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By STACEY COLINO

Trabajo Maravilla

Trabajar por las personas con enfermedad de Alzheimer mantiene vivo el recuerdo de su madre, dice la cantante y actriz Lynda Carter.

Lynda Carter
Lynda Carter ha estado activa en la comunidad del Alzheimer desde que su madre fue diagnosticada en 2013. Fotografía por Karl Simone

Es mejor conocida como Wonder Woman del programa de televisión de los 70, pero los talentos de Lynda Carter superan al icónico personaje. No sólo ha criado a dos hijos y trabajado por causas en las que cree, además ha escrito canciones y conducido programas como Street Life, el especial de TV nominado al Emmy en 1982, el cual presentó danza flamenca como guiño a la ascendencia hispana de Carter. La música fue su primer amor, ha actuado en el Lincoln Center en New York, Kennedy Center en Washington, DC, y en el Eisemann Center for Performing Arts en Dallas.

Sin embargo, por más de 17 años y desde que su madre, Juanita Córdova, fue diagnosticada con enfermedad de Alzheimer en 2003 a los 79 años, Carter ha protagonizado su papel más importante: trabajar por un mayor conocimiento y fondos para investigar la enfermedad. Hace poco asoció su nombre y apoyó a Maria Shriver’s Women’s Alzheimer’s Movement; también forma parte del comité ejecutivo para Alzheimer’s Drug Discovery Foundation, una organización sin fines de lucro fundada en 1998 por la familia Lauder que apoya la investigación del Alzheimer en el mundo.

Cuando su madre, conocida como Jean y proveniente de México, fue diagnosticada, vivía sola en Phoenix donde Carter y sus hermanos crecieron. Carter, quien vive fuera de Washington, DC, volaba cada dos meses a Arizona para ver a Jean. Con el tiempo, notó cambios en su comportamiento y signos de deterioro cognitivo. “Se enojaba si tenía que conducir de noche”, recuerda Carter. Su madre había sido independiente, social y conducía dondequiera, y ahora se rehusaba. Cuando Carter se quedaba en casa de su hermano, Jean se molestaba si le pedía que fuera allá por la tarde. “Quería irse antes de que oscureciera porque no recordaba los números de las calles y se perdía”, recuerda Carter.

Lynda Carter en el icónico papel de Wonder Woman
Lynda Carter en el icónico papel de Wonder Woman. CORTESÍA DE LYNDA CARTER

La salud de Jean se volvió un problema que no pudieron ignorar cuando se cayó en su casa. El hermano de Carter la encontró y llevó al doctor, ahí descubrieron que las uñas de sus pies habían crecido tanto que le impedían caminar. El médico recomendó que, por su seguridad, no viviera sola, por lo que se mudó a una institución que contaba con espacios seguros, jardín con un sendero y supervisión médica suficiente.

Por los antecedentes de su madre —dos de sus hermanos y su madre desarrollaron demencia entre los 70 y 75 años— el diagnóstico no fue una sorpresa, comenta Carter, tampoco fue desolador por completo. “Mi madre se volvió una persona más feliz después de la mudanza”, señala Carter. “Había personas que cuidaban de ella, no estaba sola y el médico le prescribió antidepresivos”. También recibía dos medicamentos para intentar retrasar la progresión de la enfermedad; pero los antidepresivos marcaron la diferencia, indica Carter. “Realmente mejoraron su calidad de vida”.

Carter hizo cuanto pudo para preservar la dignidad de su madre en su enfermedad. “Nunca jugué el juego de recuerdas cuando”. En su lugar, Carter le llamaba o visitaba y bromeaba “Hola, mamá, soy Lynda — ¡tu hija favorita!” o, si batallaba para recordar algo, le decía: “Está bien, mamá, no es necesario que lo recuerdes, yo lo recuerdo por ti”.
Jean siempre reconoció a su hija, “pero si salía de la habitación y regresaba, me decía: ‘¿Cuándo llegaste?’ Recordaba quién era, pero no que ya estaba ahí”, comenta Carter. Tampoco olvidó al padre de Carter, quien se casó dos veces después de divorciarse cuando Carter era niña. Jean nunca se volvió a casar y cuando alguna vez la visitó, le dijo que él fue la única persona a quien ella amó. “Recordó lo suficiente para saber quién era y cuánto lo había amado”, recuerda Carter. “Le dijo lo guapo que era y parecía que no había rencor alguno. Es una historia bella, en lugar de las de oscuridad y tormento relacionadas con la enfermedad de Alzheimer”. Jean murió a los 89 años en 2013 (el padre de Carter tiene ahora 97 años).

