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COVID-19 en Español
By LISA COLLIER COOL

Consejos para lidiar con el trastorno de estrés postraumático relacionado con la pandemia

Los trastornos por estrés han aumentado durante la pandemia. Experiencias de pacientes y consejos de expertos para manejarlas.

Un día a mediados de marzo, mientras llegaba al estacionamiento del hospital donde trabajaba, Anita Lesko se sintió abrumada, ansiosa y temerosa. "Había visto sin parar noticias sobre COVID-19", comenta Lesko, CRNA, enfermera anestesista en Pensacola, FL, "y seguía oyendo sobre personas que morían por insuficiencia respiratoria, la misma enfermedad que mató a mi madre en 2013". Mientras salía del automóvil no dejaba de pensar en los peligros a los que se enfrentaría en el quirófano. "Mi trabajo incluye tener que introducir tubos respiratorios en la garganta de los pacientes, que me tosan y exponerme durante las cirugías a todo tipo de fluidos corporales que podrían contener gotas de COVID-19", dice Lesko, de 61 años. "En cuanto entré al hospital, comencé a llorar y a estremecerme. Sentía que caminaba hacia mi muerte".

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Ilustración por Loris Lora

Pensó que podría enfrentarlo, principalmente por todas las situaciones que ha superado durante su larga carrera como enfermera anestesista. Lesko, quien ha sido diagnosticada con trastorno del espectro autista, por años luchó contra la carga sensorial dentro del quirófano —lámparas brillantes, ruidos de los monitores y otros sonidos— hasta que desarrolló tolerancia. También es germofóbica y durante años sus compañeros de trabajo han hecho bromas de su tendencia a utilizar equipo de protección personal (EPP) adicional.

A pesar de que Lesko vestía doble capa de EPP esa mañana de marzo, no se sentía más segura. "Durante las horas siguientes sentí como se me acumulaba la histeria", recuerda. "En cada caso quirúrgico hiperventilaba y sentía que un elefante se sentaba en mi pecho. Al final le comenté a mi jefe que necesitaba irme temprano porque estaba al borde de un colapso emocional. Cuando salí, me senté en el automóvil temblando y sollozando. Me sentía avergonzada y apenada. Otros trabajadores de la salud eran aclamados como héroes por hacer frente al peligro — y yo huía de él".

Lesko no ha podido regresar a trabajar desde ese día. También se le ha diagnosticado trastorno por estrés postraumático (TEPT) y trastorno de ansiedad generalizada. "Me destrozaba no ser como otros trabajadores de la salud que arriesgan su vida para luchar contra este virus. Sabía que tenía que curarme de alguna forma", señala. Lesko es una de tantas personas, dentro y fuera de la comunidad de atención a la salud, en experimentar problemas de salud mental relacionados con estrés durante la pandemia de COVID-19. Neurólogos, psiquiatras y otros médicos se preparan para un aumento en el número de casos de TEPT, de trastorno por estrés agudo y de trastornos de adaptación.

Para Lesko, cada correo electrónico del hospital sobre las medidas que tenía el personal para protegerse contra un virus potencialmente mortal, le podían provocar un ataque de pánico. "Comenzaba a respirar con dificultad y pasaba horas en la cama temblando", indica. La experiencia le recordaba su primer trabajo como enfermera anestesista, en una sala de pacientes con ventilación asistida por problemas respiratorios catastróficos. "Tan solo pensar estar en esa situación, me provocaba ansiedad paralizante y una sensación de desastre inminente. Comencé a despertar a mitad de la noche en un estado de terror absoluto con pesadillas recurrentes sobre tener que estar en el quirófano intubando a un paciente con COVID-19 sólo para darme cuenta súbitamente que había olvidado ponerme cualquier tipo de EPP".

Al principio, Lesko buscó la ayuda del neuropsicólogo que diagnosticó su trastorno del espectro autista. Ahora recibe tratamiento con sesiones semanales de terapia. "El terapeuta dice que soy como un soldado que ha estado en el campo de batalla durante 32 años, haciendo sólo mi trabajo sin lidiar con los traumas y estrés que conlleva", dice Lesko. "Tuvo que ocurrir una pandemia para que mi ansiedad aumentara tanto y se revelara como TEPT".

La crisis por COVID-19 puede ser particularmente tensa para las personas con padecimientos neurológicos o de otro tipo que les confieren un riesgo de infección mayor. Brooke Knisley, quien desarrolló problemas inmunológicos debidos a complicaciones de una lesión cerebral traumática que tuvo en 2015 cuando cayó de un árbol, comenta: "El college donde daba clases cerró el 10 de marzo y a partir de esa fecha no salí de mi casa durante tres meses porque me aterraba infectarme con el coronavirus y morir".

