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COVID-19 en Español
By DAN HURLEY

Expertos abordan la indecisión sobre la vacunación contra COVID-19

Para aquellas personas que aún no están seguras sobre vacunarse contra COVID-19, nuestros expertos identifican y atienden las dudas más persistentes.

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Ilustración de Jorge Colombo

Cuando Emma Wilson fue diagnosticada con neuromielitis óptica hace 30 años, su médico le hizo una advertencia muy seria. “No te vayas a vacunar nunca”, dijo su médico sin dar más explicación. “Absolutamente nunca, nunca te pongas una vacuna viva o muerta”.

Wilson se quedó con la advertencia y ahora, a los 68 años y padeciendo las dificultades visuales y de movimiento de su enfermedad, se sorprendió cuando su neuróloga preguntó en una consulta virtual si ya había recibido las vacunas contra influenza, herpes zóster y COVID-19.

Recordando las palabras de aquel médico, Wilson, enfermera retirada, respondió que se suponía que no debía vacunarse en absoluto. Su neuróloga, Dina Jacobs, MD, directora clínica del MS and Related Disorders Center de Penn Medicine en Philadelphia, le aseguró que no había nada malo en vacunarse, en especial contra COVID-19.

Wilson quedó estupefacta y pidió tiempo para pensarlo. Escéptica, decidió investigar un poco más. Encontró un artículo en la página web de Penn Medicine que decía algo similar: las personas que tienen su mismo padecimiento, y en general casi cualquier otro padecimiento neurológico, pueden y deben vacunarse contra COVID-19 tan pronto como sea posible.

“Lo pensé bien”, dice Wilson. “¿Me arriesgaría a la enfermedad o me vacunaría para prevenirla? No estoy dispuesta a arriesgarme a morir”. Desde entonces se ha aplicado todas las vacunas y ha convencido a sus tres hijos adultos para que también lo hagan. “Ellos no querían, pero los convencí”, señala. “Les dije que no me importaba haber estado encerrada todo este tiempo — sin reunión en Navidad, ni recibir abrazos— mientras todos tengamos una vida por delante”.

A medida que ha aumentado la disponibilidad de las vacunas contra COVID-19, cada vez son más las personas dispuestas a vacunarse. En diciembre de 2020 — el mes en el que se introdujo la vacuna, aunque se restringió principalmente al personal médico y a los adultos de edad avanzada — alrededor de tres cuartas partes de los adultos que participaron en una encuesta declaró que no estaban dispuestos a vacunarse, o que estaban indecisos. En marzo de 2021, cuando la elegibilidad y la disponibilidad de la vacuna se expandieron considerablemente, tan sólo un tercio de los adultos mantenía esa opinión, de acuerdo con una encuesta nacional realizada por Kaiser Family Foundation. A mediados de abril, más de 125 millones de estadounidenses habían recibido al menos una dosis de la vacuna contra COVID-19, según los Centers for Disease Control and Prevention (CDC).

Lamentablemente, las tasas de vacunación se han rezagado en las personas de raza negra— quienes tienen un riesgo más elevado de padecer enfermedad grave o morir por COVID-19 que las personas de raza blanca. En la encuesta de Kaiser, alrededor de 55% de los adultos de raza negra y 61% de los adultos hispanos indicaron haberse vacunado, o que planeaban hacerlo pronto, en comparación con 64% de los adultos de raza blanca.

Las personas tienen diferentes razones para evitar vacunarse contra COVID-19: es posible que no conozcan a nadie cercano que haya estado muy enfermo o que haya muerto por el virus; creen que no están en riesgo de exponerse al virus porque no trabajan en un hospital o viven con muchas personas; expresan una postura política; les preocupan los reportes sobre coágulos en personas que recibieron la vacuna de Johnson & Johnson. Sin embargo, los beneficios son abrumadores, según Walter J. Koroshetz, MD, FAAN, director del National Institute of Neurological Disorders and Stroke en Bethesda, MD.

“El riesgo de sufrir algún daño por COVID-19 es mucho mayor que cualquiera de los riesgos atribuibles a las vacunas, de tal modo que difícilmente existirá algo que justifique no vacunarse”, indica el Dr. Koroshetz. “Cualquiera de los riesgos de las vacunas será minúsculo en comparación con el riesgo que conlleva contraer COVID-19”.

Las estadísticas de los CDC lo confirman. Una vez vacunada, el riesgo que tiene una persona de morir por COVID-19 es menor a uno en un millón. En comparación, el riesgo general de morir por COVID-19 en personas que no se han vacunado es de una en 589; y este riesgo es aún mayor en los adultos de edad avanzada (a mayor edad, es mayor el riesgo) o en las personas que tienen enfermedades graves, entre ellas muchos de los padecimientos neurológicos.

Seguras y eficaces

Las vacunas contra COVID-19 disponibles en Estados Unidos — fabricadas por Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson — no utilizan virus vivos ni muertos, por lo que no es posible contraer la enfermedad con la vacuna. Tal como los CDC han aclarado, las vacunas no pueden modificar el ADN ni entrar al núcleo de la célula donde se encuentra el ADN, y no causan cáncer.

Otra de las preocupaciones es que las vacunas fueron desarrolladas demasiado rápido. “Los científicos han trabajado en este tipo de vacunas desde el brote de SARS en 2002”, comenta Nina Harawa, PhD, epidemióloga en la Fielding School of Public Health de UCLA y quien ha impartido diferentes pláticas sobre las vacunas en la zona de Los Ángeles. “La gente cree que tardaron menos de un año en desarrollar y probar las vacunas contra COVID-19, pero en realidad se crearon tomando como base más de 18 años de trabajo”.

