Vacunas contra COVID-19: lo que debe saber
Con las prometedoras noticias sobre vacunas contra COVID-19 en 2021, aprenda lo que conlleva administrarlas de forma segura y eficaz.
Con las prometedoras noticias sobre vacunas contra COVID-19 en 2021, aprenda lo que conlleva administrarlas de forma segura y eficaz.
Mientras los casos de coronavirus continúan al alza en todo el mundo y se asienta la fatiga por la pandemia, los médicos y el público observan a Operation Warp Speed (OWS), la iniciativa en Estados Unidos para desarrollar vacunas de forma acelerada , con una mezcla de esperanza y preocupación. Esperanza de que una vacuna haga posible que la vida regrese a la normalidad y preocupación porque el ritmo agresivo de desarrollo podría afectar la seguridad pública.
"Me alienta el coraje con el que gobierno y sector privado han trabajado para desarrollar una vacuna de alta calidad", dice Jonathan Santoro, MD, director de Neuroinmunología y padecimientos desmielinizantes de Children's Hospital Los Angeles. "Pero aún necesito ver datos significativos y transparentes por parte del gobierno, de Food and Drug Administration [FDA] y de los patrocinadores farmacéuticos antes de recomendar una vacuna a mis pacientes vulnerables”.
El objetivo de OWS es producir y administrar 300 millones de dosis de vacunas contra COVID-19, con las dosis iniciales disponibles a partir de enero de 2021, de acuerdo con US Department of Health and Human Services. El ritmo sin precedentes se debe a varios factores: la secuencia del genoma para SARS-CoV-2 (el virus que causa COVID-19) se publicó con rapidez; algunos de los investigadores utilizan métodos de vacunación ya investigados para otros virus, como el de ébola; y el gobierno de Estados Unidos ha destinado casi $10 mil millones a los esfuerzos relacionados con la vacunación. Hasta ahora, OWS ha financiado cuatro estudios para investigación, desarrollo, fabricación y distribución, los cuales se encuentran en fase 3.
En condiciones normales, han de transcurrir varios años para que una vacuna se abra camino en el proceso de aprobación de FDA Center for Biologics Evaluation and Research. "Es muy importante ser precavidos porque las vacunas se administran a personas sanas", comenta James J. Sejvar, MD, neuroepidemiólogo de Centers for Disease Control and Prevention (CDC), "pero algunos de los plazos establecidos por FDA son arcaicamente lentos”.
En los estudios preclínicos, los investigadores evalúan la viabilidad de un fármaco o vacuna en células y organismos vivos. Una vez que el medicamento o la vacuna se consideran seguros, un patrocinador, por ejemplo, una compañía farmacéutica, presenta una solicitud de investigación de medicamento nuevo (Investigational New Drug) la cual incluye método de fabricación, datos de seguridad y eficacia en estudios en animales y un protocolo para estudios en humanos. Si se aprueba la solicitud, la compañía puede comenzar un estudio clínico fase 1 para determinar la seguridad y tolerancia en grupos pequeños de humanos sanos vigilados de manera estrecha. Si todo marcha bien, el estudio avanza a la fase 2 del estudio que aborda los intervalos de dosificación en cientos de individuos y después a la fase 3, donde se evalúa la seguridad y eficacia del compuesto en miles de participantes. Debido a que las vacunas se administrarán a personas de todas las edades, razas, géneros y grupos étnicos, la FDA da prioridad a estudios que incluyen grupos diversos de individuos.
Un esfuerzo coordinado en busca de una vacuna no es algo nuevo, señala David Jones, MD, PhD, profesor de Historia de la Medicina en Harvard. "Siempre ha existido una fuerte motivación para desarrollar vacunas", indica, "y su riesgo-beneficio es mejor que en casi cualquier otra área de la Medicina". Como prueba, cita enfermedades como la viruela, tétanos, poliomielitis o sarampión, las cuales se han erradicado casi por completo gracias a las vacunas.
