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COVID-19 en Español
By STEPHANIE CAJIGAL

Todo sobre las vacunas

A medida que avanza el programa de vacunación contra COVID-19, surgen preguntas y preocupaciones en la población. Nuestros expertos tienen algunas respuestas.

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Ilustración de Loris Lora

Al igual que muchos estadounidenses, Linda Snider, de 49 años, radióloga en Omaha, NE, ha tomado todas las precauciones para evitar contraer COVID-19. Ella y su esposo pudieron trabajar desde casa, limitaron el tiempo que pasan en lugares públicos y no han recibido a nadie en su casa. El aislamiento es difícil, pero necesario, dice Snider.

Ella es especialmente vulnerable porque tiene ataxia espinocerebelosa tipo 1, una rara alteración motriz que debilita los músculos de su garganta y que la pone en mayor riesgo debido a la tos que causa COVID-19. “Me preocupa que, si llego a contagiarme, tendría un riesgo muy elevado de tener complicaciones, de ser hospitalizada o, incluso, de morir por el virus”, comenta.

“Se siente como un ciclo sin fin en el que tenemos que cuidarnos de todo y en el que hemos cambiado nuestras vidas por completo”, señala Snider. “Soy una persona muy sociable y ha sido muy duro tener que dejar de ver a otras personas de forma tan repentina”.

Cuando Snider escuchó por primera vez que una vacuna estaría disponible a finales de 2020, tenía sus dudas. Se preguntaba qué tan segura o efectiva sería la vacuna ya que su proceso de fabricación típicamente tarda varios años. Sin embargo, su escepticismo se disipó después de leer los correos electrónicos sobre vacunas que enviaba el hospital donde trabaja, después de ver los seminarios en línea de Centers for Disease Control and Prevention (CDC) y después de revisar la información de su departamento de salud local. “Analizar toda la información me ayudó a cambiar de opinión”, dice.

Snider se inscribió apenas se enteró que el hospital comenzó a ofrecer vacunas contra COVID-19 a los empleados y recibió la vacuna de Pfizer, dos dosis aplicadas con tres semanas de separación, en diciembre y enero. Tuvo algunos efectos secundarios, como dolor en el brazo después de la primera inyección, y escalofríos y dolor en el cuerpo después de la segunda. Sin embargo, finalmente se siente esperanzada de que la vida podría regresar a la normalidad.

Snider es uno de tantos estadounidenses que comparten el escepticismo sobre las vacunas contra COVID-19. Para atender las dudas y calmar las preocupaciones de las personas, preguntamos a especialistas en enfermedades infecciosas sobre cómo funcionan y cómo acceder a las vacunas.

Las vacunas contra COVID-19 se produjeron a una velocidad sin precedentes, gracias en parte a los avances científicos logrados a lo largo de varios años de investigación en vacunas. El gobierno federal ha invertido más de 12 mil millones de dólares para obtener, tan pronto como fuera posible, vacunas efectivas contra COVID-19. Además, las compañías farmacéuticas comenzaron su producción masiva antes de recibir autorización, de tal modo que pudieran distribuirlas tan pronto fueran autorizadas.

Actualmente se dispone de tres vacunas en Estados Unidos: Pfizer-BioNTech, Moderna y Johnson & Johnson. Para todas ellas, Food and Drug Administration (FDA) emitió una autorización para uso de emergencia, la cual durante crisis de salud, se puede otorgar a vacunas o procedimientos médicos aun cuando los fabricantes no han obtenido los permisos correspondientes. La autorización se basó en los datos obtenidos a partir de estudios clínicos en los cuales decenas de miles de personas recibieron las vacunas y la mitad recibió seguimiento durante dos meses después de haber recibido las dosis finales. En los estudios - aún en desarrollo - se encontró que la eficacia de las vacunas de Moderna y Pfizer era de 94 a 95%. Ambas vacunas, Moderna y Pfizer, requieren de dos dosis administradas, por lo general, con un intervalo de tres a cuatro semanas. La vacuna de Johnson & Johnson es de una sola inyección, no requiere almacenamiento especial a bajas temperaturas como las otras dos y su eficacia reportada fue de 85% contra la enfermedad grave.

