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COVID-19 en Español
By STEPHANIE CAJIGAL

El largo camino hacia la recuperación de COVID-19

Meses después de haber enfermado de COVID-19, algunos pacientes aún experimentan síntomas. Los expertos indican que la recuperación es posible — pero con ayuda durante el proceso.

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Ilustración por Jun Cen

El programa de ejercicio de Donn Seidholz antes de la pandemia avergonzaría a la mayoría de las personas. El hombre de 67 años iba al gimnasio cinco días a la semana para levantar pesas y hacer ciclismo y remo. "Cualquier cosa que suba el ritmo cardiaco", comenta. Sin embargo, desde que enfermó de COVID-19 en agosto, el exjugador de ligas menores de Chicago White Sox no se ha sentido el mismo.

"Llego a la mitad de mi rutina de cardio y mi cerebro parece que dice: 'No puedo más’. Termino la rutina, pero es todo un reto", señala.

Seidholz estaba en su casa de vacaciones en Florida cuando comenzó la pandemia. Durante meses, él y su esposa fueron extremadamente cuidadosos, permanecían en casa tanto como podían, utilizaban mascarillas y limpiaban las superficies. Regresaron a su casa en Omaha, NE, durante el verano y unas cuantas semanas después Seidholz no podía levantar el peso de su rutina normal. Optó por hacerse una prueba de COVID-19, resultó positiva. Sus síntomas se establecieron tres días después. Perdió el sentido del gusto y el olfato, sentía mareos y no podía pensar con claridad. Su esposa, su cuñada y su cuñado también desarrollaron síntomas.

Seidholz se recuperó en casa, pero la enfermedad le cobró factura, dice. Durante casi cuatro semanas estaba tan cansado durante el día que no podía hacer otra cosa que sentarse en la cama y ver TV. Por la noche no conseguía mantenerse dormido, despertaba constantemente y dormitaba de nuevo. Perdió 15 libras.

Pasados algunos meses de recuperación, Seidholz dice que la fatiga ya no es incapacitante, pero aún tiene episodios de letargo. Además, su neuropatía periférica idiopática, diagnosticada hace años, ha empeorado. Todavía no saborea alimentos a menos que sean muy dulces, agrios o picantes, y su mente no parece ser tan aguda. "Antes podía recordar números telefónicos con sólo una mirada", señala. "Ahora no siempre puedo recordar qué día es”. Seidholz sabe que si no estuviese retirado, sería imposible regresar a su trabajo como vendedor, el cual requería viajar hasta tres veces por semana.

La mayoría de las personas que contraen COVID-19 presentan síntomas leves y se recuperan por completo; pero algunas, como Seidholz, resienten los efectos de la enfermedad — confusión, problemas de memoria y concentración, depresión, ansiedad, fatiga y debilidad muscular — aún meses después del diagnóstico.

Para las personas que fueron hospitalizadas, el impacto puede ser más grave y duradero, como el daño a los órganos importantes. David Boden, de 57 años, ejecutivo de ventas en los suburbios de Chicago, dio positivo para COVID-19 a principios de marzo y estuvo conectado a un ventilador durante 30 días. Mientras estuvo hospitalizado, tuvo un ataque cerebrovascular hemorrágico grave que dañó su cerebro. (Los médicos creen que el virus lo produjo). Después de meses de rehabilitación, Boden no tenía problemas cognitivos o intelectuales residuales — y regresó a trabajar desde casa — pero tenía problemas para ver del lado izquierdo y dejó de conducir su automóvil. Aunque puede caminar con bastón, le han dicho que no podrá volver a correr.

Los efectos de COVID-19 abarcan un espectro amplio, indica Benjamin Abramoff, MD, cofundador de una nueva clínica posCOVID-19 en Penn Medicine, una de poco más de una docena de clínicas de este tipo que se han establecido en el país. "Los pacientes que estuvieron en estado crítico y con ventilador por un periodo prolongado presentan manifestaciones claras y síntomas relacionados con esa experiencia", comenta el Dr. Abramoff. "No obstante, también tenemos pacientes con enfermedad inicial leve, que no fueron hospitalizados, que tuvieron cierta dificultad para respirar o tos, y que se trataron en casa pero que parece que no mejoran".