Sin embargo, el desarrollo acelerado posee sus propios problemas, especialmente cuando las compañías o los gobiernos toman atajos en las pruebas, en la producción, o cuando liberan una vacuna de forma prematura, explica el Dr. Jones. Ha habido errores en el pasado. En 1976, por ejemplo, el presidente Gerald Ford respondió a la preocupación por la gripe porcina con un programa de inmunización nacional mediante el cual se vacunó a 45 millones de estadounidenses —de forma innecesaria, como resultó ser. Debido a la urgencia por entregar una vacuna, el gobierno utilizó un virus vivo, el cual puede aumentar el riesgo de efectos colaterales en grupos vulnerables, en lugar de una forma muerta e inactivada. Después de la vacunación, más de 450 personas desarrollaron síndrome de Guillain-Barré (GBS), un padecimiento en el que el organismo ataca a sus propios nervios. No obstante, no se encontró una relación de causa-efecto y los CDC ahora establecen que una persona posee mayor probabilidad de desarrollar GBS después de tener gripe (influenza) que después de vacunarse.
Un evento similar ocurrió en 1955 cuando se introdujo la vacuna contra la polio. Los padres inscribieron con entusiasmo a sus hijos para ser "pioneros de la polio" y cientos de miles fueron vacunados en un solo mes. Poco después, 40 000 niños desarrollaron polio, 200 presentaron parálisis y 10 fallecieron. El culpable fue un error en la fabricación: una compañía llamada Cutter Laboratories produjo dosis con un virus vivo en lugar de uno inactivo.
Al considerar los pros y los contras de una vacuna contra COVID-19, los científicos ponderan varias cuestiones. ¿Cuál es la efectividad necesaria para que una vacuna se utilice de forma generalizada? ¿Cuáles efectos colaterales potenciales serían aceptables si la vacuna es capaz de salvar cientos de miles de vidas y de permitir que el mundo se mueva de nuevo en libertad? Cada semana avanzan más estudios sobre vacunas, se compilan datos adicionales y se revela información reciente con la esperanza de resolver estas preguntas.
Además de los estudios de OWS, más de 50 estudios sobre vacunas en fases 1 a 3 reciben financiamiento de la iniciativa COVAX de la Organización Mundial de la Salud, de los gobiernos de otros países, de entidades privadas, y de organizaciones no gubernamentales. Una vacuna ya se encuentra en uso en Rusia, a pesar de que aún no inicia la fase 3 de sus estudios clínicos. Los científicos de todo el mundo coinciden en que la liberación acelerada de la vacunas provoca que desconozcamos información importante sobre su seguridad y eficacia.
Aunque aún no es claro cuál vacuna — o, con mayor probabilidad, cuáles vacunas — se utilizará en un programa de vacunación, los CDC indican que es probable que no estén disponibles para el público hasta el segundo semestre de 2021. El Dr. Sejvar anticipa que el proceso será una tarea masiva que dependerá de qué tan rápido pueda acelerarse la fabricación, del formato de administración que tenga la vacuna y de si requiere refrigeración. Los cuatro estudios fase 3 de OWS utilizan inyecciones y la logística para mantener en congelación millones de dosis de vacuna durante su tránsito a través del país o del mundo, es un desafío.
Tampoco es claro cuántas personas consentirían ser inoculadas una vez que se disponga de la vacuna. En septiembre de 2020, un informe de Pew Research Center encontró que casi la mitad de los estadounidenses dijo, citando preocupaciones sobre la eficacia y efectos colaterales, que es probable que no se vacunen. "Polarización política, desconfianza, y menosprecio por la ciencia y los expertos en general se traducen en que científicos y compañías farmacéuticas sean aún más transparentes sobre si una vacuna funcionará", explica el Dr. Jones. A pesar de lo anterior, en términos generales, es optimista. "Tenemos razones para creer que estas vacunas serán seguras", señala. "Espero que, en algunos años, exista una historia feliz sobre una vacuna que funcionó”.
