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Cortesía de Joel Salinas, MD, MBA, MSC

¿De qué parte del mundo hispano es usted originario?

Mi familia es de Nicaragua, pero yo nací en Miami. Mis padres tuvieron que abandonar el país debido a la persecución política pero siempre hablaban de cómo extrañaban sus vidas en Nicaragua. Trabajaron muy duro para retomar sus vidas y asegurarse de que mi hermano, mi hermana y yo tuviéramos las mismas oportunidades que otros tienen en Estados Unidos. Cuando yo era niño, mi padre tenía tres trabajos, cada día repartía periódicos antes del amanecer, paquetes para UPS bajo el sofocante sol y pizzas al atardecer. Mi madre trabajó en supermercados, detrás del mostrador de pastelería y delicatesen. Eran trabajos que nunca pensaron hacer, pero se sacrificaron por nosotros. Me enseñaron la lección que me motiva cada día: el valor del trabajo duro.

¿Cómo llegó al campo de la Neurología?

Estudié biología y sociología en Cornell University y después medicina en University of Miami. Al principio pensé dedicarme a la cirugía de trauma o a la psiquiatría, pero al final me especialicé en neurología en Partners Program y en Harvard Medical School. Pensé que si puedo hacer algo aun pequeño para ayudar al cerebro o a la mente de un paciente, puedo generar un impacto exponencial en todo su universo entero. Nuestro sistema nervioso es el centro y el porqué de todo lo que hacemos; desde las células y moléculas del cerebro hasta nuestra percepción y consciencia. Para mí es bello, maravilloso y, en gran medida, la prueba de que el mundo posee una magia innegable.

¿A qué se hubiera dedicado si no fuera neurólogo?

Tal vez me dedicaría al arte conceptual, chef o a alguna otra profesión en la que utilice todos mis sentidos. Mis pensamientos y gustos son inextricablemente inspirados por sinestesia, una condición neurológica que mezcla los sentidos e influencia involuntariamente la forma en la que percibo lo que me rodea. Por ejemplo, percibo los sonidos, las letras y los números con colores y viceversa. También tengo una forma específica de sinestesia denominada sinestesia tacto-espejo, en la cual el cerebro posee una versión hiperactiva de un reflejo sensorial que todos tenemos y trata de reflejar los sentimientos emocionales y físicos de las personas que nos rodean. He aprendido a utilizar esta empatía extrema para ayudar a mis pacientes y a los demás. Es algo raro y también un poco abstracto de entender, pero siempre está presente en todas mis interacciones. Por ejemplo, en una ocasión recibí una carta de una paciente en la que expresaba que no sabía por qué, pero que en nuestra cita sintió que era la primera vez en 50 años que un médico en verdad la escuchaba y que la hizo sentir comprendida.

¿Cuál es su pasatiempo?

Mis pasatiempos favoritos son escribir y comer bien. En Nueva York, vivo cerca de Central Park y me encanta caminar y perderme en él escuchando música y observando la naturaleza. En este mundo, en esta vida, siempre hay tantas cosas -evidentes y ocultas- que observar y apreciar.