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By ALICE GARBARINI HURLEY

Médico Maravilla

Un héroe de historietas, muy popular en México, inspiró a un trabajador inmigrante a dedicarse a las neurociencias y ayudar a la gente necesitada.

Alfredo Quiñones Hinojosa, MD
Cortesía de Mayo Clinic y Alfredo Quiñones-Hinojosa, MD

De niño y viviendo en una pequeña población campesina cerca de Mexicali, México, a Alfredo Quiñones Hinojosa, MD, le fascinaba detenerse en las tiendas de conveniencia para comprar la última edición de su libro de historietas favorito: Kalimán, el Hombre Increíble. Junto con sus amigos, Martín y Efraín, leía con atención las hazañas del superhéroe, cuyos poderes incluían conocimientos científicos, curación y telepatía. El joven idealizaba a su místico e intelectual héroe que se vestía de blanco y usaba un turbante adornado con una K.

“Kalimán usaba la meditación y sus poderes psíquicos para viajar a través del espacio. Era amable, bueno y luchaba por la gente que tenía poco”, recuerda el Dr. Quiñones Hinojosa, ahora un destacado neurocirujano conocido con cariño por sus pacientes como Dr. Q. “Él era un científico; de niño yo me creía Kalimán, no cabe duda”.

Libertad para explorar

El futuro médico creció en una pequeña parcela “en medio de la nada”, disfrutando lo que él llama una vida exploradora. “Acostumbraba salir a los canales de riego y pescar cangrejos y camarones de río”, cuenta. “Recuerdo estar sobre el techo de nuestra casa mirando a las estrellas y pensando que quería ser explorador”. Su padre ganaba un salario modesto en una gasolinera y la familia de ocho, en la que el Dr. Q es el mayor de seis hermanos, apenas tenía comida y vivía en una casa de dos habitaciones. “Lo más importante que teníamos era nuestra familia”, recuerda el Dr. Q, quien después otorgaría el crédito de su propia compasión hacia sus pacientes a su abuela, una partera y curandera local.

La educación era también importante para él. El Dr. Q prosperaba en la escuela pública local y eventualmente se graduó con una licencia en educación. Sin embargo, él no estaba satisfecho y soñaba con un futuro diferente. Durante los veranos de su adolescencia viajaba escondido bajo la lona de la parte trasera de una camioneta al San Joaquín Valley en California, para cosechar tomates y preparar campos de algodón para
la cosecha.

En California, el Dr. Q dominó con rapidez máquinas e instrumentos. “Era capaz de conducir una sofisticada máquina cosechadora con todo tipo de hojas filosas”, recuerda. “Solía sentarme ahí como un astronauta, usando mis pies para controlar la máquina”. Poco después, ya nivelaba la tierra, araba surcos y movía los tubos de riego dos veces al día en lodo que le llegaba hasta las rodillas. Con el tiempo se convirtió en encargado en una compañía ferroviaria cerca de Stockton, California, donde soldaba, pintaba y daba mantenimiento a tanques que transportaban azufre. A los 19 años, se mudó definitivamente a los Estados Unidos, como también lo hizo casi toda su familia estableciéndose al norte de California. “Todos tuvimos que ir tras el trabajo”, comenta el Dr. Q.

Dr. Q at age 4

Alfredo Quiñones Hinojosa, MD a los 4 años (derecha). Para convertirse en médico se inspiró en Kalimán, el héroe de historietas (izquierda). Cortesía de Mayo Clinic y Alfredo Quiñones-Hinojosa, MD

Una epifanía

Dos años después, trabajando en la compañía ferroviaria, el Dr. Q quedó atrapado en uno de los tanques. Cayó dentro de uno de ellos al reparar una válvula de seguridad y perder una de las piezas de su equipo. Incapaz de evitar respirar los peligrosos vapores del azufre, fue perdiendo la conciencia poco a poco mientras su cuñado, que también trabajaba con él, luchaba para sacarlo. El Dr. Q fue llevado de urgencia al hospital donde recuperó la conciencia. Los médicos lo dieron de alta tras determinar que no había sufrido lesiones permanentes. Sin embargo este accidente, que pudo ser fatal, cambió la forma de pensar del joven de 21 años: se sentía profundamente agradecido de estar vivo y tenía ahora la determinación de hacer algo para ayudar a otros.

