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iSTOCKPHOTO/JUANMONINO

Para muchos de nosotros, los dolores de cabeza van y vienen, y normalmente sabemos qué hacer con ellos: un masaje, caminar, un sitio tranquilo, o unas tabletas de ibuprofeno. Cuando persiste, tomamos más tabletas, descansamos o lo ignoramos hasta que desaparece.

Sin embargo, ¿qué hacer con un dolor de cabeza que persiste y no responde a los tratamientos habituales? ¿Cuándo ir a urgencias? Estas preguntas surgieron hace unas semanas durante una conversación con otra mamá en una competencia de matemáticas de mi hijo. Melissa ha tenido migrañas desde la adolescencia y las manejaba con ibuprofeno y descanso. Hace poco comenzó con otro medicamento más potente porque el dolor coincidía con su periodo menstrual.

Durante unos meses, prácticamente no tuvo dolores de cabeza; pero ese día volvió la sensación familiar de tener una pinza apretando su cabeza y dolor en el ojo derecho. Pero esa ocasión era diferente. Al principio, pensó que lo diferente se podría deber a que ya había pasado tiempo sin tener dolores.

Cuando vi que mi amiga no usaba sus lentes de sol, supe que había algo distinto. La luz del sol solía molestar a Melissa cuando tenía dolor de cabeza. Sin alarmarla, revisé si tenía debilidad en los brazos o piernas y le pregunté si se sentía mareada o confundida. No había debilidad y dijo que no se sentía mareada, pero que el cuello le molestaba y que el dolor de cabeza rápidamente se volvía en el peor de su vida.

Le sugerí ir a urgencias. En el hospital, una tomografía reveló que el dolor de cabeza de Melissa se debía a una pequeña hemorragia subaracnoidea (HSA), la cual es un sangrado en el espacio que rodea al cerebro. Las hemorragias subaracnoideas no traumáticas se producen con mayor frecuencia por la rotura o la fuga de sangre de un aneurisma, una malformación de un vaso sanguíneo. Melissa tenía un aneurisma — una debilidad en la pared de uno de sus vasos sanguíneos se había abombado y llenado de sangre — y empezaba a tener fugas. Melissa ingresó al hospital y trataron con éxito el aneurisma.

Melissa tuvo suerte. Encontraron el aneurisma antes de que se rompiera. Menos de un tercio de las personas con aneurismas que logran llegar a urgencias y se someten a cirugía a tiempo se recupera sin déficits neurológicos. En ocasiones, los aneurismas tienen signos de alerta pero, como en el caso de Melissa, suelen ser silenciosos hasta que tienen fugas o se rompen. El signo más común de fuga o rotura en un aneurisma es el dolor de cabeza. Si no es habitual que tenga dolor de cabeza, uno muy intenso justifica una visita a urgencias. Pero si padece migraña, algunos signos a identificar son:

  1. El dolor de cabeza se siente diferente a cualquier otro que haya tenido.
  2. No tiene síntomas típicos, como sensibilidad a la luz.
  3. El dolor es más intenso que cualquier otro que haya tenido.
  4. Siente entumecimiento o debilidad en la cara, brazos o piernas.
  5. Tiene el cuello rígido.
  6. Presenta alteraciones visuales.
  7. Tiene antecedentes de VIH o de enfermedades autoinmunes.
  8. Si presenta cualquiera de estos, vaya a la sala de urgencias más cercana.