Lynda Carter with her mother
Lynda Carter con su madre, Juanita Córdova Carter, cuando Lynda fue coronada Miss Mundo EUA en 1972; su madre en 1978. CORTESÍA DE LYNDA CARTER

Jean siempre reconoció a su hija, “pero si salía de la habitación y regresaba, me decía: ‘¿Cuándo llegaste?’ Recordaba quién era, pero no que ya estaba ahí”, comenta Carter. Tampoco olvidó al padre de Carter, quien se casó dos veces después de divorciarse cuando Carter era niña. Jean nunca se volvió a casar y cuando alguna vez la visitó, le dijo que él fue la única persona a quien ella amó. “Recordó lo suficiente para saber quién era y cuánto lo había amado”, recuerda Carter. “Le dijo lo guapo que era y parecía que no había rencor alguno. Es una historia bella, en lugar de las de oscuridad y tormento relacionadas con la enfermedad de Alzheimer”. Jean murió a los 89 años en 2013 (el padre de Carter tiene ahora 97 años).

Comprender el riesgo

En su propia investigación, Carter conoció el Translational Genomics Research Institute (TGen), una organización sin fines de lucro en Phoenix fundada por su amigo Jeffrey Trent, PhD, quien fuera director científico de National Human Genome Research Institute en National Institutes of Health en Bethesda, MD.

Entre otros proyectos, el instituto realizaba un estudio en colaboración con Arizona Alzheimer’s Consortium, University of Miami, Norwegian University of Science and Technology, y Alzheimer’s Prevention Initiative para determinar si, con el paso del tiempo, los antecedentes familiares de demencia afectan la cognición. Evaluaron a 59 571 participantes de entre 18 y 85 años mediante MindCrowd, una tarea de aprendizaje basada en web que desarrollaron. Sus resultados, publicados en junio de 2019 en la revista científica eLife, demuestran que los antecedentes familiares de demencia se relacionan con puntuaciones más bajas en la tarea de aprendizaje en personas menores de 65 años. También identificaron factores que disminuyen o aumentan el efecto como la edad, sexo, educación y la diabetes.

Durante la fase de reclutamiento del estudio, Carter — quien participó en el proyecto y se evaluó para saber si portaba el gen APOE4, un marcador asociado al desarrollo de Alzheimer — y celebridades como Ashton Kutcher y Valerie Bertinelli, fueron fundamentales para crear conciencia y fomentar la participación. “Al correr la voz sobre nuestro estudio, Lynda ha ayudado a que la investigación avance”, comenta el Dr. Trent.

Aunque su prueba genética fue negativa, Carter sabe por su experiencia con TGen, que los genes no tienen la última palabra.

Lynda Carter at movie premieres, singing, and in a TV show

Lynda Carter con la actriz Gal Gadot, que interpretó a Wonder Woman en la película de 2017; en concierto; y como presidenta de los EUA en el show Supergirl de CW. CORTESÍA DE LYNDA CARTER

Otros factores pueden reducir el riesgo, indican los expertos. “Tratar la hipertensión, el colesterol alto y la diabetes puede disminuir su riesgo de demencia”, comenta Thomas Bird, MD, FAAN, profesor emérito de Neurología y Genética Médica en University of Washington y consultor para Geriatric Research Education Center en Seattle VA Medical Center. “Siga una dieta saludable como la mediterránea, realice actividad física regular y manténgase activo social y mentalmente”.

Carter, ahora de 68 años, hace exactamente eso. En su dieta predominan alimentos frescos sin procesar y se ejercita regularmente. Esquía, nada, camina, pasea, juega tenis y hace poco empezó a remar. Utiliza bicicleta estacionaria, caminadora y realiza ejercicios cardiovasculares de alta intensidad (con saltos, zancadas y cuclillas). Trabaja con un entrenador dos a tres veces por semana para desarrollar fuerza, flexibilidad y equilibrio. 

También es una lectora voraz, resuelve acertijos, rompecabezas, mantiene su actividad social, y escribe y aprende canciones nuevas. Construyó un jardín para mariposas en su patio trasero y puede detallar cómo crear uno con las plantas y semillas óptimas para mantener el ciclo de vida de la mariposa monarca.

Sus hábitos reflejan el compromiso para proteger su salud cerebral y honrar la memoria de su madre. “Fue una persona extraordinaria”, comenta. “Era hermosa, valiente, musical, llena de vida y muy inteligente”. Lo mismo podría decirse de Carter.