“Ese accidente me enseñó que quería ayudar a otros seres humanos”, recuerda. “Para lograrlo, me di cuenta que necesitaba retomar mis estudios”.

El Dr. Q siguió trabajando en la compañía ferroviaria durante el día y, por las noches, estudiaba inglés en el colegio comunitario local. Asimismo, enseñaba matemáticas y ciencias a estudiantes que sólo hablaban español y se unió al equipo de debate con miras a mejorar sus habilidades de habla en público y a dominar el inglés. Renunció al trabajo ferroviario tras obtener una beca en la University of California en Berkeley para estudiar psicología. A pesar de que aún le costaba trabajo hablar y hacer tareas en inglés, destacó en cálculo y química.

Una dirección diferente

Poco después de llegar a Berkeley, el Dr. Q encontró un mentor en el departamento de psicología: Joe Martínez, PhD, quién dirigía el laboratorio de neurobiología que tanto intrigaba al joven estudiante. En su último año de escuela, el Dr. Q sabía que deseaba continuar con su educación pero dudaba entre la escuela de leyes y la de medicina. Al final, los recuerdos de su abuela, la curandera y partera de su pueblo, fueron los que le inspiraron a elegir la medicina.

Después de terminar con honores su tesis en neurociencias, el Dr. Q fue alentado por el Dr. Martínez y por Hugo Mora, director del Hispanic Center of Excellence de Berkeley, a hacer solicitud de ingreso en Harvard Medical School. Para su gran sorpresa y agrado, fue admitido.

En Harvard, el Dr. Q conoció a Edward Kravitz, PhD, cuyo laboratorio de neurobiología era muy reconocido. Los dos hombres compartían la experiencia de haber vivido infancias en condiciones marginales y prosperado con rapidez a partir de medios modestos -el Dr. Kravitz creció en el Bronx y a los 30 años era ya profesor de Harvard-. “Nos acoplamos al instante”, recuerda el Dr. Q.

El antiguo trabajador inmigrante continuó con éxito en la escuela de medicina. Se dedicó de lleno a la investigación, recibió becas y otras distinciones académicas y se graduó con honores. Se convirtió también en ciudadano de los Estados Unidos e incluso dio el discurso en la ceremonia de graduación de su promoción.

Al salir de Harvard, el Dr. Q regresó a California, donde completó su internado, residencia y parte de su trabajo posdoctoral en la University of California San Francisco (UCSF). Durante su estancia en UCSF, tomó la decisión de continuar hacia neurocirugía y en 2005 se mudó a la Johns Hopkins University para convertirse en profesor y cirujano especializado en cáncer de cerebro y tumores hipofisarios. Hoy en día es profesor de la cátedra William J. y Charlie H. Mayo y jefe del departamento de neurocirugía en la Mayo Clinic en Jacksonville, Florida.

Evolución natural

Algunas de las cosas que el Dr. Q aprendió en el campo le han sido útiles en su trabajo dentro del quirófano. Por ejemplo, confía en las habilidades que perfeccionó en las cosechadoras -donde usaba los pies para controlar la maquinaria- al hacer uso de un dispositivo futurístico al que se refiere con cariño como “la silla del Capitán Kirk”. Con uno de sus pies presiona un pedal para controlar el zoom e inclinar el microscopio durante una cirugía.

Luchar contra un villano

Al igual que Kalimán, el Dr. Q ha dedicado su carrera a aniquilar un enemigo mortal. En el caso del Dr. Q, el enemigo es el glioblastoma multiforme (GBM), la forma más común y agresiva de cáncer de cerebro. De acuerdo con la American Brain Tumor Association, la vida media de un adulto tratado con quimioterapia y radiación es de alrededor de un año y medio. En el Tumor Stem Cell Research Laboratory de la Mayo Clinic, el neurocirujano y su equipo emplean herramientas con tecnología de punta para inhibir a las células iniciadoras de tumores cerebrales malignos que causan el glioblastoma. “Tratamos de desenredar los misterios de la migración del cáncer de cerebro”, explica el Dr. Q.