Es común que las personas que requieren cuidados intensivos, ya sea por COVID-19 o por otra enfermedad, continúen requiriendo atención una vez que dejan el hospital. "Es un fenómeno bastante conocido denominado 'síndrome post-UCI', el cual implica efectos cognitivos, psiquiátricos y físicos persistentes", señala el Dr. Abramoff. Estos pacientes pueden presentar debilidad neuromuscular, deterioro cognitivo, o incluso trastorno por estrés postraumático relacionados con el tiempo que pasaron en la unidad de cuidados intensivos.

La investigación demuestra que alrededor de 30% de las personas que sobrevive a una estancia en la UCI desarrolla ansiedad y depresión, según Sarah E. Jolley, MD, MSc, profesora asistente de ciencias pulmonares y cuidados críticos en University of Colorado School of Medicine en Aurora. "Creo que la recuperación de los pacientes con COVID-19 es muy similar a la de los pacientes de UCI que hemos visto antes", comenta la Dra. Jolley, quien forma parte de la unidad de recuperación de COVID-19 que estableció University of Colorado Hospital en abril.

Para Sue Goldberg, de 64 años, artista musical en Provincetown, MA, quien estuvo extremadamente enferma en marzo por neumonía relacionada con COVID-19 y con ventilador durante tres días, la experiencia más atemorizante fue el delirio. Cuando se le trasladó de la UCI a una sala de COVID-19 y abrió los ojos por primera vez después de su coma inducido medicamente, vio las manecillas del reloj girando en sentido contrario. "No le dije a nadie porque no quería que me pusieran en la sala psiquiátrica. Decidí volver a dormir pensando que al despertar, quizá las manecillas ya no girarían al revés", cuenta.

Como esperaba, el reloj volvió a la normalidad cuando despertó, pero no recordaba mucho de lo que había sucedido. Durante los 10 días que pasó en recuperación, hubo momentos en que pensó que estaba en el musical Hamilton, el último espectáculo que vio antes de enfermar. "Me recordaba constantemente que estaba en un hospital en Hyannis y que el abrigo en la pared era mío, no uno de Hamilton, y que hablaba con médicos y enfermeras, no con miembros del elenco", dice.

Impacto de la hospitalización

Muchas personas que pasan tiempo en la UCI presentan delirio, ya sea que tengan o no COVID-19, indica la Dra. Jolley. El coma inducido y la pérdida del sentido del tiempo pueden causar delirio, y los sedantes que se necesitan para relajar a los pacientes antes de ponerlos bajo ventilación asistida pueden empeorarlo, explica. "Sabemos que el delirio es un factor de riesgo para desarrollar deterioro cognitivo a largo plazo, y mientras más tiempo se tenga delirio, mayor será riesgo de deterioro cognitivo un año después de haber estado en la UCI", señala la Dra. Jolley.

Es probable que las restricciones específicas de la pandemia — mantener aislados a los pacientes y con poca interacción social — contribuyan al delirio y provoquen que las personas se vuelvan ansiosas y deprimidas, comenta Abhay Kumar, MD, médico de cuidados neurointensivos de UTHealth en Houston.

Goldberg, quien describe su tiempo en la UCI como muy extraño, avala esta afirmación. "No me ayudó nada no ver la cara de nadie— sólo mascarillas, caretas y sus ojos. Fue como en Twilight Zone , dice. El zumbido del aire en la sala de presión negativa era ruidoso y le provocaba náuseas. "No llamaría dormir a lo que hacía con los ojos cerrados durante la noche", cuenta Goldberg. "Estaba realmente incómoda. Todo me empezaba a doler”.