Cómo funcionan las vacunas

Las vacunas están diseñadas para enseñar al sistema inmune a reconocer y destruir al virus antes de que tome el control de la maquinaria genética de las células, se multiplique y cause daño. Las vacunas de Pfizer y Moderna utilizan una estrategia diferente a la de la mayoría de las vacunas tradicionales: en lugar de utilizar una versión debilitada o inactivada de un virus, las vacunas contra COVID-19 utilizan ácido ribonucleico mensajero (ARNm) del mismo virus, el cual induce a las células a producir únicamente una proteína similar a la proteína espiga (spike) de SARS-CoV-2, el virus causante de COVID-19 (y que está recubierto de proteínas que le ayudan a entrar a las células humanas). Al producir únicamente la proteína y ninguna otra parte más del virus, el cuerpo reconoce al virus desarmado como un invasor y monta una respuesta inmune, produciendo anticuerpos en un proceso similar al que ocurre cuando una persona se infecta con COVID-19. Esa misma respuesta será reproducida en caso de tener contacto con el coronavirus real.

Aunque no se había aprobado el uso de esta tecnología en humanos, los científicos la han estudiado por décadas, indica María Elena Bottazzi, PhD, codirectora de Texas Children’s Hospital Center for Vaccine Development en Baylor College of Medicine. Ella y sus colegas exploran una estrategia diferente que podría utilizarse en otra vacuna contra COVID-19.

“Hemos trabajado en vacunas similares contra coronavirus los últimos 10 años”, comenta la Dra. Bottazzi. “No habíamos completado el proceso antes porque no teníamos financiamiento suficiente o porque en ese entonces no existía la sensación de urgencia”.

La presencia del nuevo coronavirus en un número tan elevado de personas hizo posible que los estudios clínicos avanzaran con rapidez y que se pudieran comparar las tasas de enfermedad en personas vacunadas y no vacunadas. Si no hubiera suficientes virus circulando en la población, podría demorar años hacer este tipo de comparaciones, explica la Dra. Bottazzi.

Seguridad garantizada

Respecto a la sugerencia de que las vacunas de ARNm pueden alterar el ADN de las personas, la Dra. Bottazzi recalca que eso es imposible. “Las vacunas de ARNm entregan al cuerpo un código que únicamente funciona de una forma”, señala. “Las células leen el ARNm y lo convierten en una proteína”. El ARNm no puede entrar a la parte de la célula que contiene el ADN, explica.

El ingrediente principal de las vacunas de Moderna y de Pfizer — ARNm encapsulado en un lípido, un tipo de grasa — es seguro y se ha evaluado a fondo en los estudios clínicos que se hicieron antes de la autorización de las vacunas y durante el periodo que ahora involucra a millones de personas vacunadas, indica Kenneth L. Tyler, MD, FAAN, jefe de Neurología en University of Colorado School of Medicine.

La vacuna de Johnson & Johnson utiliza un adenovirus — una versión modificada de uno de los virus que causa el resfriado común — para llevar el ADN que instruirá a las células a producir proteínas similares a una parte del nuevo coronavirus. De esa forma, el cuerpo produce anticuerpos para atacar al virus. El adenovirus es seguro en humanos y no se replica; la misma tecnología se utilizó para producir una vacuna contra ébola que ha sido aprobada por la Comisión Europea, de acuerdo con Johnson & Johnson.

Ninguna de las vacunas contra COVID-19 —autorizada por la FDA o en desarrollo — contiene alguno de los componentes del virus, esto significa que no es posible contraer COVID-19 por la vacunación. Lo que sí pueden hacer es reducir la probabilidad de que las personas desarrollen COVID-19, señala Philip De Jager, MD, PhD, profesor de Neurología de Columbia University Vagelos College of Physicians and Surgeons. “Si usted está vacunado y tiene contacto con el virus, quizá podría infectarse, pero es muy probable que no tenga síntomas, o bien, que tenga un caso muy leve. La vacuna da al sistema inmune una ventaja para combatir al virus si este entra al cuerpo”, explica.

Las personas que ya tuvieron COVID-19 también deberían vacunarse, según las recomendaciones de CDC. Después de tener COVID-19, la persona tiene una protección de alrededor de tres meses, dice María Nagel, MD, profesora de Neurología en University of Colorado School of Medicine. Las vacunas podrían ofrecer una protección más duradera, pero se requiere más información de los estudios clínicos para determinar la duración de la inmunidad con mayor precisión, comenta.

Cómo vacunarse

Hasta ahora, más de 60 millones de estadounidenses han recibido por lo menos una dosis, de acuerdo con los CDC. Cada estado establece sus propias políticas sobre quiénes son elegibles para recibir la vacuna. En la mayoría de los estados los trabajadores de servicios de salud y los residentes de las instituciones de cuidados a largo plazo tienen prioridad. Los adultos mayores y los trabajadores esenciales, como los maestros o los trabajadores de las tiendas de comestibles, también ocupan los primeros lugares en varios estados. La elegibilidad en algunos estados se ha extendido para incluir a personas con ciertos padecimientos. En algunos estados, como Maine, New York, North Dakota o Washington, las personas con enfermedades neurológicas son candidatas para recibir la vacuna. A mediados de marzo, el Presidente Biden anunció que a partir del primero de mayo, todos los adultos serán elegibles para recibir una vacuna y ha instruido a los estados para que suceda así.