Al principio lo manejaba bien, pero a mediados de abril los síntomas empeoraron y la instructora de redacción de 30 años originaria de Cambridge, MA, temía autolesionarse. Aunque ha podido resistir el impulso, Knisley dice que ciertas situaciones lo exacerban. Su mayor detonante ha sido la desinformación sobre cómo evitar la infección. "Escuchar a la gente que afirma que la pandemia es un bulo (hoax) o que desaparecería de milagro, ha sido profundamente perturbador", comenta. "No sólo me molesta cómo se ha manejado esta terrible enfermedad, sino que me mantiene en guardia constante".

El 10 de junio, Knisley por fin se armó de valor para salir de casa. "Me puse la mascarilla para dar una caminata corta", cuenta. "Después, a 10 pies vi a un hombre que no usaba mascarilla. Me dijo que no me había visto en el vecindario y comenzó a caminar hacia mí con la mano extendida como queriendo presentarse. Estaba tan aterrorizada que corrí de vuelta a mi casa y cerré la puerta con cerrojo. Después comencé a caminar con rabia alrededor de la sala. Me sentía impotente y desamparada". Knisley ahora tiene videoconsultas semanales con un terapeuta. "El terapeuta me ayuda a ver que mis primeros pensamientos son, a menudo, distorsionados y que no se basan en la realidad", explica. No confiaba que otras personas tomaran las precauciones necesarias y el vecino nuevo afuera de su casa parecía justificarlo. "Mi terapeuta me ayudó a aclarar que esto no era el universo confirmando todas mis creencias".

Respuesta emocional

Se espera que tres padecimientos mentales aumenten debido a la pandemia: TEPT, trastorno por estrés agudo y trastorno de adaptación. “Los tres comparten síntomas similares, pueden tener la misma gravedad, causar un alto grado de estrés psicológico y responder a los mismos tratamientos", comenta Jonathan Woodcock, MD, profesor clínico asociado de Neurología en University of Colorado School of Medicine en Denver. Tan sólo difieren en su duración y en sus detonantes, explica. "Estos tres padecimientos se definen específicamente como respuestas emocionales intensas que ocurren después de eventos estresantes", señala el Dr. Woodcock.

"En su definición, TEPT se presenta después de que alguien experimenta o presencia un evento que pone en riesgo su vida, o bien, cuando se entera de que ese evento le ha ocurrido a un familiar o a un amigo", indica Douglas Bremner, MD, profesor de Psiquiatría y Ciencias Conductuales en Emory University School of Medicine en Atlanta. "Una pandemia debida a un virus potencialmente fatal se ajusta a esa descripción y pone en riesgo a muchas personas de desarrollar el trastorno ". Esto es especialmente cierto cuando los temores de las personas son tan extremos que permanecen recluidos en casa y evitan todo contacto social. Después de todo, mantener el contacto social podría proteger contra los problemas de salud mental.

"Todos los días hablo con personas que experimentan niveles muy elevados de estrés, ansiedad y temor desencadenados por la pandemia", cuenta Scott Hirsch, MD, profesor clínico asociado de Neurología y Psiquiatría en NYU Langone Health en New York City. "Es como quedar atrapado en el desarrollo de un desastre natural en el cual las actividades diarias que parecieran inocuas, como salir de compras, abrir el correo o reunirse con amigos, de pronto se han transformado en amenazas existenciales. Para protegerse contra la infección, las personas se han vuelto hipervigilantes sobre el peligro potencial que acecha todo lo que hacen, lo cual también es uno de los síntomas de TEPT".

Las personas que continuamente se exponen de forma indirecta a un evento traumático, como el personal que labora en servicios de emergencia, en las unidades de cuidados intensivos o en los quirófanos, también son vulnerables a TEPT. La exposición a un evento traumático también puede provocar trastorno por estrés agudo, un padecimiento temporal que se presenta inmediatamente después del evento y que puede durar desde unos cuantos días hasta un mes. Las personas que continúan experimentando sintomatología durante más de un mes, deben ser evaluadas para TEPT, el cual puede ocurrir semanas, meses o, incluso, un año después del evento traumático.

Los síntomas de ambos padecimientos incluyen revivir el trauma a través de pesadillas, recuerdos, pensamientos intrusivos y de ataques de pánico. Las personas con estos trastornos evitan a toda costa lugares, situaciones u objetos que puedan evocar recuerdos del trauma. También pueden sobresaltarse con facilidad, sentirse en guardia constante, tener problemas para dormir o experimentar irritabilidad crónica y episodios de enojo. Otras características incluyen pensamientos y sentimientos negativos persistentes, como temor, vergüenza, culpa o poca confianza en sí mismos; pensamientos o creencias distorsionados sobre el evento traumático; y pérdida de interés en actividades otrora favoritas. Estos síntomas pueden provocar que la persona se sienta emocionalmente insensible y aislada de familiares y amigos.