Se espera que más de 150 000 personas alrededor del mundo participen en cuatro estudios financiados por Operation Warp Speed (OWS) a través de investigación, fabricación o distribución. Todos son estudios aleatorizados, doble ciego y controlados con placebo, lo cual significa que algunos participantes recibirán la vacuna y otros placebo, y que ninguno de los investigadores ni los participantes sabrán qué recibieron hasta concluir el estudio. Aunque algunos voluntarios podrían tener un resultado positivo para COVID-19 debido a exposición en la comunidad, ninguna de las vacunas — todas se administran como inyecciones — utiliza coronavirus vivos y nadie se expone al virus como parte de un estudio.
Food and Drug Administration (FDA) establece que una vacuna se utilizará de manera generalizada sólo cuando sea segura y por lo menos "50% efectiva en un estudio controlado con placebo". FDA también ha publicado lineamientos sobre cómo y cuándo un fabricante de vacunas puede solicitar una "autorización para uso de emergencia” si los datos del estudio son positivos. A continuación lo más reciente:
Las vacunas casi siempre son una opción saludable, así que, ¿por qué hay una respuesta negativa contra ellas? "Se reduce a dos respuestas", dice James J. Sejvar, MD, neuroepidemiólogo de Centers for Disease Control and Prevention. "Las vacunas son víctimas de su propio éxito. Enfermedades como sarampión, paperas y poliomielitis prácticamente se han erradicado, y el riesgo percibido de padecer enfermedad grave es teórico", indica. "Y la desinformación en redes sociales adquiere vida propia”.
En realidad, explica, "las vacunas se someten a una cantidad tremenda de investigación sobre seguridad y eficacia antes de liberarse al público, y sus efectos colaterales son muy escasos”. Si una persona presenta efectos colaterales — dolor en el brazo, fiebre o dolor muscular — es un signo de que el sistema inmunitario ha entrado en acción, señala el Dr. Sejvar. "No es en absoluto una forma leve de la enfermedad misma”.
Las vacunas, que están diseñadas para provocar una respuesta inmunitaria para combatir un virus, utilizan diferentes mecanismos para lograrlo. Por ejemplo, las vacunas de virus vivos atenuados como las de sarampión, paperas y rubéola (MMR) usan una forma debilitada del virus para desencadenar una respuesta inmunitaria duradera. Las vacunas inactivadas, como las de la vacuna contra influenza, emplean un microorganismo muerto para detonar una respuesta inmunitaria temporal. Son más débiles que las vacunas vivas por lo que se requieren refuerzos para lograr inmunidad continua. Las vacunas de toxoide, como aquellas para tétanos, utilizan una toxina causante de enfermedad para provocar que el sistema inmunitario ataque a la toxina, en lugar de a todo el microorganismo. Las vacunas de subunidades como la de hepatitis B y las vacunas de Oxford/AstraZeneca y Johnson & Johnson contra COVID-19, emplean parte de un virus o bacteria, como una proteína o un azúcar, para provocar una respuesta inmunitaria. Existen subtipos en esta clase de vacunas según el componente (o antígeno) utilizado.
Las personas con sistemas inmunitarios suprimidos deben discutir las vacunas específicas con sus médicos. Las personas con epilepsia podrían experimentar una disminución en el umbral convulsivo después de recibir una vacuna, comenta Jonathan Santoro, MD, director de Neuroinmunología y padecimientos desmielinizantes en Children's Hospital Los Angeles. Cualquier persona con un padecimiento neurológico es particularmente vulnerable a enfermedades como influenza o COVID-19, y la protección que las vacunas confieren -con frecuencia- supera los riesgos, indica el Dr. Santoro. Es muy probable que la gente deba utilizar mascarillas después de ser vacunada contra COVID-19 y que deban recibir inyecciones anuales, señala Gary Gronseth, MD, FAAN, vicejefe de Neurología en University of Kansas.