Cada estado tiene un sistema diferente para hacer citas — a través de un sitio web, por teléfono o en persona — pero es común que sean difíciles de encontrar. Sin embargo, para Nancy Law, una mujer de 70 años con miastenia grave y que tuvo COVID-19 en noviembre, fue fácil. Debido a su participación en un estudio clínico en proceso relacionado con su enfermedad en University of Colorado, Law pudo obtener una cita a través del sitio web de la red del hospital de la universidad. El 30 de enero, acudió a un sitio de atención en el estacionamiento de un estadio de básquetbol donde miles de personas tenían una cita para ser vacunados.

El proceso completo no tardó más de 30 minutos, incluidos los 15 minutos después de la inyección en los cuales se vigila que no haya reacciones en las personas vacunadas. “Estaba tan segura de que sería una larga espera que llevé conmigo una botella con agua, refrigerios y mi iPad. Antes de poder tomar un trago de agua, ya estaba en el área de espera posvacuna”, cuenta Law, quien vive en Parker, CO, y es directora del consejo para Myasthenia Gravis Foundation of America. Recibió su segunda dosis en febrero.

Las personas deben confirmar con sus médicos o revisar los sitios web sobre vacunas de cada estado para consultar la información sobre cómo agendar una cita. Algunos recursos en línea son AARP (bit.ly/AARPVaccineInfo), NBC News (bit.ly/PlanYourVaccine), y VaccineFinder de Boston Children’s Hospital (vaccinefinder.org).

Información sobre efectos secundarios

Después de recibir la vacuna, las personas podrían experimentar dolor o inflamación en el brazo en el sitio de aplicación de la inyección; pueden desarrollar fiebre, escalofríos o dolor de cabeza; o sentir más cansancio del habitual. Estas reacciones indican que el sistema inmune está respondiendo a la vacuna y no que la persona esté experimentando COVID-19. Los efectos secundarios son más comunes después de la segunda dosis, de acuerdo con CDC. Si los efectos secundarios no se resuelven después de unos días, los CDC recomiendan ponerse en contacto con su proveedor de servicios de salud. (También puede registrar sus reacciones en Vaccine Adverse Event Reporting System — administrado por los CDC y otras agencias gubernamentales — en vaers.hhs.gov/reportevent.html.)

Después de que Taylor Sterk, de 33 años, analista de datos en Atlanta y que tiene temblor esencial, obtuviera su primera dosis de la vacuna de Pfizer (debido a su trabajo con Emory Healthcare), tuvo dolor de cabeza un día completo. Después de la segunda dosis, sintió que lo había golpeado un huracán. “Tenía un dolor de cabeza terrible, perdí el sentido del gusto y mis manos estaban frías y pegajosas. Me dolía la espalda y esa noche sólo pude dormir dos horas”, comenta. Al tercer día, Sterk se había repuesto por completo.

Aún no es claro por qué las personas experimentan reacciones diferentes a las vacunas, pero se podría relacionar con la edad, el peso, con enfermedades preexistentes, o con el estado del sistema inmunológico de cada persona, señala la Dra. Nagel. Los investigadores aún deben estudiar por qué algunas personas sí tienen efectos secundarios después de haber sido vacunados contra COVID-19 y otras no, indica.

Cómo minimizar las reacciones adversas

Beber abundantes líquidos, descansar y tomar paracetamol (Tylenol) podrían ayudar a contrarrestar los efectos secundarios después de recibir la vacuna, explica Richard J. Nowak, MD, profesor asistente de Neurología de Yale School of Medicine y director de Yale Myasthenia Gravis Clinic.

“El cuerpo está montando una respuesta inmune a la vacuna”, agrega. En personas que toman medicamentos inmunosupresores, la vacuna podría no ser tan protectora, dice el Dr. Nowak, y recomienda que los pacientes contacten a sus neurólogos antes de vacunarse para saber si hay necesidad de ajustar sus medicamentos, o si necesitan un esquema diferente de vacunación.

Sin embargo, todos deben vacunarse, aconseja Joseph R. Berger, MD, FAAN, profesor de Neurología de Hospital of the University of Pennsylvania. “Las preocupaciones actuales son únicamente teóricas, la enfermedad es real. Se sabe que, sin importar lo que toma el paciente, la vacuna tendrá cierto grado de eficacia. Las vacunas son protectoras incluso si alcanzan únicamente un 70 u 80% de eficacia”, dice.