Detonantes en evolución

Con el paso de los años, el nombre y la definición de TEPT han sufrido modificaciones, explica el Dr. Woodcock. Históricamente, se denominaba neurosis de guerra o fatiga bélica y se creía que ocurría únicamente en veteranos de guerra. Después se reconoció que muchas otras situaciones pueden provocar TEPT, como violencia sexual u otros crímenes violentos, accidentes automovilísticos, actos de terrorismo e incendios, terremotos y otros desastres naturales.

La pandemia ha provocado un cúmulo sin precedentes de situaciones altamente traumáticas. "Por ejemplo, los protocolos de control de infecciones evitan que la gente visite a sus seres queridos en asilos y hospitales y pueda constatar su estado de salud, se siente en su cama a reconfortar a un familiar muy enfermo, o que pueda dar el último adiós a un ser querido que fallece por COVID-19 o por otras causas", comenta el Dr. Woodcock. Bajo las definiciones actuales, las personas que desarrollan síntomas tipo TEPT después de situaciones estresantes, como estas, se clasifican como padecer trastorno de adaptación — una reacción emocional prolongada e intensa a factores estresantes, como la muerte de un ser querido, problemas de salud, la pérdida del empleo u otra interrupción importante de la vida diaria. "Todos estos factores estresantes afectan en gran escala a numerosas personas durante la pandemia", señala el Dr. Woodcock.

Sin embargo, a pesar de la tragedia, la tormenta económica y el estrés extremo que ha causado la crisis por COVID-19, la mayoría de las personas tienen pocas probabilidades de desarrollar TEPT u otro trastorno relacionado con el estrés. En una revisión de literatura publicada en PLOS ONE, los investigadores informaron que 28.8% de las personas expuestas a un evento traumático cumplían con los criterios para TEPT un mes después del evento; 17% aún lo hacía un año después del evento. Un estudio de 2020 publicado en International Journal of Environment Research and Public Health destacó que se había diagnosticado TEPT en 5 a 9% de los estadounidenses, aunque más de 70% declaró haberse expuesto a, por lo menos, un evento potencialmente traumático (uno que implique la muerte o el riesgo de morir, de sufrir una lesión grave o violencia sexual) y 30.5% declaró haberse expuesto a cuatro o más de esos eventos.

El riesgo de presentar TEPT es mayor en ciertas personas, indica el Dr. Bremner. "El antecedente de un evento traumático, en particular abuso físico o sexual durante la infancia, confiere a las personas el riesgo máximo para desarrollar TEPT después de un evento traumático subsecuente. El primer evento traumático sirve como un detonante que los predispone a experimentar síntomas similares cuando experimentan otro evento traumático. Por ejemplo, los niños que sufrieron abuso podrían presentar experiencias disociativas o extracorpóreas como una forma de escape psicológico del trauma. Un evento traumático subsecuente puede desencadenar la recurrencia de ese síntoma".

Tener el antecedente, reciente o pasado, de un padecimiento psiquiátrico también puede aumentar la probabilidad de desarrollar estrés postraumático, señala el Dr. Hirsch. "El autoaislamiento y el nivel elevado de temor debido a un virus potencialmente letal, pueden empeorar la depresión y la ansiedad de las personas que tienen estos padecimientos, lo cual a su vez puede hacerlos más susceptibles a TEPT que las personas sin antecedentes de problemas de salud mental", explica. Por ejemplo, agrega, "Las tendencias de alguien que tiene TOC [trastorno obsesivo compulsivo] podrían exacerbarse durante el confinamiento, y la persona se lavará las manos de modo obsesivo y realizará limpieza y desinfección contantes en su hogar". Aunque una conducta como el lavado de manos frecuente es comprensible durante esta pandemia, una persona que percibe todo como una amenaza existencial podría experimentar ataques de pánico, pesadillas, evasión, depresión u otros síntomas de TEPT, señala el Dr. Hirsch.