Una de las áreas actuales de investigación explora el uso de células madre de tejido graso para el tratamiento de tumores de cerebro. En condiciones ideales, los pacientes donarían su propio tejido graso, éste se expandiría en el laboratorio y se modificaría para expresar un gen terapéutico. Las células madres serían entonces reintroducidas al cuerpo del paciente para, selectivamente, atacar y destruir células tumorales. “Cada paciente formaría parte de algo mucho más grande y ayudaría a curar el cáncer en general. Nuestro laboratorio trabaja para darle armas a las células del cuerpo y que puedan combatir al cáncer”, explica el Dr. Q.

Poder de estrella

El equipo del Dr. Q ha recibido múltiples financiamientos del National Institutes of Health. A su vez, la historia de su vida ha captado la atención de Disney y de la compañía Plan B de Brad Pitt que trabajan en su película biográfica.

“Organicé un simposio de neurociencias en la Ciudad de México y era como tratar con una estrella de rock”, menciona Joseph I. Sirven, MD, FAAN, profesor de neurología en la Mayo Clinic en Scottsdale, Arizona, y editor en jefe del sitio web Epilepsy.com. “Su carisma, humildad y el compromiso con su trabajo son irresistibles. Cuando entró, la audiencia superaba los 500 asistentes y con él apareció un ejército de cámaras. Sin embargo, él no olvida su pasado, ayuda y devuelve a la comunidad. A algunas personas que les va muy bien se les olvida de donde vienen y qué fue lo que los impulsó”.

Para algunos podrá ser una estrella de rock, pero en casa el Dr. Q es el esposo de buenos modales de Anna, con quien tiene dos hijas de 19 y 12 años, un hijo de 16, dos perros y dos gatos. Incluso, es posible encontrarse al Dr. Q de compras en la tienda Publix® local oliendo tomates en el pasillo de productos del campo. “Me recuerda a cuando trabajaba en los campos”, comenta.

Dr. Q checking patient
Dr. Q explora a un paciente en la Mayo Clinic en Jacksonville, Florida. Cortesía de Mayo Clinic y Alfredo Quiñones-Hinojosa, MD

Ayudar

En 2011, el Dr. Q fue cofundador de Mission:BRAIN (Bridging Resources and Advancing International Neurosurgery), una organización sin fines de lucro que brinda experiencia, conocimientos y recursos en neurocirugía a pacientes, cuidadores y personal de salud en áreas desfavorecidas alrededor del mundo. Varios de sus equipos han viajado a México, Filipinas y Haití. Una de sus metas actuales es llevar voluntarios al Hospital Civil de Guadalajara, México, para realizar cirugías de cerebro en pacientes que no pueden pagar el viaje a la Mayo Clinic en Florida.

“Junto con su equipo ha realizado un hermoso trabajo para mejorar la cirugía de cerebro”, menciona el Dr. Sirven. “Los pacientes lo adoran”.

“El Dr. Q trata de encontrar a los pacientes justo donde están” considera Maisha T. Robinson, MD, MS, neuróloga y especialista en cuidados paliativos y una de las colegas del Dr. Q en la Mayo Clinic en Jacksonville. “Muchos reciben malas noticias sobre tumores cerebrales, él trata de calmar temores. Posee también un espíritu colaborativo y valora el esfuerzo de todos los demás, desde el nutriólogo hasta el equipo de rehabilitación”, añade.

Su conexión con el paciente es un motivo de orgullo para el Dr. Q y también una habilidad de la que da crédito a su abuela. “Ella me enseñó una lección muy importante sobre el tratamiento y cuidado de los pacientes”, recuerda, “la vida y el bienestar del paciente deben estar por encima de todas las cosas”. Ella tenía también un gran tacto al conectar con sus pacientes al mirarlos a los ojos, estudiar hasta el más pequeño de sus síntomas y colocar las manos en sus hombros para animarlos y compartir su poderosa energía curativa”.