Los informes de personas que han tenido reacciones alérgicas graves, conocidas como anafilaxia, después de vacunarse contra COVID-19 hicieron que los CDC recomendaran que todas las personas sean vigiladas durante 15 minutos después de la inyección. Las personas con antecedentes de alergias graves deben vigilarse durante 30 minutos.

Con el fin de contribuir a mejorar la comprensión de los CDC sobre las vacunas y sus efectos secundarios, las personas pueden descargar una app para teléfonos inteligentes (vsafe.cdc.gov) que hace preguntas sobre los efectos secundarios posvacunación y envía recordatorios sobre la segunda dosis. Los CDC analizan estos datos para comprender la forma en la que las personas toleran las vacunas. El organismo podría tardar una o dos semanas en montar una respuesta inmune completa, según los CDC.

Enfermedades subyacentes

No se cuenta aún con evidencia de que las vacunas contra COVID-19 puedan agravar las enfermedades neurológicas, indica Richard A. Lewis, MD, director de la Clínica Neuromuscular en Cedars-Sinai Medical Center en Los Ángeles. En un principio, las autoridades de salud consideraron que las personas con síndrome de Guillain-Barré (GBS) no deberían vacunarse, pero los CDC han confirmado que la vacuna es segura para ellos. Con base en la información y datos de los estudios clínicos de Moderna y Pfizer, los CDC señalan que no se han reportado casos de personas que hayan desarrollado GBS después de ser vacunados.

“La recomendación es enfática”, dice el Dr. Lewis, “las personas estarán mucho más seguras si se vacunan que si no lo hacen”.

La vacuna es fundamental para las personas con enfermedades neuromusculares, como miastenia grave o enfermedad de Parkinson, comenta el Dr. Tyler, porque COVID-19 podría provocar dificultad respiratoria. También es importante para las personas con enfermedades que afectan la memoria o la cognición, como la enfermedad de Alzheimer, agrega. “A muchos pacientes con demencia o alteraciones en la cognición se les dificulta seguir las recomendaciones que reducen la propagación de COVID, como el uso de mascarilla, el distanciamiento social o el lavado de manos”, añade.

Aún a pesar de que cada vez son más las personas que se han vacunado, los mitos sobre las vacunas siguen a la alza — entre ellos que causan infertilidad o que fueron creadas para rastrear a las personas con microchips—. Para contrarrestar estas falsedades, Erin M. Feinstein, DO, profesora asistente de Neurología de Rutgers New Jersey Medical School, invita a sus pacientes a visitar el sitio web de los CDC. También hace notar que COVID-19 puede exacerbar los padecimientos neurológicos. En su consulta, los pacientes con temblor esencial que se infectaron con el virus tuvieron temblores más graves y que no respondieron bien al tratamiento, incluso meses después de recuperarse de COVID-19. En contraste, comenta, no hay datos de que las vacunas causen temblor, problemas de memoria, problemas para respirar o ataque cerebrovascular. “Sin embargo, sí disponemos de información que demuestra que COVID-19 causa estos síntomas y otras complicaciones neurológicas”.

Regreso a la normalidad

Hasta que por lo menos 70% de los estadounidenses sean inmunes a COVID-19, mediante la vacunación o la exposición al virus, todos debemos continuar utilizando mascarilla y practicando el distanciamiento social y el lavado frecuente de manos, señala el Dr. Tyler. Aún no es claro el grado de protección de las vacunas contra nuevas variantes de coronavirus que se consideran más infecciosas, como las que se identificaron inicialmente en Brasil, Sudáfrica, Gran Bretaña, y en fecha más reciente, en California y New York. No obstante, los expertos concuerdan en que las variantes hacen más urgente que se vacune a tantas personas como sea posible. Aún se requieren más información para saber si las personas vacunadas podrían transmitir el virus.

Los que sí se sabe con certeza es que las vacunas nos abren el camino hacia una vida más social, dice la Dra. Bottazzi. “Eventualmente podré viajar, reunirme con otras personas y visitar a mi familia, sabiendo que todos estamos vacunados y protegidos. La esperanza es que una vez que todos estemos vacunados, cualquier virus remanente se pueda detectar y contener con rapidez”, explica.

En cuanto a Linda Snider, ahora se siente más cómoda al salir en público mientras utiliza una mascarilla. Lo primero en su lista de cosas por hacer después de vacunarse era un corte de cabello. Luego, ir a trabajar unas cuantas veces por semana para estar con los compañeros que ya se habían vacunado. “De verdad abracé a un médico con quien trabajo. ¡Ha pasado tanto tiempo!”