Un pequeño grupo de residentes de la institución de vivienda asistida Brookdale Senior Living en Urbana, IL, se relajan en sillas dispuestas con seis pies de separación en el salón de la institución y se disponen a jugar una ronda de Jeopardy! por Zoom conducida por Maya Joshi, de 15 años. "Por 100 puntos", pregunta Joshi, "¿cuál es el cuerpo de agua que separa a Francia de Inglaterra?" Los participantes son rápidos: "¡El Canal de la Mancha!"
Gracias a Lifting Hearts with the Arts, una organización sin fines de lucro en Chicago fundada por Joshi, los habitantes de residencias para adultos mayores han podido participar virtualmente en actividades sociales durante la pandemia — como jugar Jeopardy! —. Preocupada por las noticias sobre las medidas de confinamiento en instituciones de vivienda asistida y en las residencias para personas con discapacidades visuales que prohíben visitas, comidas grupales y congregaciones en áreas comunes, Joshi compartió la idea con su hermana y sus padres una mañana de marzo: ¿Qué tal si creamos un programa que ayude a los adultos mayores a mantener la conexión social?
Esta pregunta dio paso a Lifting Hearts, cuyos voluntarios son alumnos de bachillerato que organizan eventos para adultos mayores a través de plataformas de videollamadas como Zoom. En muchos de los casos, los adolescentes comparten su pasión por las artes y la música — dan recitales de piano y violín, ofrecen terapia con pintura o dirigen concursos como Name That Tune. "Teníamos tanto tiempo libre", dice June Stevens, de 14 años, una amiga cercana y compañera de clases de Joshi y que participa en el comité de Lifting Hearts junto con otra de sus compañeras, Ellie Van Houten, de 15 años, y con la hermana gemela de Joshi, Riya. "Intentar convertir una situación negativa en una positiva parecía ser lo correcto".
Al principio, Joshi y su equipo enviaron formularios a cada institución para determinar los intereses de los residentes, sus horarios y el medio más adecuado de comunicación. Para reclutar estudiantes, el grupo se anunció en boletines y en el correo electrónico escolar. Han reclutado 35 voluntarios, se han asociado con por lo menos 16 instituciones y han organizado hasta 80 sesiones en una semana.
"Nuestro objetivo es ayudar a tantas personas como nos sea posible y llegar a todas las instituciones de nuestro estado", señala Joshi. "Hemos impartido lecciones sobre tecnologías virtuales para ayudar a que los adultos mayores se familiaricen con los dispositivos, como las tabletas o los teléfonos inteligentes".
Stevens supervisa las redes sociales y contacta a los voluntarios para que se inscriban a través de la página web, en tanto Van Houten les asigna un grupo de residentes y coordina los horarios. Riya se encarga de las finanzas, recauda fondos en GoFundMe, solicita públicamente equipamiento y suministros a través de listas de deseos en Amazon y Blick, y recolecta donaciones de dispositivos usados.
Las adolescentes de Lifting Hearts también se comunican individualmente con los adultos mayores a quienes en su mayoría no conocen en persona. "Me he reunido con tres personas cada semana durante los últimos dos meses", comenta Riya. "Una de las residentes con quien hablo es como mi tercera abuela".
Las instituciones agradecen la oportunidad de conectar con los adolescentes y sus residentes aprecian el entusiasmo de los voluntarios, aun cuando los obstáculos tecnológicos se interponen. Muchos de los residentes no tenían acceso a dispositivos inteligentes o no sabían cómo utilizarlos — una institución compartía una tableta entre 200 de sus residentes — pero Lifting Hearts ha distribuido seis tabletas, dos teléfonos y materiales de pintura con valor de miles de dólares.
Algunos de los adolescentes han interactuado con adultos mayores que no saben cómo utilizar FaceTime o Zoom, o que se ausentan, sin advertencia, debido a enfermedad, olvido o debido a un cambio de horario. "Al final del día, es trabajo del voluntario y estamos ahí para ayudar", insiste Van Houten.
Hannah Xie, de 17 años y voluntaria de Lifting Hearts, toca la flauta para los residentes. Su repertorio ha incluido Concertino, de Cecile Chaminade y Greensleeves. Aunque toca frente a una pantalla y en ocasiones tiene problemas con la conexión de internet, "no es muy diferente a tocar en vivo, porque sé que la audiencia está ahí y que esperan escuchar la música", comenta.
Los adultos mayores disfrutan las conversaciones 1 a 1 con los adolescentes, hablan de todo, desde sus quesos favoritos y recetas de pastel de chocolate hasta peinados o recuerdos familiares. "Hablar por teléfono ayuda a pasar el tiempo", dice Marie Busch, de 67 años, quien ha vivido en Friedman Place, una comunidad para personas con problemas visuales, desde 2006. "Fragmenta mi día". Busch incluso enseñó a Van Houten las escalas que aprendió en la escuela, cuando ganó competencias estatales tocando el acordeón.
"En definitiva nos pone a pensar qué haremos cuando termine la pandemia", señala Van Houten sobre Lifting Hearts. "Nos gustaría continuar porque la soledad siempre será un problema para algunos adultos mayores residentes de casas de vivienda asistida, y ayuda a reducir la brecha entre generaciones".