Knisley, quien evitó salir en público durante meses, comenta que la terapia ha mejorado su estado mental. "Cuando siento la necesidad [de autolesionarme], ya soy más capaz de distraerme", dice. El mayor beneficio ha sido superar sus pensamientos negativos. "Debido a que mi autoestima es casi inexistente, cuando recibí un correo electrónico de la universidad diciendo que habría clases presenciales en el otoño, mi primera reacción fue de enojo extremo", cuenta. Dado que no conduce ni se siente segura en el transporte público, interpretó la decisión de la universidad como indiferencia sobre si vivía o moría. "Mi terapeuta me recordó que yo le había dicho que mis supervisores alababan mi trabajo y me valoraban de forma consistente", indica Knisley. "Eso me puso a pensar sobre si podría pedir que enseñara mis cursos de forma virtual".

Enfóquese en la recuperación

El terapeuta de Lesko le ha ayudado a encontrar nuevas formas para sentirse plena. "Como no puedo regresar a mi trabajo como enfermera anestesista, he decidido enfocarme en ayudar a otros a mejorar su salud durante la pandemia", comenta Lesko, quien autopublicó un libro en abril: A Food Revolution: How the Plant-Based Lifestyle Can Win the Global War on Diabetes, Obesity and Heart Disease. Cambió a una dieta basada en plantas y perdió 70 libras después de ser diagnosticada con diabetes tipo 2 hace dos años.

"Antes hacía jabones artesanales por lo que compré suministros para volver a hacerlos", añade Lesko. "También doy refugio a animales rescatados: tengo tres caballos y una mula miniatura. Al principio, yo era un desastre psicológico y mis animales me rehuían. Ahora me dejan acariciarlos cuando siento que mi histeria se acumula y eso es muy reconfortante. Siento que nos ayudamos unos a otros a sanar de las situaciones estresantes".

Formas efectivas para lidiar con TEPT

Para muchas personas, TEPT se resuelve por sí solo. “Alrededor de 50% de los individuos reportan una mejoría significativa en un periodo de 6 a 12 meses”, explica Jonathan Woodcock, MD, profesor clínico asociado de Neurología en University of Colorado School of Medicine en Denver.

Las personas que tienen síntomas crónicos — como ataques de pánico, recuerdos vívidos, pérdida de interés en las actividades que antes disfrutaban o problemas para dormir o concentrarse — o que no pueden funcionar de manera eficiente en su trabajo o en su vida diaria, deben considerar buscar ayuda en su médico o en un profesional de salud mental, aconseja.

No tratar la enfermedad podría provocar un aumento en el riesgo de ataque cerebrovascular y otros problemas de salud. Un estudio de 2019 publicado en la revista Stroke encontró que los veteranos jóvenes y de mediana edad que padecían el trastorno tenían una probabilidad 61% mayor de presentar ataques isquémicos transitorios (miniataques cerebrovasculares) y 36% más de tener un ataque cerebrovascular en comparación con personas de la misma edad, pero sin TEPT — incluso si se consideran factores como tabaquismo, dieta deficiente, ausencia de ejercicio o abuso de sustancias. Se requiere más investigación para saber si el tratamiento del TEPT reduce el riesgo de ataque cerebrovascular, comentaron los investigadores.

El tratamiento más efectivo para TEPT combina psicoterapia y medicamentos para pacientes que no mejoran con terapia sola, indica el Dr. Hirsch. “En particular en pacientes con síntomas más graves, la combinación de terapia y medicamentos posee la mayor probabilidad de producir reducción significativa o remisión de los síntomas”. Los medicamentos solos también pueden ser efectivos, señala. “Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son la base del tratamiento. Son relativamente asequibles y funcionan bien en la mayoría de los pacientes”. Algunos ISRS, como sertralina (Zoloft) y paroxetina (Paxil), han sido aprobados por Food and Drug Administration para el tratamiento de TEPT.

Un estilo de vida saludable es importante para lidiar con el TEPT, señala el Dr. Hirsch. “Lo último que querrá hacer es traumatizarse más abusando del alcohol, de la comida en exceso o sentarse en el sillón lidiando con sus recuerdos perturbadores”, explica. “El ejercicio es una excelente forma para distraerse de los sentimientos negativos y para reducir la depresión y la ansiedad”. Prácticas como mindfulness —enfocarse en el momento presente sin emitir juicios mientras se liberan pensamientos estresantes —, respiración profunda y meditación también pueden brindar cierto alivio.

Se utilizan diferentes tipos de psicoterapia para pacientes con TEPT, entre ellos destacan:

Terapia cognitiva conductual (TCC). “La estrategia fundamental de esta terapia es ayudar a los pacientes a reestructurar los pensamientos negativos que no se consideran racionales y reemplazarlos con una manera de pensar más realista y constructiva”, indica el Dr. Woodcock. Los pacientes también aprenden estrategias para cambiar sus patrones de conducta — y pueden realizar “tareas” para ayudarles a desarrollar habilidades de superación, como usar el juego de roles para prepararse ante situaciones potencialmente estresantes o temibles. Al final, el objetivo es fortalecer a los pacientes para convertirse en sus propios terapeutas y avanzar de manera positiva. “Una gran cantidad de evidencia científica ha demostrado que TCC es uno de los tratamientos más efectivos para diversos trastornos psiquiátricos, incluido TEPT”, informa el Dr. Woodcock.