La Dra. Harawa también destaca que decenas de miles de personas participaron en los estudios clínicos sobre la eficacia y la seguridad de las vacunas. Gran parte de la burocracia que tradicionalmente existe en torno a la llegada de una vacuna al mercado se suspendió debido a la urgencia de la situación, añade.

No se habían encontrado reacciones que pusieran en peligro la vida, ni muertes, como resultado directo de cualquiera de las vacunas, hasta que el 12 de abril los CDC y la Food and Drug Administration recibieron la notificación de que seis mujeres que habían recibido la vacuna de Johnson & Johnson desarrollaron trombosis en los senos venosos del cerebro (coágulos en el cerebro).

La distribución de la vacuna de Johnson & Johnson se puso en pausa durante dos semanas mientras los investigadores investigaban el problema. En su informe indicaron que 17 personas en total — en su mayoría de entre 18 y 59 años— habían desarrollado este raro trastorno de la coagulación, y que tres de ellas habían fallecido. La mayoría tenía entre 30 y 40 años y se les detectaron cifras bajas de plaquetas — lo cual significaba que el tratamiento estándar, el anticoagulante heparina, empeoró el trastorno. (Existen otros tratamientos más seguros).

Al levantar la suspensión de la vacuna de Johnson & Johnson, los CDC señalaron que casi ocho millones de personas habían recibido la vacuna sin presentar incidentes y que el desarrollo de coágulos debido a cifras bajas de plaquetas es extremadamente improbable. La agencia recomendó a las personas estar atentas a posibles efectos secundarios durante las tres semanas que siguen a la vacunación, entre los que incluyen dolor de cabeza o espalda intensos, visión borrosa, desmayos, convulsiones o dolor intenso en el abdomen o el tórax.

Contrarrestar miedos

En una encuesta que realizó Kaiser Family Foundation en diciembre de 2020, una proporción importante de individuos de raza negra indicó que quería “esperar a ver” antes de vacunarse. Las razones para esta indecisión pueden variar, afirma Jeffrey C. McClean II, MD, FAAN, profesor asociado de neurología en el San Antonio Military Medical Center en Texas. En su experiencia, las razones incluyen dudas sobre los efectos colaterales y perder días de trabajo, no poder acceder a la vacuna en un lugar de su confianza y no contar con transporte al sitio de vacunación.

La resistencia de la comunidad negra no es irracional, indica la Dra. Harawa quien hace referencia a antecedentes históricos como el infame estudio Tuskegee, que levara a cabo el gobierno de 1932 a 1972 y en el que se observó a hombres de raza negra que tenían sífilis sin notificarles ni ofrecerles tratamiento para la enfermedad.

“La desconfianza está bien merecida cuando se analiza la forma en la que los sistemas de salud han ignorado a las personas que necesitaban atención y que, en su lugar, experimentaron con ellas”, explica la Dra. Harawa. “A menudo no existen proveedores de servicios de salud con la sensibilidad cultural necesaria para atender poblaciones diversas. Es posible, incluso, que no cuenten con intérpretes para las personas que no hablan inglés”.

Sin embargo, la Dra. Harawa añade que la vacunación es muy importante para las personas de raza negra y para los hispanos, debido a que ambos grupos han sido afectados por COVID-19 de forma desproporcionada. De acuerdo con un estudio de Stanford University publicado en Circulation en 2020, los individuos de raza negra y los hispanos representaron 58% de las hospitalizaciones y 53% de las muertes por COVID-19 durante los primeros seis meses de 2020, a pesar de que representan sólo 32% de la población general.

A partir de marzo, la cantidad de adultos hispanos y de raza negra que se han vacunado ha aumentado de forma constante, según la encuesta de Kaiser, esto sugiere que se puede vencer la desconfianza, indica el Dr. McClean. Con la desigualdad racial en mente, José H. Posas, MD, FAAN, neurólogo del Ochsner Medical Center en New Orleans, hace un llamado personal a sus pacientes latinos. “Les explico que yo me he puesto la vacuna, que me ha ayudado y que no existe una conspiración del gobierno para afectar a nuestro grupo étnico”, dice el Dr. Posas.

Las objeciones de origen político son otro argumento constante que escuchan los neurólogos. “Un paciente me dijo que nunca se vacunaría porque no confía en el gobierno”, cuenta el Dr. Posas.

Victoria Pelak, MD, FAAN, neurooftalmóloga en la University of Colorado School of Medicine, cuenta que un paciente le comentó: “Con toda la política que gira en torno a las vacunas, me cuesta mucho creer cuando me dicen que son seguras”.

Un grupo de enfoque realizado por Gallup sugirió que los mensajes más persuasivos suelen ser los que provienen de los médicos de los pacientes, que son personales y que no tienen nada que ver con política. Los doctores pueden transmitir que las vacunas son la mejor forma de proteger a los amigos, familiares y a la comunidad contra COVID-19.

Algunos médicos constantemente tienen que aclarar rumores sobre las vacunas que se propagan en las redes sociales. Por ejemplo, una paciente dijo a la Dra. Jacobs que pensaba que la vacuna podría impedir que quedara embarazada después de que su hermana viera algo al respecto en Facebook. La Dra. Jacobs le explicó que las vacunas no han tenido ningún efecto negativo sobre la fertilidad ni sobre el embarazo en los participantes de los estudios clínicos, ni en los millones de personas que ya se han vacunado. “Hay muchísima desinformación y es de vital importancia que los pacientes hablen sobre sus preocupaciones y dudas con sus médicos, para que podamos comprenderlas y atenderlas de forma respetuosa y libre de prejuicios”, señala.

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