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Las tasas de tabaquismo han disminuido dramáticamente desde su pico a mediados de los sesentas, cuando 40% de todos los adultos en Estados Unidos fumaba, de acuerdo con National Center for Health Statistics. Los datos actuales de Centers for Disease Control and Prevention indican que la tasa es de 13.7%. Sin embargo, esto aún significa que 32.4 millones de estadounidenses fuman; y por lo menos, 16 millones están afectados por padecimientos relacionados con el tabaquismo, como cáncer de pulmón, enfermedades cardiacas, hipertensión arterial, diabetes, enfisema y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

El tabaquismo también se relaciona con demencia vascular y ataque cerebrovascular, y con resultados más adversos en personas con esclerosis múltiple. "Sabemos que el tabaquismo puede dañar el endotelio, la capa delgada de células que reviste a los vasos sanguíneos, lo cual puede provocar enfermedad cardiovascular y ataque cerebrovascular", señala Philip B. Gorelick, MD, MPH, FAAN, profesor de Neurología de Northwestern University Feinberg School of Medicine en Chicago. "Además, el tabaquismo causa estrés oxidativo e inflamación en el cerebro, los cuales pueden contribuir a deterioro cognitivo y demencia".

Desde marzo de 2020, las personas que fuman o consumen productos de tabaco, como cigarros electrónicos, se han enfrentado a una nueva amenaza: COVID-19. Los consumidores de tabaco no sólo están en mayor riesgo de infección, sino que además tienen una mayor probabilidad de ingresar a la unidad de cuidados intensivos, de necesitar un ventilador y de morir por el virus, dice Jonathan Winickoff, MD, MPH, profesor de Pediatría en Massachusetts General Hospital, cuyo trabajo incluye investigación sobre el control de tabaco para la salud y bienestar de niños y adolescentes. "Todo aquello que dañe a los pulmones, abre la puerta a más enfermedades, y esto es exactamente lo que muestra la epidemiología de COVID-19", dice.

Por ejemplo, un metaanálisis de 19 estudios revisados por pares, y que incluyó un total de 11 590 pacientes con COVID-19 en todo el mundo, encontró que fumar casi duplicaba el riesgo de progresión de COVID-19. El análisis, publicado en Nicotine and Tobacco Research en mayo de 2020, también reveló que cuando la enfermedad empeoraba, los fumadores previos o actuales tenían un padecimiento más agudo o mayor probabilidad de morir.

Otro estudio, publicado en línea en Journal of Adolescent Health en agosto de 2020, encontró que los adultos jóvenes que fumaban cigarrillos electrónicos, tradicionales, o ambos, tenían de cinco a siete veces más probabilidad de ser diagnosticados con COVID-19 que los no fumadores.

Los vapeadores — en inglés, vapers; usuarios de cigarros electrónicos — se tocan la cara con mayor frecuencia que las personas que no fuman ni vapean, y aumentan la probabilidad de transferir el virus desde sus manos a la boca, comenta el Dr. Winickoff. Además, son más susceptibles a infectarse o a infectar a otros si comparten las pipas de agua o los vaporizadores tipo pluma. "Los productos de vapeo con frecuencia son compartidos entre adultos jóvenes", explica. "Debido a esto hemos visto un aumento de los casos positivos en este grupo".

Es imposible utilizar mascarilla cuando se fuma o se vapea, lo cual aumenta el riesgo de infectarse o de infectar a otros; y fumar ofrece una ruta potencial adicional para la infección. "Si alguien tiene una infección activa, es probable que el humo que exhale esté lleno de partículas virales", señala Larry B. Goldstein, MD, FAAN, jefe del departamento de Neurología de University of Kentucky en Lexington.

Fumar también aumenta la vulnerabilidad a COVID-19 de otras formas, indica Stanton Glantz, PhD, director de Center for Tobacco Control Research and Education en University of California San Francisco. Estudios muestran que el coronavirus entra a las células al unirse a los receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ECA2). "Si pensamos que estos receptores son algo similar a puertas, los fumadores tienen más de ellas y, por ende, más espacios por donde el virus puede entrar", explica el Dr. Glantz. "Cuando dejamos de fumar, la cantidad de receptores ECA2 disminuye a cifras normales".

