfatorio), y a otras células en la región olfatoria. La influencia del virus en el nervio olfatorio podría alterar, de forma temporal o permanente, la capacidad de las personas para oler. Investigadores en Harvard creen que el virus afecta a las células dentro de la nariz y no al nervio olfatorio. Algunas personas con COVID-19 que han perdido ambos sentidos, informaron que recuperaron su función pocas semanas después, muchos otros aún no lo hacen.
La pérdida del olfato es común en padecimientos neurológicos como enfermedad de Alzheimer, esclerosis múltiple, enfermedad de Parkinson o neuropatías craneales (daño en los nervios del cerebro o en el tallo cerebral), y puede ocurrir después de una infección viral común. También puede resultar por otras causas médicas como congestión o pólipos nasales, lesión de los nervios que controlan el olfato por cirugía o traumatismo en la cabeza, exposición a químicos tóxicos (pesticidas o solventes), medicamentos (antiinflamatorios o antibióticos), radiación para tumores de cabeza o cuello, problemas hormonales, envejecimiento o uso de cocaína.
Aunque podría no parecer significativo, si se compara con otros problemas de salud, podría tener consecuencias trascendentales: por ejemplo, ser incapaz de percibir humo o una fuga de gas, o identificar si la comida se ha descompuesto. También podría provocar deficiencias nutricionales, pérdida de peso, y aislamiento si se vuelve deprimente comer con otros cuando no se saborea la comida.
Para las personas que han perdido el olfato por el coronavirus —o por cualquier otra razón— oler frecuentemente diversos aromas podría ayudar a recuperar la función. Intente con aromas fuertes como romero, curry, lavanda u otras hierbas intensas. Antioxidantes, como el ácido alfa-lipoico, podrían ser útiles tambien Para la pérdida del gusto, enfóquese en texturas — lo crujiente de una zanahoria o el jugo de una baya en su boca, por ejemplo.
Para obtener más información sobre la pérdida del olfato, o sobre recetas para personas que no pueden oler, revise Navigating Smell and Taste Disorders por Ronald DeVere, MD, FAAN, y Marjorie Calvert (Neurology Now Books; Demos Health, 2010).
El Dr. Doty es director del Smell and Taste Center en la School of Medicine de University of Pennsylvania en Philadelphia.