Nueve meses de pandemia después, los doctores son más capaces de reducir el riesgo de delirio. "Cuando apareció COVID-19 por primera vez, la situación en los hospitales era en extremo caótica", comenta E. Wesley Ely, MD, MPH, fundador de Critical Illness, Brain Dysfunction, and Survivorship Center en Vanderbilt University Medical Center en Nashville. "Estábamos aterrados. Ahora volvemos a tratar pacientes con intervenciones y protocolos de seguridad que por años se ha comprobado que funcionan". Los cuales incluyen mover a los pacientes fuera de su cama y movilizarlos lo más pronto posible para que puedan ver a sus seres queridos y mitigar los sentimientos de aislamiento; el hospital Vanderbilt ha instalado paredes de vidrio entre las camas de los pacientes y los visitantes de la UCI, y ha dado tabletas electrónicas a los pacientes para que puedan participar en videollamadas.

Un estudio realizado en Francia y publicado en Journal of Infection en agosto de 2020 encontró que algunas personas con COVID-19 todavía experimentaban síntomas 100 días después de haber sido hospitalizados. Informaron tener fatiga, dificultad para respirar y problemas de memoria, concentración o sueño. Las personas con casos más leves también informaron sentirse enfermas meses después.

"Toda la atención se ha enfocado en los síntomas respiratorios de COVID-19, pero se ha hecho relativamente poco por los pacientes con síntomas leves, quienes nunca estuvieron hospitalizados y que se les indicó mantener cuarentena en casa. Se recuperaron, pero desconocemos cómo es esa recuperación", comenta Ayush Batra, MD, profesor asistente de Neurología y Patología de Northwestern University Feinberg School of Medicine en Chicago.

Tampoco es claro cuántos sobrevivientes de COVID-19 desarrollan síntomas neurológicos continuos o graves. "Esa es una pregunta que desesperadamente tratamos de responder", dice James J. Sejvar, MD, neuroepidemiólogo de Centers for Disease Control and Prevention en Atlanta. Las teorías abundan, como que el virus daña las células e infecta los vasos sanguíneos. Por ejemplo, las personas podrían perder el sentido del olfato debido a que el virus destruye las células nerviosas de la nasofaringe, indica Avindra Nath, MD, FAAN, jefe de la sección de infecciones del sistema nervioso en National Institute of Neurological Disorders and Stroke en Bethesda, MD.

Los síntomas a largo plazo podrían ser resultado de la forma en la que el sistema inmunitario responde a la infección. "Hay dos tipos de respuesta inmunitaria", explica el Dr. Nath. "Una es la respuesta adaptativa, la cual es un ataque preciso contra el virus. Células específicas reconocen el virus y lo aniquilan. Luego está la respuesta inmunitaria innata, la cual es similar a una bomba de seguridad. Despedaza las células infectadas, pero también destruye muchas otras cosas a su paso".

La niebla mental (obnubilación), los trastornos del estado de ánimo y otras de las complicaciones podrían ser causadas por la respuesta inmunitaria, concuerda Chethan Venkatasubba Rao, MD, director médico de la unidad de cuidados intensivos en neurociencias en Baylor St. Luke's Medical Center en Houston. Los científicos no saben con certeza si el virus afecta directamente el cerebro, "pero el hecho de que el virus no se encuentre en el cerebro, no significa que no lo afecte", señala. Pueden ocurrir ataques cerebrovasculares por coágulos causados por el espesamiento que produce el virus en la sangre e inhibe su flujo. También es posible que cuando las personas tienen COVID-19, sus cerebros no reciben suficiente oxígeno lo cual ocasiona muerte de las células cerebrales y desarrollo de complicaciones neurológicas, dice el Dr. Rao.

Travesía hacia la sanación

La recuperación de COVID-19 requiere una estrategia multidisciplinaria. Un programa en Mount Sinai Health System en New York para sobrevivientes de COVID-19 es un excelente ejemplo. Los fisioterapeutas trabajan con los pacientes para ayudarles a fortalecerse y recuperar el movimiento. Los neuropsicólogos atienden la depresión, ansiedad y otros aspectos de la salud mental, y ayudan con los problemas cognitivos. Los especialistas en rehabilitación pulmonar y entrenadores certificados en respiración consciente (breathwork) enseñan técnicas de respiración a las personas a quienes aún se les dificulta respirar. Los nutriólogos asesoran a las personas para que adopten hábitos de alimentación saludable para ayudar a su cuerpo a alcanzar cierto grado de normalidad.

