Los latinos como yo tenemos en los abrazos una parte integral de nuestra cultura, son más que un simple saludo y, a la vez, una de las mejores cosas de ser hispano. De niños nos enseñan a detener todo y saludar con besos y abrazos a los adultos que visitan nuestras casas. Abrazar y besar a nuestros padres antes de dormir y al despertar, y también cuando salimos o llegamos a casa, es una de nuestras costumbres más arraigadas. Rechazar esta costumbre es una falta de respeto y de amor.
Privarnos de esta forma de expresión debido al coronavirus ha sido difícil y, en muchos casos, deprimente para nuestra comunidad. En mi caso ha sido muy difícil. Hace poco, por fin me aventuré a salir con guantes y mascarilla. En la tienda vi a uno de mis mejores amigos en el pasillo de frutas y verduras, y sin pensarlo ambos corrimos a abrazarnos. De pronto, nos paralizamos cuando nos dimos cuenta de que no debíamos hacerlo. En un instante que se sintió como una eternidad, nos miramos sin saber exactamente qué hacer y tuvimos que resignamos a darnos un choque de codos. Nos miramos y le dije: “no puedo esperar a que pase la pandemia para darte un fuerte abrazo”. El encuentro hizo que me percatara de cuánto necesitamos el contacto para sentir la seguridad y certeza de que todo va bien en el mundo. Un abrazo alivia la ansiedad de padres y niños, y aumenta los químicos dentro del cerebro que mejoran el estado de ánimo como la dopamina, serotonina, y oxitocina — la hormona del vínculo social.
Evitar el contacto físico puede ser angustiante si, al igual que yo, tiene enfermedad de Parkinson o algún otro padecimiento neurológico. Aunque estos padecimientos no necesariamente aumentan nuestro riesgo de COVID-19, toda persona con algún tipo de discapacidad o problema respiratorio debe ser más precavida, aconseja Fred Lublin, MD, FAAN, profesor de Neurología y director de Corinne Goldsmith Dickinson Center for Multiple Sclerosis at Mount Sinai Hospital en New York City.
Debemos encontrar otras formas para conectar y expresar amor sin tocarnos, ya sea mediante cartas o correos electrónicos, actividades como contar cuentos, pintar, colorear, jugar bingo o ver una película con 6 pies de separación o mandar besos de un lado a otro de la habitación. Aunque no nos abracemos como solíamos hacerlo antes, estas prácticas no romperán nuestros vínculos ni pondrán en riesgo nuestra cultura. Esperemos que pronto volvamos a abrazarnos cuanto queramos.
Cómo dar abrazos sin riesgo durante COVID-19
Los siguientes son consejos que ofrecen los expertos para poder dar abrazos de forma segura:
Evalúe su riesgo personal. “Considere el índice de casos en la zona donde vive y el número de personas con las que tiene contacto en un día común”, indica Matthew Miller, PhD, profesor asociado de Canada’s McMaster Institute for Infectious Disease Research. Las personas que trabajan con otras personas — en atención a la salud o en servicios de alimentos, por ejemplo — podrían optar por evitar dar abrazos. “Sin embargo, las personas que trabajan en casa, que salen por artículos esenciales sólo de forma ocasional y que aceptan usar cubrebocas y lavarse las manos con frecuencia, podrían determinar que su riesgo es insignificante”.
Sea inteligente. Al llegar a casa, las personas que trabajan fuera deben cambiar su ropa, en especial zapatos y camisa, y lavarse las manos y la cara. Cuando sea posible, los que estén en riesgo alto deben permanecer en una habitación independiente y sus familiares sólo pueden tocarlos o besarlos en la región posterior de la cabeza. Otra forma de contacto seguro es frotar los hombros pero usando mascarillas.
Siga estas indicaciones. Gire la cabeza en dirección opuesta a la de la persona que toca o abraza. Cada uno debe usar mascarilla y evitar toser o hablar durante el abrazo. De igual forma, deben evitar tocar con sus manos la cara, ropa o las manos de la otra persona, y lavarse bien las manos antes y después de abrazarse o tocarse. Cuando sea posible, opten por abrazarse en exteriores y evitar el contacto con cualquiera que tenga síntomas de resfriado o gripe, señala el Dr. Miller.
Encuentre otras formas de contacto. En las mañanas o noches opte por un apretón de hombro por atrás; un beso a sus seres queridos en la región posterior de la cabeza; o bien, frote la espalda de su pareja o de su madre. Los niños mayores de 10 años deben usar mascarilla al abrazar a sus padres y, cuando se abracen, padres e hijos deben estar de pie. Si su hijo quiere abrazar su cintura, asegúrese de cambiar su ropa si estuvo en un área expuesta antes.
Sea breve. El abrazo no debe durar más de 10 segundos.
Intente no llorar. Las mascarillas funcionan sólo cuando se mantienen secas. Si siente ganas de llorar, será mejor dejarlo para otra ocasión.
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