La exploración continúa

El Dr. Q comenta que todavía mira al cielo como lo hacía cuando era niño, contemplando el futuro. “Aún hoy siento lo mismo. Quiero lograr mucho más”, añade. “Dios da esperanza a las personas y a mí me permite encontrar curas a través de la ciencia. Quiero cambiar el mundo y encontrar una cura para el cáncer de cerebro y que la gente reciba tratamiento sin importar el color de su piel o su credo”.

“Al igual que Kalimán, hago cosas con el corazón. Siento que tengo una oportunidad de ayudar a la gente”, explica, “Lo hago con mi bisturí, manos y conocimiento”.


Cirujano de los pobres

Por Mary Bolster

A través de su organización de beneficencia Mission:BRAIN, el Dr. Q realiza cirugía de cerebro gratuita en poblaciones desfavorecidas alrededor del mundo.

Tras completar su residencia médica en 2005, Alfredo Quiñones Hinojosa, MD, ahora Neurocirujano de la Mayo Clinic en Jacksonville, Florida, sabía que quería agradecer y devolver a su comunidad, particularmente en países en vías de desarrollo. Se dio cuenta de que su propio camino al éxito–de trabajador inmigrante a médico–le había sido más fácil gracias a que contó con mentores importantes y a que tuvo golpes de suerte.

“Quería compartir las bendiciones que recibí en los Estados Unidos”, explica. Su primera idea fue compartir el conocimiento médico que había adquirido con los años. Esto le llevó a una serie de misiones educativas en Guadalajara, México, donde regaló libros de texto e intercambió información con estudiantes de medicina y residentes.

Cirugía de cerebro gratuita

El éxito de esos primeros encuentros alentó al joven médico, a quien sus pacientes llaman con cariño Dr. Q, a ampliar su visión y en 2011 dirigió su primera misión quirúrgica en un pequeño hospital comunitario en México. Basándose en el éxito de la misión, el Dr. Q fundó una organización sin fines de lucro llamada MISSION:BRAIN, que tiene como objetivo proporcionar cirugía de cerebro a gente que no puede pagarla en países en vías de desarrollo como México, Colombia, Perú y Filipinas,

Desde entonces, el Dr. Q ha reclutado a algunos de los neurocirujanos más talentosos del país para que donen su tiempo y experiencia y realicen cirugías de cerebro complejas. “Mis colegas usan tiempo de sus vacaciones, pagan sus propios vuelos y hoteles y no reciben salario. Quitan tiempo a sus familias para donar sus servicios”. Contar con amigos generosos que además son cirujanos expertos es su “súper poder”, comenta el Dr. Q.

Casos desafiantes

El Dr. Q se apasiona más cuando describe las cirugías complejas que él y sus colegas han realizado con éxito. “Extirpamos tumores cerebrales, lesiones y malformaciones vasculares muy complejas. Las cirugías son emocionantes y apasionantes”, comenta. Junto con su equipo, el Dr. Q ha corregido también deformidades mayores de columna. MISSION:BRAIN recibe de cinco a diez casos en cada hospital y los pacientes son seleccionados por médicos y cirujanos locales. “Los pacientes tienen que ser muy pobres, tanto que no dispongan de los recursos para viajar al hospital a recibir tratamiento”, añade el Dr. Q.

Algunas de las operaciones son realizadas en instalaciones que cuentan con buenos equipos y personal, del tipo que estos pacientes jamás han experimentado, comenta el Dr. Q. Si la operación se realiza en un hospital comunitario pequeño, el Dr. Q y sus colegas traen consigo equipo y suministros que después son donados.

Construyendo puentes

El Dr. Q menciona que la misión de su grupo es la de difundir conocimiento y dotar de poder a la gente de las pequeñas comunidades que visita para que continúen el trabajo. “Les enseñamos a pescar para que ellos sigan pescando cuando nosotros nos hayamos ido”, añade. También quiere dar esperanza a los necesitados, espera que MISSION:BRAIN siga mucho tiempo después de que él se haya ido. “Espero que mis residentes digan: ‘Voy a seguir con esto’. La pobreza y las enfermedades complejas siempre existirán y espero que ellos continúen”.