Los hispanos y latinos tienen mayor riesgo de padecer Alzheimer que los caucásicos

La enfermedad de Alzheimer y la demencia son prevalentes en hispanos y latinos, según un estudio en el número de enero de 2019 de Alzheimer’s & Dementia. La tasa en beneficiarios de Medicare hispanos o latinos es de 12.9%, solo después de la de los afroamericanos de 14.7%.

La incidencia en hispanos y latinos parece variar por región: por ejemplo, aquellos que provienen del Caribe parecen tener tasas mayores de demencia que los mexicoamericanos, según un estudio de 2017 en Alzheimer’s & Dementia. “Hay muchas diferencias poblacionales basadas en herencia”, comenta la neuropsicóloga Jennifer J. Manly, PhD, profesora de Neurología en Columbia University en New York.

Podría deberse a que “los inmigrantes del Caribe padecen más enfermedad cerebrovascular, como daño en sustancia blanca y en vasos sanguíneos del cerebro”, indica la Dra. Manly. Un estudio de autopsias de personas con demencia, publicado en Journal of Alzheimer’s Disease en 2019, encontró más frecuentes los diagnósticos neuropatológicos mixtos y la enfermedad cerebrovascular en hispanos que en caucásicos.

Además, ciertos factores de riesgo —estado socioeconómico y nivel educativo más bajos, y mayor prevalencia de enfermedad cardiovascular, diabetes, hipertensión, obesidad y depresión— elevan el riesgo de demencia en hispanos, según Hispanic Community Health Study/Study of Latinos, patrocinado por National Institute on Aging (NIA).

“Los hispanos/latinos pueden presentar una patología con un eje más metabólico por su riesgo mayor de diabetes y problemas psicológicos como la depresión”, explica el neuropsicólogo Sid O’Bryant, PhD, director ejecutivo de Institute for Translational Research en University of North Texas Health Science Center en Fort Worth. “Estas afecciones coexistentes tienen una fuerte relación con el inicio y avance del Alzheimer”.

Además, “su expectativa de vida es mayor a la de otros grupos étnicos, y la edad es un factor de riesgo importante”, señala Héctor M. González, PhD, profesor asociado de Neurociencias en Shiley-Marcos Alzheimer’s Disease Research Center en University of California, San Diego. “El impacto de la diabetes sobre la disfunción cognitiva parece ser mayor en hispanos/latinos que en otras poblaciones”, indica el Dr. González. “Esto se debe a que la diabetes, cardiopatías y los ataques cerebrovasculares son frecuentes y a menudo no se diagnostican ni tratan en estos grupos”. Esta población, además, podría experimentar más estrés por diferencias sociales y financieras, lo cual probablemente afecta al cerebro, menciona la
Dra. Manly.

En un estudio publicado en Alzheimer’s & Dementia en 2019, se examinaron más de 1 600 muestras de tejido cerebral de autopsias para comparar la progresión de la demencia en diferentes grupos étnicos. Se encontró que los hispanoamericanos vivían un promedio de doce años después de desarrollar síntomas de enfermedad de Alzheimer, en comparación con nueve para los caucásicos no hispanos y ocho para los afroamericanos. Dos teorías podrían explicar la discrepancia, comenta la coautora del estudio Melissa Murray, PhD, profesora asistente de Neurociencias en Mayo Clinic en Jacksonville, FL: “una es que los cerebros de los hispanoamericanos son más resilientes en maneras que aún no se comprenden; la otra, es que el fuerte apoyo social entre familias hispanas/latinas podría ser neuroprotector”.

A pesar de su tasa más elevada de enfermedad de Alzheimer, los hispanos/latinos continúan subrepresentados en estudios clínicos, algo que NIA intenta cambiar. “En Alzheimer’s Disease Research Centers Program, contamos con 30 centros en los Estados Unidos”, comenta Nina Silverberg, PhD, directora del centro. “Algunos están enfocados a los latinos y la meta es obtener retroalimentación de lo que esta población requiere”.

En una investigación en proceso de NIA llamada Study of Latinos – Investigation of Neurocognitive Aging (SOL–INCA), los investigadores, incluido el Dr. González, han informado que la disfunción cognitiva leve, un precursor común de la enfermedad de Alzheimer, tuvo una relación estrecha con los factores de riesgo para enfermedad cardiovascular en más de
6 000 latinos de mediana edad y mayores de ascendencia diversa como cubana, puertorriqueña, mexicana, y centro y sudamericanas.