Terapia de exposición. “Este tipo de terapia ayuda a los pacientes a confrontar sus temores y las reacciones de estrés agudo que les hacen evitar ciertos lugares, situaciones y actividades”, comenta Scott Hirsch, MD, profesor clínico asociado de Psiquiatría de niños y adolescentes en NYU Langone Health en New York City. “El tratamiento típicamente comienza con exposiciones leves. Por ejemplo, una persona que trabajaba en atención a la salud y fue traumatizada por eventos que sucedieron en un hospital, podría comenzar hablando sobre el estacionamiento del hospital; después podría conducir cerca del estacionamiento y ver a sus colegas del hospital como parte de su terapia”. En algunos casos, la exposición gradual a las situaciones, o a los sitios temidos, se combina con ejercicios de relajación.

Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (DRMO). Esta psicoterapia se desarrolló específicamente para aliviar la angustia debida a TEPT y es semejante a la terapia de exposición en que los pacientes recuerdan los eventos traumáticos (en pequeñas dosis) en un ambiente seguro. De forma simultánea, el paciente observa un objeto que se mueve de un lado a otro, por ejemplo, los dedos del terapeuta o un haz de luz. “Esta es una técnica muy especializada que puede desencadenar síntomas de TEPT, leves o graves”, expresa el Dr. Woodcock. “Si el detonante es leve, será útil para desensibilizar al paciente; pero si el detonante es importante, el paciente podría no tolerar el tratamiento con facilidad”.

Cómo afecta el TEPT al cerebro

Para saber qué provoca el TEPT, los científicos han realizado numerosos estudios en cerebros de personas con el trastorno y han identificado algunas diferencias intrigantes, comenta el Dr. Bremner. “Básicamente el circuito de lucha-o-huida en el cerebro se vuelve hiperactivo y libera cantidades elevadas de las hormonas del estrés cortisol y noradrenalina. Esto explica por qué las personas con TEPT son nerviosas, se sobresaltan con facilidad, son irritables, hipervigilantes y propensas a tener alteraciones del sueño”.

La investigación del Dr. Bremner y de otros científicos sugiere que tres áreas del cerebro implicadas en la respuesta de estrés —amígdala, hipocampo y corteza prefrontal — desempeñan una función central en el TEPT. El trastorno también se relaciona con cambios duraderos en esas tres áreas. “Los hallazgos en estudios animales y de imagen cerebral en personas con TEPT muestran que las personas que tienen el trastorno poseen un hipocampo de menor tamaño, una región implicada en la memoria a corto plazo que es muy sensible al estrés”, indica el Dr. Bremmer. “Estos individuos también tienen una aumento en la actividad de la amígdala, el área donde se codifican los recuerdos de los eventos, y una actividad disminuida de la corteza prefrontal, el área que inhibe la respuesta de miedo. Creemos que la disfunción del circuito que conecta a estas tres áreas podría ser la causa de los síntomas de TEPT”.

Los estudios realizados por el Dr. Bremner y su equipo han demostrado que un hipocampo de menor volumen parece tener relación con varios trastornos psiquiátricos, como depresión, ansiedad y trastorno límite de la personalidad en personas que sufrieron abuso en la infancia. “Creemos que la combinación de un hipocampo más pequeño debido a trauma temprano combinado con una amígdala hiperactiva y una capacidad disminuida de la corteza prefrontal para inhibir son la causa subyacente de los síntomas de TEPT”, dice el Dr. Bremner.

Otros estudios apoyan estos hallazgos, comenta el Dr. Woodcock. “No sabemos si las diferencias en la amígdala aumentan el riesgo; pero la amígdala sí está implicada estrechamente en TEPT, se vuelve hiperactiva y activa a otras partes del cerebro, como el hipotálamo y el mesencéfalo, para producir síntomas de TEPT”.

El Dr. Bremner también ha evaluado los efectos de los medicamentos prescritos con frecuencia para TEPT sobre la estructura del cerebro y su función. Uno de esos estudios encontró que paroxetina (Paxil) reduce los síntomas en un 54% (a partir del nivel que refiere el paciente al inicio del estudio) y que el tratamiento produjo un aumento de 4.6% en el volumen del hipocampo.