El síntoma más común para los pacientes es la denominada fatiga posejercicio, comenta David Putrino, PT, PhD, director de innovación en rehabilitación en Mount Sinai. "Cuando hablo sobre 'fatiga posejercicio' me refiero a cuando alguien sube un tramo de escaleras y debe descansar durante un periodo prolongado", aclara.

La rehabilitación es diferente para cada persona. "Es crucial que los equipos que ayudan a los pacientes a recuperarse tengan experiencia en el manejo de fatiga posviral y la habilidad para descartar patologías subyacentes graves, como los padecimientos cardiacos, con el fin de asegurarse de que los pacientes pueden realizar la rehabilitación de manera segura", indica el Dr. Putrino. Además, la recuperación toma tiempo. "Contamos el progreso en meses, no días ni semanas”.

David Boden atribuye a los especialistas en rehabilitación el crédito por haber alcanzado sus objetivos principales: regresar a trabajar y funcionar por sí mismo en casa. Aún trabaja con terapeutas ocupacionales para aprender cómo adaptarse a sus problemas visuales y con fisioterapeutas para recobrar la fuerza necesaria para subir y bajar escaleras.

Donn Seidholz y Sue Goldberg acuden a psicoterapia para trabajar en los sentimientos durante sus episodios con COVID-19. Goldberg dice que la obnubilación comienza a desaparecer, pero la fatiga intensa persiste. "Al principio pensé: ¿nunca podré tener una vida de nuevo?' Pero ahora no dejo que me absorba", menciona.

La mejoría podría ser gradual, pero no se detiene, señala el Dr. Nath, quien urge a los pacientes con síntomas persistentes de COVID-19 a pedir a sus médicos de atención primaria que los conecten con especialistas. "Puede tardar hasta un año en mejorar", comenta, "pero esperamos que muchas personas mejoren”.


COVID-19 en el cerebro

A principios de la pandemia, los doctores informaron diferentes síntomas neurológicos en pacientes con COVID-19, entre ellos convulsiones, ataque cerebrovascular, delirio y pérdida del olfato y del gusto. La investigación reciente ha aclarado estos síntomas.

Como se informó en Annals of Clinical and Translational Neurology en octubre de 2020, más de 80% de los pacientes hospitalizados por COVID-19 entre el 5 de marzo y el 6 de abril en los hospitales Northwestern Medicine en el área de Chicago presentaron cierto tipo de síntomas neurológicos. Los problemas más comunes fueron dolor muscular, cefalea, encefalopatía (daño cerebral que provoca un estado mental alterado), mareo, distorsión del sentido del gusto, y pérdida del sentido del olfato.

Un estudio publicado en Neurology en octubre de 2020 encontró que casi 14% de las personas con COVID-19 que fueron tratadas en hospitales de New York City entre el 10 de marzo y el 20 de mayo, tuvo síntomas neurológicos.

Hay informes de personas que sobreviven a COVID-19 y después presentan episodios de pérdida del estado de consciencia, los cuales podrían ser un signo de convulsiones, indica Jennifer Frontera, MD, especialista en cuidados neurointensivos en NYU Langone Health en New York y autora principal del estudio de Neurology.

El daño en el cerebro de los pacientes con coronavirus podría ser resultado de oxigenación cerebral insuficiente, explica la Dra. Frontera. Las personas que enferman de COVID-19 deben vigilar sus niveles de oxígeno con un oxímetro de pulso y buscar atención médica si las cifras son menores de 94%. "No intente tolerarlo. Aún hay numerosas complicaciones por el virus que no hemos apreciado", insiste.


Lecturas adicionales

Para saber más sobre las clínicas neurológicas para personas con síntomas persistentes después de COVID-19, lea Neuro clínicas para personas que se recuperan de coronavirus.