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COVID-19 en Español
By JOHN ANDREJACK

El lado positivo de la pandemia

Un paciente con enfermedad de Parkinson descubre las ventajas inesperadas del COVID-19.

Virtual meeting on computer

Al principio de la crisis de salud pública actual, todo lo que veía eran sus peligros. Tengo enfermedad de Parkinson y eso me coloca en la categoría de alto riesgo para el desarrollo de complicaciones si llegara a infectarme con el coronavirus. De pronto, mi esposa y yo tratábamos de trabajar desde casa mientras nuestro hijo de nueve años asistía a la escuela por videoconferencia. El estrés aumentó mis síntomas. Noté que el temblor se intensificaba y era más frecuente. Mis movimientos también eran más lentos y estaba tan fatigado que me costaba mucho sobrellevar mis días.  

Para empeorar las cosas, había empezado con un nuevo medicamento que me provocó un caso grave de ojo seco. Incluso después de suspenderlo, los efectos colaterales persistieron durante tres días. Cuando al fin pude ver de nuevo, descubrí con sorpresa algunos de los aspectos positivos de mi nueva vida restringida.

No más compras de víveres. Aunque nunca me ha gustado ir de compras, después del diagnóstico de enfermedad de Parkinson comencé a odiarlo. Como muchas de las personas con esta enfermedad, mis habilidades motoras finas son limitadas y es común que tenga que rebuscar y revolver mi cartera para encontrar las tarjetas de crédito o el efectivo. Esto generaba respiraciones audibles o algunos “¡Vamos, hombre!” de las personas atrás de mi. Instacart, Seamless y otras de las aplicaciones de compras en línea tienen sus propios retos, pero ninguno de ellos implica frustrar a otros compradores.

Calles vacías. Durante las caminatas diarias con mi familia, cada vez hay menos personas y eso se traduce en menos miradas a mi temblor o dificultades para caminar. Mientras más personas se quedan mirando, estas dificultades se vuelven mas difíciles para mi,  así que esto es una gran ventaja.

Trabajar desde casa. Después del ajuste inicial, me di cuenta de que hacer mi trabajo vía remota — soy director de apoyo a estudiantes en Queens College — nivela el campo de juego para mi. Desde casa, nadie ve mis síntomas. No tengo que explicar el temblor cuando me reúno con alguno de los estudiantes y  como soy menos conciente de estos aspectos, me involucro más con mis estudiantes por teléfono.

Es más fácil mantenerme hidratado. Después del diagnóstico de enfermedad de Parkinson, mi pequeña vejiga se hizo aún más pequeña. Cada mañana, antes de salir a trabajar, tenía que elegir entre beber café o arriesgarme a tener que hacer una parada en el baño de camino al trabajo o tener que soportar privarme de cafeína durante una hora de traslado. Ahora puedo hidratarme sin preocupaciones.

En el blog que mantengo sobre cómo vivir con la enfermedad de Parkinson, les recuerdo a mis compañeros pacientes que pertenecemos a un grupo de alto riesgo y que debemos tomar todas las precauciones, pero también los motivo a encontrar los aspectos positivos.

John Andrejack tiene un doctorado en educación, es director de apoyo estudiantil en Queens College, City University of New York. Se le diagnóstico enfermedad de Parkinson de inicio temprano en 2015, a los 48 años, y desde entonces se volvió Patient Advocate In Research (PAIR) para la Parkinson’s Foundation. También escribe un blog. Vive con su esposa e hijo en Brooklyn.


Para Conocer Más:

Información sobre COVID-19 (Coronavirus) y Enfermedades Neurológicas de Brain & Life