En uno de los estudios más grandes sobre deterioro cognitivo en hispanos y latinos en Estados Unidos, publicado en Alzheimer’s & Dementia en 2019, se encontró una relación entre dormir más de nueve horas y deterioro cognitivo en un lapso de siete años. Los investigadores consideran que puede deberse a que demasiado sueño “se relaciona con enfermedad cerebrovascular, un factor conocido para disfunción y deterioro neurocognitivos”. Por otro lado, el sueño prolongado podría significar sueño de mala calidad o ajuste inadecuado del ritmo circadiano; ambos podrían contribuir en el deterioro y disfunción neurocognitivos.

Además, el Dr. O’Bryant y su equipo desarrollaron una prueba en sangre para medir los mecanismos biológicos afectados en la enfermedad de Alzheimer y que pueden expresarse diferente en los mexicoamericanos. “Al observar diferentes causas potenciales relacionadas con la pérdida de la memoria, podríamos ser capaces de enfocarnos en la vía correcta, en el momento correcto y en la intervención correcta”, explica el Dr. Bryant. Por ejemplo, comenta, el marcador genético APOE4 para enfermedad de Alzheimer varía según la ascendencia hispana/latina y parece no relacionarse con un riesgo mayor de demencia.

Al mirar más allá de la genética, el Dr. González espera que los hallazgos de SOL–INCA se traduzcan en formas más eficaces e inclusivas de reducir el riesgo de enfermedad cardiaca y accidentes cerebrovasculares, con el objetivo de reducir la disfunción cognitiva y la enfermedad de Alzheimer en hispanos y otros grupos étnicos.


Formas inteligentes de protegerse contra la demencia

Trate bien a su corazón. Los mismos hábitos buenos para el corazón aplican al cerebro, indica David S. Knopman, MD, FAAN, profesor de Neurología en Mayo Clinic en Rochester, MN, y especialista en el estudio y tratamiento de la demencia. Eso significa ejercicio frecuente y dieta balanceada, comenta, y aunque ninguno previene el desarrollo de las placas y ovillos neurofibrilares en el cerebro, característicos de la enfermedad de Alzheimer, si se desarrollan su cerebro los tolerará mejor y desarrollará síntomas mucho después, señala el Dr. Knopman. También agrega que los efectos son acumulativos, por lo que una vida de ejercicio y alimentación saludable son claves.

Aprenda nuevos idiomas. “Si es bilingüe, use ambos idiomas”, insiste el neuropsicólogo Sid O’Bryant, PhD, director ejecutivo de Institute for Translational Research en University of North Texas Health Science Center en Fort Worth. Entre las personas que desarrollan demencia, las bilingües desarrollan síntomas cuatro años y medio después que aquellos que hablan sólo un idioma, según un metaanálisis de 2017 sobre estudios de bilingüismo en Journal of Alzheimer’s Disease. Además, los adultos bilingües de mediana edad y mayores tuvieron mejores resultados en pruebas cognitivas, en particular en aquellas que implican funciones visuales-espaciales, y tuvieron menos biomarcadores de Alzheimer en líquido cefalorraquídeo que aquellas que hablan sólo un idioma, según un estudio de 2017 en Neurobiology of Aging.

Mantenga su mente ocupada. La estimulación intelectual es otro hábito que es acumulativo, menciona el Dr. Knopman, quien recomienda actividades mentales con un componente social. “Participe en un musical, únase a un grupo de lectura o a clases de Biblia, conviértase en voluntario o haga tarea con sus hijos o nietos”, comenta.

Mantenga su actividad social. “No es necesario tener una gran red social, pero si mantiene su apoyo social y es feliz con el que obtiene, es probable que tenga mejor cognición”, comenta la neuropsicóloga Jennifer J. Manly, PhD, profesora de Neurología en Columbia University en New York.

Trate sus enfermedades crónicas. Si padece “diabetes, hipertensión, o colesterol alto, manténgalos bajo control y vigilados”, aconseja el Dr. O’Bryant. El Dr. Knopman agrega la apnea del sueño a la lista. Pregunte a su médico si necesita valoración para la enfermedad y si la tiene, trátela y contrólela. Lo mismo va para la depresión, indica el Dr. O’Bryant. “La depresión no es una debilidad, es algo con lo que debe lidiarse”.


Para leer la versión en inglés de este artículo, publicada en línea en Febrero/Marzo de 2020, visite: BrainLifeMag.org/Lynda.