El tabaquismo también daña a los cilios, vellos microscópicos que recubren la nariz y las vías respiratorias superiores, y a los macrófagos. Los cilios son importantes porque atrapan objetos extraños, como virus y bacterias y los empujan hacia el exterior. Los macrófagos son un sistema inmunitario natural en las celdillas respiratorias que se encuentran muy al interior de los pulmones y se encargan de englobar bacterias y virus, añade el Dr. Glantz. "En los fumadores este sistema está comprometido".

Los agentes saborizantes, como el mentol, que hacen que los fumadores puedan inhalar más profundo, sólo empeoran la situación, señala el Dr. Winickoff. "Los saborizantes mezclados con productos del tabaco tienden a producir inflamación más grave en los pulmones, lo cual replica exactamente lo que sucede en COVID-19".

Dada la relación volátil entre tabaquismo y COVID-19, los funcionarios de salud enfatizan que dejar de fumar es más importante hoy que nunca. "Hay muchas más muertes relacionadas con el tabaco que muertes relacionadas con COVID-19, por lo tanto, si pudiésemos hacer que la mitad del mundo dejara de usar tabaco debido a la pandemia, sería una consecuencia muy positiva de esta terrible enfermedad", dice el Dr. Winickoff.

Dejar de fumar es difícil de lograr en un solo intento, señala el Dr. Glantz. "El factor predictivo de éxito más potente es el número de veces que una persona lo ha intentado", indica. Otros expertos en dejar de fumar concuerdan. "Cada intento cuenta", dice Laura Corbin, jefe de oficina de Tobacco Free Florida, un programa estatal en Tallahassee. "La mayoría de los fumadores que intenta dejarlo en varias ocasiones, eventualmente tiene éxito, así que no se dé por vencido", insiste.


Métodos comprobados para deshacerse del hábito

Ya sea que intente dejar de fumar por primera vez, o que sea la enésima, las siguientes estrategias podrían ser de utilidad.

Busque ayuda. No lo haga solo, indica LaToya Clark, MPH, directora del programa sobre tabaco en Area Health Education Center (AHEC) en University of South Florida en Tampa. "Más de 90% de las personas intenta dejar de fumar de un día para otro y, de ese porcentaje, sólo 5% tiene éxito", comenta. "Sabemos que muchas personas quieren dejar de fumar, pero no pueden hacerlo solas". Cada estado dispone de una línea de ayuda 800-QUIT-NOW que conecta a personas que quieren dejar de fumar con recursos en línea, consejeros o aplicaciones para teléfonos móviles. También se puede visitar smokefree.gov o pedir a su proveedor de servicios de salud que lo refiera a un programa local para dejar de fumar. Cuente a sus amigos y familiares su objetivo, y pídales que lo motiven y supervisen.

Haga un plan. La mejor táctica depende de cuánto fuma. Para fumadores infrecuentes o que fuman poco, hacer que la casa y el automóvil estén libres de humo podría ser suficiente para motivarle a dejar de fumar, indica Stanton Glantz, PhD, director de Center for Tobacco Control Research and Education en University of California San Francisco. Para las personas que fuman una cajetilla al día, o más, una combinación de terapia conductual y medicamentos podría ser necesaria, explica.

Considere reemplazos de nicotina. Hable con su médico sobre los parches, gomas de mascar y grageas de nicotina. No fume ni use cigarros electrónicos mientras recibe terapia de reemplazo de nicotina. Diferentes medicamentos, como vareniclina (Chantix) o el antidepresivo bupropión (Wellbutrin), han sido aprobados por Food and Drug Administration para ayudar a dejar de fumar al reducir la necesidad de fumar y los síntomas de la abstinencia.

Pruebe la terapia conductual. Un asesor con entrenamiento en dejar de fumar puede ayudarle a identificar los factores o situaciones que le hacen fumar y las formas que existen para superarlos, señala Clark, quien destaca que AHEC trasladó sus sesiones de terapia grupal a sesiones virtuales debido a la pandemia. "Vimos un repunte en el número de solicitudes y referencias de los proveedores de salud aproximadamente un mes después de comenzar las sesiones virtuales", comenta.

Combine estrategias. Los datos muestran que los fumadores tienen mayor probabilidad de dejar de fumar cuando integran consejería, apoyo social y terapia de reemplazo de nicotina, apunta Clark. "Cuando se combinan las terapias, la tasa de éxito se duplica, o incluso se triplica".

Comprométase a dejar de fumar. Una vez formulado un plan, apéguese a él. Si es consistente con un programa personalizado, tendrá mayor probabilidad de convertirse en un no fumador, indica el Dr. Glantz.